Sevilla

Un desgaste de años

  • Los temporales han dejado al descubierto los problemas a los que se enfrentan las costas andaluzas: la falta de arena y la invasión inmobiliaria

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Jueves 24 de mayo. La Antilla, Lepe. Son las diez de la mañana. Cae una fina lluvia en esta playa onubense. Una de las preferidas por las familias sevillanas. Los efectos que dejó el temporal aún son visibles. Los chalés situados en primera línea parecen haber resistido a una guerra. Ventanas desvencijadas. Verjas arrancadas. Terrazas llenas de fango. No reside nadie aún en ellos. Dos máquinas excavadoras retiran arena. A lo lejos, los pescadores continúan con su faena diaria. Tranquilidad absoluta. En una de las viviendas construidas en los años 70 hay dos operarios municipales. Están acabando de adecentar parte del paseo marítimo afectado por la lluvia y el viento. Nunca en su vida habían sufrido un temporal igual. "El aspecto actual de la playa nada tiene que ver con el de marzo. Ha mejorado mucho", asegura uno de ellos. El otro replica: "La fuerza del agua se llevó por delante pilares de 20 toneladas".

La falta de arena se hace evidente. Hay desniveles que aconsejan andar con la máxima precaución por la zona. "Las hondonadas no existían. Como no echen arena antes del verano, no sé dónde se va a poner la gente, porque las olas llegan hasta las primeras casas", refiere este trabajador del Ayuntamiento lepero. Los chalés a pie de playa son hijos de su tiempo. Del apogeo inmobiliario de finales de los 60. Una invasión inaceptable actualmente. "Estas casas no se las llevará la ley, sino el mar, como se ha llevado la arena", añade uno de los empleados. La marca que dejan las olas se encuentra a escasos metros de los chalés. Es el espacio que tendrán para poner su sombrilla quienes pasen sus vacaciones en La Antilla. Las mareas ya han repuesto bastante arena, pero a todas luces resulta insuficiente.

Con la pleamar, las olas alcanzan los chalés a pie de playa de La Antilla

En el chiringuito Tejero huele a barniz. Este local se encuentra en la otra punta de la playa. Es uno de los más conocidos de la zona. El temporal se lo llevó por delante. Sólo dejó la estructura. Sus trabajadores se afanan por ponerlo a punto. La fecha de apertura aún está en el aire. La dueña del negocio es de procedencia vasca. Se llama Jone Murelaga. Al principio rehúsa hablar. Lleva meses sin dormir. Dándole vueltas a la catástrofe que le trajo la lluvia y el viento. "Es como empezar otra vez de cero", refiere.

La preocupación es más que comprensible cuando se atiende a las cifras del chiringuito. En él trabajan en verano miembros de 15 familias. Los ingresos de 45 días (desde el 15 de julio al 31 de agosto) sirven para mantener el negocio el resto del año. Se empieza a las 8:00 y se acaba bien entrada la madrugada. Las horas de mayor afluencia son las del almuerzo. Los clientes piden el choco y los arroces marineros. Platos preferidos. Especialidad de la casa. "Mi marido, junto a mi suegro, tenían hace 55 años un negocio aquí. Después construimos este local", explica la dueña, que asegura que desde hace 28 años no se sufre un temporal de tales características. "Para mí ha sido un maremoto", añade una joven empleada, quien detalla que, incluso, lloraron cuando vieron el estado en el que había quedado el chiringuito: "Los techos caídos y las maderas partidas".

El pasado ya no importa. Ahora se trabaja en el presente con la reposición del mobiliario. Y ello, pese a que el futuro se afronta con cierto escepticismo. "Hace falta que arreglen la playa, que tenga arena suficiente y que los veraneantes sepan que pueden venir, sin ningún problema, a La Antilla", incide Murelaga. "A estas alturas solía haber muchos alquileres firmados o reservados, pero este año las familias se lo están pensando, pues no saben con qué se van a encontrar cuando vengan. Esto sí puede convertirse en una verdadera catástrofe para los que vivimos de la playa", sentencia la vasca.

El Portil ofrece una imagen aún más dantesca. El agua se llevó por delante el débil muro de contención de los chalés situados en primera línea. Las pasarelas aún se encuentran destrozadas. Todavía no se han repuesto. Las labores, en principio, se inician la próxima semana. Esta playa se regenerará con la arena traída de la desembocadura del río Piedras, uno de los puntos de extracción que, en su día, permitió la Consejería de Medio Ambiente. En una de las viviendas la piscina ha quedado totalmente descubierta. Sin muro que la aparte del exterior. Según se avanza hacia El Nuevo Portil (ya en Cartaya) hay zonas imposibles de atravesar sin adentrarse en el agua. El mar se ha comido toda la arena. El estado en que han quedado las vías que unen las distintas urbanizaciones de esta playa de Punta Umbría también debe tenerse en cuenta. Hay puntos donde el asfalto se ha levantado, lo que ha originado peligrosos badenes para la conducción.

Los efectos de los temporales son menos visibles en Matalascañas. Los accesos a esta playa almonteña están en su mayoría repuestos, a falta de algunas pasarelas en la zona de las dunas, que se colocan estos días. También la mayor parte de los chiringuitos se han reformado y se encuentran ya abiertos desde hace varios fines de semana. Uno de ellos es La Cabaña, en mitad del paseo marítimo, cuya parte inferior se vio seriamente afectada por las lluvias.

Más allá de los trabajos pendientes y de que las playas se encuentren en estado óptimo para el verano, los temporales de los últimos meses han dejado al descubierto dos de los grandes problemas a los que se enfrenta el litoral andaluz: la falta de arena y las construcciones que en su día invadieron la playa. Respecto a la primera carencia, el presidente de los empresarios costeros de Andalucía, Norberto del Castillo, incide en que la aportación de arena debe tomarse como "un recurso de urgencia", pero no como una solución a largo plazo. "Las playas vienen perdiendo arena desde hace años. El ejemplo más claro lo tenemos en Matalascañas. Ante la falta de arrecifes deben estabilizarse mediante escolleras, que impidan que el mar siga ganando terreno, porque de lo contrario, nos quedaremos sin uno de los principales atractivos turísticos de Andalucía", asegura Del Castillo. Una de las soluciones aportadas por el Gobierno de Rajoy -que se pondrá en práctica en Isla Canela- ha consistido en la colocación de geocontenedores, es decir, grandes bolsas de arena cubiertas por geotextiles, que evitan la erosión y el avance del agua.

Respecto a la ocupación de las playas por inmuebles residenciales y hosteleros, resulta evidente que las normativas que permitieron su construcción quedan muy lejos de las que ahora se rigen por el proteccionismo de los arenales, los cuales no se regeneran por completo de forma natural (durante la primavera y el verano) debido a dichas instalaciones. El presidente de los empresarios costeros de Cádiz, José Antonio Medina, defiende que la actual Ley de Costas permite la instalación de chiringuitos en la playa y que éstos permanezcan abiertos todo el año. "El fin que perseguimos, de acuerdo con la administraciones, es la creación de negocios permanentes, que mantengan el personal durante todo el año y que el tipo de turismo que atraigamos deje de ser temporal", añade.

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