Los cartujos y la República del Pan
Entre visillos. Encuentros con Alberto Zedda en la ciudad que se 'inventó' Rossini o con un hijo de Enrique Mateos, el madridista que se casó con una macarena
ENTRE visillos. Era el título de una preciosa novela de Carmen Martín Gaite que sirve para ilustrar esas historias en segunda línea de calle que se viven en la ciudad de Sevilla. La periodista Sofía Aguilar quiere "guionizar lo cotidiano". En Sevilla es complicado. Se escapa como el mercurio. Entras en Oriza y Jacobo Cortines te presenta a Alberto Zedda, que 18 años después de la inauguración de la Expo es recordado por la impresionante dirección de El barbero de Sevilla de Rossini. Subes al autobús C4 para una cita con la podóloga y entre los viajeros va el empresario Fernando Aguado. "Es mi chófer para los toros", dice mostrando su abono. El arquitecto Rafael Aguilar te llama desde El Rinconcillo. Sevilla es una ciudad en la que los bares hablan.
Historias de zaguán, entre bastidores. Una de las mejores es mi particular regalo de cumpleaños para José Jesús Galindo, panadero, hijo, nieto y bisnieto de panaderos, que nació el 14 de abril de 1952 y cada conmemoración de la II República es una coartada tricolor para su cumpleaños. Pepe nació en Alcalá de Guadaíra, vulgo de los Panaderos. Su padre se vino a Sevilla en 1961, el año de la riada del Tamarguillo y de la operación Clavel.
Era arzobispo de la diócesis el cardenal Bueno Monreal y gobernador civil Utrera Molina, a quien quieren quitar del callejero para poner a los Cantores de Hispalis. ¿Qué dirá Pascual González? Cardenal y gobernador participaron en una de las historias que me cuenta Pepe entre vienas y bollos. Los panaderos querían cerrar los domingos y el pretexto era tener tiempo para ir a misa. Solicitaron una entrevista con Utrera Molina, que por el contenido de la reivindicación los remitió a Bueno Monreal. "Andrés Galindo, el deán de la catedral, era primo de mi padre, y les preparó una entrevista. Una comisión de seis panaderos fue a hablar con el cardenal".
Sara y Raquel atienden al público. Pepe está pendiente del horno en la panadería de la calle Feria. La fundó Rafael Zambruno González, a quien subió a los altares cuando la transformó en San Bruno, fundador y patrono de los cartujos. Es incesante la entrega de materiales para la cocción del pan. Fran Mateos trabaja en la empresa Jacobo Lozano, dedicada al reparto de productos derivados del pan y de la harina. Juega en el Cortegana. De casta le viene al galgo. El panadero me cuenta la historia del distribuidor. Su padre era Enrique Mateos. Con 17 años, debutó en el Real Madrid. Nadie antes lo había hecho tan joven. Ni después hasta que lo hizo Sebastián Losada. Después del Madrid, hizo la campaña andaluza jugando en el Sevilla, Betis y Recreativo de Huelva. Ha sido el primer futbolista español, si no el único, que jugó en Sudáfrica. El primero que probó fortuna en el fútbol de Estados Unidos. Colgó las botas en un equipo de fútbol de Cleveland.
Como entrenador, el padre de Fran Mateos consiguió el primer ascenso a Primera del Cádiz. Le enseño a Pepe el libro de Kiki, el fotógrafo gaditano, en el que el trianero Quino se desmarca en el partido decisivo contra el Tarrasa. Enrique Mateos se casó con una macarena. Una hermana de Luis del Sol. El destino de los concuñados se cruzó. Cuando uno hacía las maletas para Sevilla, el otro las hacía para jugar en la Juventus de Turín. El crepúsculo de Nietzsche.
Pepe el panadero nunca supo de niño que había nacido el día de la II República. "En los Salesianos eso no se daba". Se hizo republicano de lectura con Los Miserables de Víctor Hugo. Compró un ejemplar en el Lubre, la misma tienda donde encontró un disco de Lou Reed, uno de sus cantantes favoritos. Por la puerta de la panadería camina Ventura Rico, director de la Orquesta Barroca de Sevilla, con la viola de gamba a la espalda como un arcabucero. Se cruza con una chica que lleva dos trajes de gitana envueltos en plástico. ¡Qué ciudad más barroca!
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