"Con lo conservadora que es Sevilla, qué poco conserva las cosas que tiene"
Los invisibles
Antes de abrir su taller, se fue a la vendimia francesa. Cuatro décadas de artesanía, clientela distinguida y trabajos para las películas que Buñuel y Warren Beatty rodaron en Sevilla.
ESTE taller de Guzmán el Bueno lo abre en 1970. Francisco de Paula Medina (Sevilla, 1949), tenía 20 años. Trabaja y oye a María Callas en Lucía de Lammermoor.
-¿Era cliente del pub Abades?
-Con lo conservadora que es Sevilla, qué poco conserva las cosas bonitas que tiene. Recuerdo allí noches inolvidables con Giuletta Messina, con Rocío Jurado cantanto hasta las tantas.
-¿Sevillano de pura cepa?
-De la plaza del Salvador. Entonces se nacía en las casas. Yonací en la mesa del comedor. Era el quinto y mi madre ya era mayorcita.
-¿Qué le lleva a la tapicería?
-En mi familia no había otra: o estudiar o aprender un oficio. De vuelta del colegio, en la calle Mesón del Moro, siempre pasaba por tres tapicerías. En 1967 me fui a Francia y en el 69 abrí mi primera tienda en la calle Pajaritos.
-¿Pulió el oficio en Francia?
-Me fui a la vendimia, pero en cuanto me vieron y supieron que era tapicero, me dijeron que allí tenía mucho trabajo.
-¿Vivió el mayo francés?
-Fue una cosa absurda. El 15-M es mucho más trascendente.
-¿De qué le sirvió la experiencia?
-Había que salir de las faldas de tu madre. Vivimos en un permanente matriarcado. Ahí tienes a la Merkel, la matriarca de Europa.
-¿Ha pasado por aquí la crisis?
-La gente está ikeizada. Afortunadamente, muebles buenos siempre existen y hay que restaurarlos.
-Hizo decorados para el cine...
-La cama con el dosel de la casa que aparece en Ese oscuro objeto del deseo, la última película de Buñuel, la preparé yo. Hice varias cosas en el Alcázar para Warren Beatty cuando rodó aquí Rojos.
-Es vecino de los Pinelo...
-Toda la tapicería de las academias está hecha por mí. Yo llegué antes que los Pinelo. Era la pensión Don Marcos, el mejor hotel antes del Alfonso XIII. Cuando lo regala El Corte Inglés a cambio de tirar el palacio del Duque, era alcalde Félix Moreno de la Cova. Su madre, Enriqueta de la Cova, era muy buena clienta mía. Y doña Juana Peyré. En este trozo de calle hay cuatro palacios en pie, eso no pasa en ninguna calle de Sevilla. Y en todos he trabajado.
-¿Qué tal con los académicos?
-Muy bien. Siempre tenía una botellita de manzanilla cuando venía Gabriel Sánchez de la Cuesta, de la Academia de Medicina.
-¿Es melómano?
-Me gusta ver el ballet. La ópera la oigo en casa, pero no voy. Si fuera Maria Callas. Ainhoa Arteta me gusta, pero le falta pellizco.
-¿Una pasada por Los Gallos?
-Por allí pasó gente muy buena como Merche Esmeralda. La dueña del tablao me ha encargado unas cortinas.
-¿No fue tapicero-pregonero?
-Ésos son forrapalos. El de tapicero es un oficio de artesanía, un oficio noble. Voltaire lo fue en la corte de Luis XIX.
-Le tenía manía a los curas...
-Yo no. Me llevé muy bien con Monseñor Amigo, que dio clases para sordos. En el cincuentenario de la Asociación de Sordos de Sevilla, él dio la misa y yo el pregón.
-¿También trabajó para el Palacio Arzobispal?
-Para la Catedral. Les hice en el trascoro unos terciopelos de Lyon que han sustituido por una tela vulgar. Ya no le trabajo a la Iglesia, porque no tengo empleados. Llegué a tener catorce. Yo no trabajo a lo bestia. Soy un artista. El que tiene prisa, ahí tiene la puerta. El estrés envejece mucho.
-¿Sevilla tiene gusto?
-Más en las casas de los barrios que en las del centro. Me fascina cómo combinan los colores los gitanos en los panteones. Un sitio con tantas tabernas tiene que ser de buen gusto. Sevilla era barroca y se ha vuelto neomoderna. Todo muy neo, no acaba de romper.
-¿Trabajó para el gran docorado de la Expo 92?
-Yo soy un artesano de intramuros. Lo único que hice fue una bandera de España para el pabellón de la Cruzcampo. Tapaba un azulejo y, al descorrerlo, la bandera se le cayó encima al presidente de Guinnes.
-¿Cómo se lleva con la sordera?
-Es por alergia a un antibiótico, la estreptomicina. Me afectó al nervio octavo, el que va del oído al cerebro. Por eso opté por este oficio, no podía ponerme a estudiar, aguantando a aquellos señores falangistas e intolerantes.
-A cincuenta metros de su taller asesinaron a Alberto Jiménez-Becerril y Ascen...
-La Caseta Dolorosa, en la Cuesta del Bacalao, donde todos los años hacemos el pregón, está encima del bar Antigüedades, donde ellos estuvieron tomando una copa. Yo también. Esa noche no supe nada. Me quito el aparato y no oigo nada. A la mañana siguiente, cuando iba a desayunar a las Columnas de Mateos Gago, me enteré. Me temblaban las piernas, me tuve que tomar una pastilla. Muchas noches volvíamos juntos. Muñoz Cariñanos llegó a tener su consulta en Argote de Molina. Éramos amigos e íbamos juntos al Rocío. El pobre me operó de un oído y me lo dejó peor. Lo hizo para que yo bailara mejor sevillanas.
-¿Tienen sus clientes un perfil ideológico?
-Me llevo muy bien con todos. Aquí vive la gente más carca de Sevilla, pero no hay problemas. Gente de centro hay poca, y que estén centradas menos. El último gallego que vino llegó a la chita callando y se llevó cuarenta años. Éste todavía no ha dicho nada.
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