Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
El Ayuntamiento tiene censados 300.000 árboles en la ciudad. El actual gobierno ha promovido más de 90.000 intervenciones de poda para tener a punto todos los ejemplares y evitar las temidas caídas de ramas que en otras ciudades, caso de Madrid, han tenido consecuencias trágicas. En el distrito Este es donde más se han empleado a fondo los técnicos, pues se han registrado ya 20.000 acciones de poda en algo más de tres años. Las fechas de las podas suelen generar debates y polémicas. El gobierno insiste en que son tan necesarias como demandadas por los vecinos. Cuando se opta por la tala, por recomendación de los técnicos en función de las enfermedades de los árboles y el riesgo de desprendimientos, las críticas arrecian con fuerza, como en los casos recientes de Almirante Lobo y la calle Virgen de la Sierra.
En el caso de Sevilla, con criterio general , las podas en las especies más delicadas y sensibles al frío se realizan a finales de invierno, con anterioridad a la brotación. En el caso de especies con cicatrización difícil se realizan a finales de verano y en otoño. En las especies de madera más compacta y resistente al frío, pueden realizarse durante el invierno. Y en el caso de las especies más vigorosas, se pueden realizar en primavera a fin de limitar un desarrollo vegetativo excesivo. Estos cuatro criterios indican que en esta ciudad, por sus características climatológicas, se pueden efectuar podas a lo largo de todo el año.
La operación de poda requiere mano de obra, coste económico y empleo de una tecnología adecuada a cada maniobra. Los tipos de poda que se realizan en la ciudad de Sevilla son tres: limpieza, formación o mantenimiento. Las podas de limpieza son el conjunto de operaciones que tienen como objetivo la eliminación de elementos y formaciones que resultan indeseables en el árbol (ramas secas, rebrotes de la raíz, partes del árbol que oculten señales de tráfico, etcétera). Estas operaciones son necesarias en todos los árboles independientemente de su edad, especie, tamaño y situación. Además, este tipo de poda no excluye la aplicación de otros tipos de poda, aunque en muchas ocasiones y durante los primeros años de la vida del árbol es la única operación que se aplica sobre el árbol.
Las podas de limpieza se pueden realizar en cualquier momento del año, ya que sus efectos beneficiosos siempre superan a los inconvenientes. No obstante, el Ayuntamiento de Sevilla concentra la mayor parte de estas intervenciones entre finales de octubre y finales de marzo.
Las podas de formación incluyen operaciones cuyo objetivo es conseguir una determinada forma o su mantenimiento una vez conseguida. Cuando este tipo de podas se aplican para mantener un adecuado estado de mantenimiento del árbol, la poda se denomina de mantenimiento.
Toda operación de poda conlleva la eliminación de una parte de la copa del árbol, lo que supone una pérdida de reservas (almidón, nutrientes, etcétera), porque se trata de una intervención debilitante para el árbol. Si la poda se efectúa en invierno, se eliminan las reservas contenidas en la madera cortada, pero si se hace en primavera, verano y otoño, la operación no sólo disminuye el nivel de reservas del árbol, sino también reduce la capacidad fotosintética de las hojas presentes. Por este motivo, la poda en invierno es menos agresiva para la salud del árbol.
La poda siempre provoca una herida en el árbol. El efecto inmediato es el inicio del proceso de cicatrización mediante la generación de una masa de tejido en torno a la herida que depende del tipo de árbol, de la temperatura, de la aireación, de la humedad y de la iluminación de la zona, entre otros factores. Durante el periodo invernal, debido a las bajas temperaturas, el crecimiento del tejido de la cicatriz es muy lento respecto al que se origina durante el resto del año. A efectos de cicatrización de las heridas de poda, es preferible el verano al invierno.
La poda pone al descubierto el árbol y lo deja expuesto a las condiciones ambientales exteriores, lo que en muchos casos supone que la cicatrización se puede prolongar durante años y hasta originar procesos de necrosis y podredumbre. La respuesta del árbol dependen del tipo de especie del que se trate.
En especies de hoja caduca, durante el periodo de reposo invernal, quedan al descubierto la estructura de la copa y el esqueleto del árbol, lo que facilita la operación de poda. En especies de hojas perenne, la dificultad para apreciar el interior del árbol, aumenta de la primavera al otoño y este efecto se acentúa en especies de vegetación densa frente a las de copa diáfana.
En especies de árboles con floración de elevado interés, la poda debe realizarse después del proceso de floración y también es aplicable en aquellas que generen un elevado nivel de frutos cuyo desarrollo debe limitarse.
La poda debe realizarse también desde criterios operativos en lo que se refiere a los condicionantes ambientales que puedan afectar a la seguridad del personal responsable de la poda, como cuando se emplean grúas.
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