"Si tú le das un tanque a una tribu, lo va a utilizar contra la tribu rival"

los invisibles

José Almoguera. Lleva quince años enseñando la Bretaña menos turística a los turistas. Un trozo de esa parte de Francia, las librerías de Bécherel, lo muestra en una exposición

Francisco Correal

09 de mayo 2015 - 01:00

EN verano es guía turístico en Bretaña. De allí se trajo José Almoguera (Sevilla, 1949) las fotos de Bécherel, el pueblo con más librerías por habitante. Ha sido reportero en países en guerra.

-¿Cómo llega a Bretaña?

-En la agencia de viajes cubría el norte de África, Oriente Medio. Mi jefe me dijo hace quince años que quería abrir una ruta en la Bretaña francesa. Me fui a conocerla, llegué a Roscoff y me enamoró, me encandiló.

-¿La gran Bretaña era aquello?

-Yo había estado en Inglaterra por mi cuenta. Lo curioso es que Francia la conocía entera. Lo único que no conocía era Bretaña.

-¿Usted hacía turismo?

-Trabajaba en una productora de televisión, Preset, que íbamos a países en conflicto. El último fue la guerra de los Balcanes. Un amigo mío tenía una agencia de viajes en Madrid y me llamó para ir a destinos complicados tipo Argelia, Irak.

-¿Para turistas con morbo?

-Hay gente a la que le gustan esos sitios. La Libia de Gadafi. Después de aquello monté una productora en Sevilla, Topo, que hace dos años se la llevó la crisis.

-¿Qué ofrece Bretaña?

-Yo hago la ruta del norte, que es la menos turística. Nos quedamos tres días en tres ciudades: Dinan, Roscoff y Rennes. Vamos a Saint-Michel, una abadía que es la octava maravilla del mundo y que ya es Normandía.

-¿Cómo surge su vocación de viajar?

-En la Universidad hice Historia del Arte y tenía una idea fija en mi cabeza: conocer el mundo antes de morirme. Una de dos: o tenía mucho dinero, que no era el caso, o me buscaba un trabajo. Me busqué dos. El de la productora y el de guía turístico.

-¿Conoció el mundo?

-América es lo que me falta. Sólo estuve en México, que es un país-continente, Cuba, Perú y un poquito de Canadá.

-¿Y España?

-Canarias es mi asignatura pendiente.

-¿Tiene heridas' de guerra?

-Curiosamente, un año antes de la guerra de Yugoslavia ese país era un remanso de paz. Hicimos la ruta del Mediterráneo, pero en lugar de un crucero lo hicimos en una furgona. El único problema lo tuvimos en la frontera de Grecia con Turquía.

-¿Conocieron el peligro cubriendo esos conflictos?

-Cuando sonaban las sirenas, la gente buscaba los refugios y nosotros salíamos. Si nos escondíamos, ¿qué hacíamos allí? Mandábamos los reportajes a Televisión Española, Canal Sur y a un canal hispano de Estados Unidos.

-¿Cómo descubrió Bécherel?

-Tiene 500 habitantes y hay entre quince y veinte librerías. Yo recuerdo un bar. Y un tipo muy curioso, un franco-catalán que montó una bodega entre las librerías. Los lunes, martes y miércoles no hay nadie. Yo hice las fotos un martes. A partir del jueves, media Francia se pasa por allí. Los franceses van a mirar y a comprar. No son como nosotros, que sólo miramos. Yo soy de aquí y no compré ningún libro. Compré dos botellas de vino.

-Normandía se lleva la épica del desembarco...

-Pero en Bretaña hay más restos de la Segunda Guerra Mundial. Celebraron la liberación, pero quieren olvidarlo porque fue muy bestia.

-Como historiador del arte, ¿qué vio en Bretaña?

-Lo más llamativo es la arquitectura popular bretona. Los pequeños pueblos de piedra con las casas de madera. En cuanto ves edificios parisinos, napoleónicos, estás en Francia, pero no en Bretaña.

-Es famosa por sus balleneros.

-Saint-Malo está llena de monumentos a piratas. Los más conocidos están enterrados en la catedral, cada uno con su lápida. No podía ser menos. La gente de Sain-Malo colonizó el norte de América, por Quebec, y el sur. Las Islas Malvinas eran originariamente Maluinas.

-¿Cómo se llega?

-Hay dos salidas, una de Madrid, otra de Barcelona. Y coinciden en París. El aeropuerto más próximo es Nantes, que llegó a ser capital de Bretaña.

-La cuna de Julio Verne, que le dio la vuelta al mundo sin salir de su casa...

-La imaginación es muy importante, pero hay que viajar.

-¿Las rutas a Argelia e Iraq eran para el turista accidental?

-Argelia es un país precioso, pero la guerra civil lo partió por la mitad. Nuestra democracia no sirve para esos países. Libia es un conjunto de tribus. Si tú le das un tanque a una tribu, lo va a utilizar contra la tribu rival. El caos está garantizado. África tiene que crear su propia democracia, la tiene que inventar. No les vale la nuestra, pero a nosotros nos conviene que les valga la nuestra. Por criterios de riqueza y de historia. África va a estar siempre en la cuerda floja. Nuestra forma de democracia no les sirve. Todo el mundo la misma música, no.

-¿Se olvidó de las guerras?

-Eso te marca. Hago videoinstalaciones. Una la titulé Material War con material de la guerra de Yugoslavia. Se vio en el Museo de Arte Contemporáneo. En Setenil de las Bodegas presenté otro trabajo que titulé Gitanos repartido entre un antiguo torreón y las covachas a la orilla del río. La gente del pueblo colaboró con sábanas blancas en los balcones.

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