Doce palcos para no perderse un estreno
CALLE RIOJA
Casa Vizcaíno abrió sus puertas en marzo de 1936. Ayer celebró su 90 cumpleaños, antesala del siglo. Vecinos de Juan Belmonte y del mercadillo más antiguo de Europa
Marzo de 1936. Abre sus puertas Casa Vizcaíno. Llamaba una primavera que tuvo Semana Santa, Feria, Corpus y Rocío. El verano fue el más corto del siglo XX en España. O el más largo, según se mire. Tres veranos sin ver salir el sol. El sol de la alegría, de los buenos días, de la armonía. Vizcaíno fue el canto del cisne de un país que se lanzó a un desfiladero de ojerizas y rencores. Pero ahí sigue, celebrando ayer su 90 aniversario. Una tarta a la que le faltan diez dígitos para las cien velas. El inmueble de la plaza de los Carros (también de Montesión) se había engalanado. Doce reposteros lucían el número 90 en otros tantos balcones, justo donde la calle Feria se estrecha para unirse con Regina. Entre la Capilla con el misterio de la Oración en el Huerto y el Archivo de Protocolos.
Los balcones parecían palcos de un corral de comedias, pero la obra se representaba justo debajo. Un tendido sombra de una multitud arracimada en busca de la cerveza. Ya lo decía Philip Marlowe: “Hay rubias y rubias” y el 19 de marzo de 1936 nace Ursula Andress; un tendido sol en la calle y en la plaza, justo en el espacio donde se amplía el mercadillo del Jueves.
Luis Pizarro se disponía a lanzar un córner en uno de los extremos del mostrador. Rafa Oliver se aplicaba el cuento de la ración de pulpo a la gallega publicitada en una pequeña pizarra y se convertía en un Octopussy para coger con sus manos con garfios una lámpara rococó de cervezas rubicundas y fresquitas. En la acera, burladero de esta plaza, los destinatarios del néctar celebraban la maniobra.
Se vivía ambiente de derbi, con mayoría de verdiblancos. Vizcaíno abrió en marzo de 1936. Un año antes, el Betis había ganado la penúltima Liga de la República en Santander. Tres años después, el Sevilla ganará la primera Copa del Generalísimo en Barcelona al Ferrol. La Liga de 1936 terminó el 19 de abril. La Semana Santa de ese año transcurrió entre el 5 y el 10 de abril. Hubo derbi esa temporada. Ganó el Betis 1-0.
Los coches necesitarían de un capataz para coger la curva entre la plaza y la calle. Tal es la multitud del gentío. En la calle donde nació Juan Belmonte, que vivió su particular derbi con Joselito. El día nació luminoso para celebrar las nueve décadas de Vizcaíno. Hasta la vicepresidenta del Gobierno y candidata a la Junta María Jesús Montero se pasó por el Vizcaíno con el ex alcalde Antonio Muñoz. Los dos son vecinos de la collación, ella más de barbecho, aunque empezará a prodigarse en cuanto suenen las campanas electorales.
El 16 de marzo de 1936, el sevillano Diego Martínez Barrio era nombrado presidente de las Cortes. De concejal llegó a presidente del Gobierno y de la República. Ningún sevillano, ni el mismísimo Felipe González, llegó tan alto. Porque Fernando III era de Zamora, que no se tomó en una hora.
Junto al Vizcaíno hay un restaurante libanés y una frutería pakistaní. Hay mesas en el exterior. Un joven lleva una bandeja de gildas que parece un simpecado. Vizcaíno está en el corazón de una de las calles con más solera cofrade y procesional. Toda la Semana Santa pasa por su puerta, desde el Domingo de Ramos hasta la Madrugada. Hay dos tesoros de la calle Feria que ahora no están en sus templos. Volverán cuando el domingo próximo se clausure en Cajasol la exposición del orfebre Cayetano González (1896-1975), que estaba en su apogeo artístico cuando abre Casa Vizcaíno. Se trata de la corona de la coronación de la Virgen de la Amargura de San Juan de la Palma en 1954 y del Sagrario de Ómnium Sanctórum. La hermandad de la Soledad de San Lorenzo le ha cedido un sagrario mientras dura el préstamo artístico. La corona y el Sagrario regresarán a la calle Feria, no ocurrirá como con el tesoro del Carambolo que Carriazo encontró en el mercadillo del Jueves.
Inma es sevillista y su marido Javier, bético. Son marido y mujer y residentes en Sevilla, que diría Kiko Ledgard en el Un, dos, tres. Cada uno lleva su camiseta. Les acompañan sus amigos Lalo y Marisa, parroquianos del Vizcaíno y feligreses de Omnium Sanctórum. Los dos brindaron por un derbi civilizado entre las apreturas del Vizcaíno.
Por la calle camina el poeta Juan Lamillar, que editó con Jacobo Cortines la biografía de Joaquín Romero Murube. Da la sensación de que se dirige a la celebración, pero se abre paso con su mujer. Han quedado con su amigo José María Conget. Un Hola con el autor de Adiós.
Rafa Oliver, el hombre-pulpo, dirigió un espléndido documental sobre Fernando Mansilla que se estrenó en el teatro Alameda. “Mansilla no era del Vizcaíno, prefería tomarse el botellín en los bares de la Alameda, el Corral de Esquivel o el antiguo Corto Maltés”. Con el ritmo del Cantinero de Cuba que cantaban Sergio y Estíbaliz, Rafa Oliver ha compuesto una coplilla dedicada al Vizcaíno. “Cantinero de Vizca, Vizca, Vizca / Cantinero de Vizca, Vizca, Vizca / a ver si invita a una ronda para variar”.
El bar es una caseta de Feria en hora punta. Marzo empezó en Vizcaíno y terminará el Martes Santo, con los Javieres medio siglo después saliendo de los Jesuitas de Jesús del Gran Poder con salida a Trajano por la Capilla de los Luises. Los camareros se multiplicaban. Como reivindicaba Joaquín Arbide, autor de un imprescindible Sevilla en los bares, siguen utilizando la tiza para calcular las consumiciones.
De marzo de 1936 a marzo de 2026. Noventa años. Multipliquen por doce, los meses y el número de balcones engalanados. Ese año hubo Juegos Olímpicos en Berlín y le dieron el Nobel de Literatura al dramaturgo Eugene O’Neill, autor de una obra que era una premonición: Largo día de viaje hacia la noche.
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