Centro municipal de protección y control animal

Un 'baby boom' equino en el zoosanitario de Sevilla

  • El nacimiento de dos potros en menos de un mes centra la atención en un servicio mejorado y pionero

  • Desde el 1 de mayo se contratarán cirugías y se entregarán a los animales esterilizados

'Baby boom' en el zoosanitario de Sevilla / José Ángel García

Los trabajadores del zoosanitario le han puesto de nombre Cristina, porque nació el día de dicha onomástica. Es una potrilla de sólo un mes que acaba de ser adoptada junto con su madre, una yegua abandonada en la zona de Torreblanca. Y no ha sido el único caso, pues hace diez días nació un potrillo que hoy comparte cuadra con su madre y otros equinos, una poni y su hijo, que ya está a punto de cumplir un año, y otra yegua blanca que dio a luz antes de tiempo a un potro que murió.

Un auténtico baby boom que despierta interés mediático y que ayuda a descubrir un  servicio municipal que tradicionalmente no suele gozar de buena prensa y sobre el que corren muchos tópicos, a pesar de ser pionero en España en algunos aspectos.

Narciso Cordero, el jefe de servicio del laboratorio municipal, recuerda a un antiguo director del zoosanitario, el que precisamente le da ahora nombre, Ignacio Vázquez: “Él decía que aquí no había trabajadores, sino militantes”. Uno de los que demuestra que su vinculación con el servicio es algo más que administrativa o laboral  es Francisco Peña, jefe del negociado de zoonosis. Despide al voluntario de la asociación Casa de Postas, el refugio de la protectora de animales  que ha adoptado a la yegua y la potrilla que nació hace un mes pidiéndole que le mande fotos para seguir su evolución y dándole consejos acerca de sus cuidados, como si de una hija se tratara.

La yegua nacida en el zoosanitario, en primer plano. La yegua nacida en el zoosanitario, en primer plano.

La yegua nacida en el zoosanitario, en primer plano. / José Ángel García

“Estos casos despiertan nuestro instinto paternal”, comentan entre risas los trabajadores, que han tenido que dar más de un biberón a la cría porque la yegua se resistía al principio a amamantarla. A veces se ordeñan a las yeguas para facilitar este proceso, pero cuando no es posible se recurre a la leche en polvo.

Algunos de los caballos que esperan en las cuadras un nuevo hogar están identificados con un microchip. En estos casos se intenta localizar a su dueño, misión que casi siempre resulta imposible, y después de tres intentos se publica el anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia. Se trata de averiguar si ha sido abandonado, robado o si se ha escapado y se persigue una solución de buena fe en caso de que aparezca el propietario. Si no, tras diez días en exposición, se procede a la donación, normalmente, a asociaciones animalistas. Y tampoco es un trámite fácil. En las cuadras hay un potro con un defecto en una pezuña que requiere cirugía, circunstancia que hizo que la asociación a la que iba a ser donado se echara para atrás.

El servicio municipal sólo se puede hacer cargo de cirugías ambulatorias. Mientras se prepara la yegua que ha sido adoptada junto a su potrilla, poniéndole el microchip del que carecía, se hacen las gestiones para localizar a una asociación que se pueda hacer cargo de un gato que ha llegado con un fuerte traumatismo en la cara fruto de una patada que ha recibido junto a un centro educativo. Y a nada se presenta Megacan.

Un perro en uno de los cheniles del zoosanitario. Un perro en uno de los cheniles del zoosanitario.

Un perro en uno de los cheniles del zoosanitario. / José Ángel García

“A partir del 1 de mayo vamos a contar con un nuevo contrato que nos permitirá pactar el servicio de cirugía en quirófano y también esterilizar a todos los perros y gatos que salgan de aquí”, explica Antonio  Sánchez Tosina,  director general de Salud Pública y Protección Animal del Ayuntamiento de Sevilla. El objetivo de estas novedades en el programa de adopción es contribuir al control de los animales, pues la mayoría de los que llegan al zoonsanitario proceden de camadas indeseadas; garantizarles una salida más rápida, pues si tienen algún problema sanitario se resuelve en el centro; y evitar costes adicionales que, en muchas ocasiones, repercuten sobre las familias adoptantes.

Las donaciones se realizan a entidades animalistas sin ánimo de lucro. “Se los llevan  con su microchip y su pasaporte, vacunados contra la rabia, desparasitados y todo esto sin coste, con la condición de que no se lucren, que no cobren a la familia adoptante, pues lo que nos interesa es que los animales lleguen cuanto antes a un hogar”, explica Sánchez Tosina.

El personal del zoosanitario lamenta que haya asociaciones que hagan caja con los adoptantes y denuncian una estafa que se denomina del perro-hucha por parte de colectivos que fotografían animales en perreras y luego recaudan por internet por una adopción que es falsa.  Las visitas se hacen con cita previa y si manifiestan su interés por algún animal que previamente hayan visto en la web municipal.

Gallina dando calor a sus pollitos nacidos en el zoosanitario. Gallina dando calor a sus pollitos nacidos en el zoosanitario.

Gallina dando calor a sus pollitos nacidos en el zoosanitario. / José Ángel García

Y es que hay algo en lo que Sevilla es pionera en España: el zoosanitario cuenta con un libro de movimientos de animales que es público y se puede consultar en tiempo real en la web municipal. En él se asientan las entradas y la salidas y se sabe si el animal ha sido donado, adoptado o sacrificado. “Yo he sido entrenado para salvar vidas, estamos por el sacrificio cero y éste sólo se realiza en casos muy justificados cuando el animal está sufriendo y no tiene otra solución o se trata de animales muy agresivos que ya llegan aquí con un comportamiento incontrolable. Y, de verdad, que para nosotros no es nunca la salida más fácil”, dice Peña.

Narciso Cordero, que lleva 39 años vinculado al servicio, explica que la ley permite sacrificar a los animales a los diez días y refiere cómo ha cambiado la situación en Sevilla. “Este servicio ha apostado por ampliar y mejorar las instalaciones, que se equiparan a las de cualquier protectora privada, y aumentar el presupuesto para manuntención”, comenta.

La pandemia rebaja a la mitad los ingresos  

Un gato salvaje en una jaula del zoosanitario. Un gato salvaje en una jaula del zoosanitario.

Un gato salvaje en una jaula del zoosanitario.

La pandemia ha impedido que 2020 sea un año de referencia, pero desde 2018 la media de perros y gatos adoptados en el zoosanitario es de tres al día. El Covid hizo que en 2020 los ingresos de perros y gatos cayeran a la mitad y, por tanto, también las adopciones. “Los animales han criado menos y a menor número de animales, menor abandono; y la verdad es que al estar confinados los avisos fueron menores también”, explica Peña. Las perreras apenas están al 40% en estos momentos. En total hay diez cuadras dobles para caballos; tres pabellones con cheniles para 80 perros; 20 jaulas para gatos y una zona comunitaria para 30 felinos más; y otras diez instalaciones para 50 aves donde conviven gallos de pelea, conejos y una gallina que llegó incubando doce huevos y ahora da calor a sus pollitos. También una veintena de patos, ánades azules, incautados en un restaurante chino, un caso aún en instrucción. Antes de final de año se espera construir otro edificio para gatos.

De un mono escapista a una cobra en un bote

El zoosanitario no está preparado para acoger a cualquier especie, pero por sus instalaciones han pasado de las más exóticas: desde un macaco que protagonizó toda una aventura tras escaparse de una jaula con candado y ser atrapado desde el domicilio de unas religiosas en Alcosa, a cerdos vietnamitas, un zorro del Ártico y una cobra, que hace poco fue localizada en un zaguán en Triana tras escaparse a un vecino que trafica con estas especies. “Aquí la tuvimos en un bote de cristal, era pequeña pero tenía veneno para matar a dos personas”, comenta Peña. En estos casos se suele contar con la colaboración de otras entidades, desde el Seprona a asociaciones especializadas en este tipo de animales. Algunos han sido donados a la reserva del Castillo de las Guardas.

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