Sevilla

Mercedes Vázquez. Enfermera

Entrada sin alfombra roja

La enfermera reflexiona sobre el presente de la profesión marcada por una fuga de talentos sin precedentes y una crisis de reconocimiento al trabajo de los profesionales sanitarios

Enfermeras durante cuidados a un paciente. / D. S.

02 de marzo 2025 - 06:20

Todos sabemos que durante estas fechas existen multitud de virus que conviven entre nosotros. Pero no aprendemos de un año para otro por desgracia. Tenemos, probablemente, la mejor Sanidad del mundo y todavía no sabemos valorarla; ni políticos, ni ciudadanos y, en la mayoría de los casos, los propios sanitarios, porque nos hemos acostumbrado a normalizar todos esos excesos que vivimos en nuestro día a día laboral con cargas de trabajo excesivas; con Urgencias saturadas porque la población no distingue entre lo que es una Urgencia, una Emergencia y lo que se puede tratar en Atención Primaria porque es demorable.

Porque se hace un uso abusivo de los servicios que presta la Sanidad a la comunidad en cuanto al uso de recursos ya sea en solicitud de ambulancias para volver a casa tras el alta, como si aquello fuera un servicio de taxi, o de demanda de pruebas para llegar a un diagnóstico, como si a más pruebas más posibilidades de que el diagnóstico fuese favorable. Y porque se ha perdido el respeto a los profesionales sanitarios y se les maltrata, agrede e insulta porque no cubrimos sus expectativas en el servicio que prestamos con los recursos de los que disponemos tanto a nivel cuantitativo como cualitativo.

Desde el siglo pasado que terminé la carrera, en mis más de 25 años de experiencia como enfermera, estando los últimos 18 años en un Servicio de Urgencias, nunca he vivido una situación igual, y he pasado por muchos momentos. La mayoría, malos, que me hacen plantearme si esta profesión es lo que quiero verdaderamente por vocación, por necesidad o por conformismo. Porque el maltrato que recibimos en la mayoría de nuestras jornadas de trabajo por parte de la población, del sistema y de las entidades públicas deja mucho que desear y eso sí es mejorable si los que lo tienen que hacer se ponen a ello.

Anoche cuando llegué de trabajar después de 12 horas agotadoras leí un artículo en un diario digital médico que plasma las carencias de las que hablo y que repercute en la calidad de la atención que se presta a los usuarios porque estamos tan desbordados que hay que aguantarse por haber elegido como modo de subsistir esta profesión tan bonita, pero a la vez tan sacrificada, y tan poco valorada por la población, porque dejamos de ser aquellos héroes a los que se aplaudían todas las noches en pandemia a ser esclavos de sus demandas. Prima el aquí y ahora porque lo digo yo que para eso te pago.

Porque durante la pandemia salíamos llorando de trabajar por la impotencia de no poder salvar más vidas y de ver tanto dolor, pero ahora muchos de nosotros lo hacemos casi a diario por las condiciones y la sobrecarga que tenemos, porque no somos superhéroes, somos profesionales que amamos nuestro trabajo y que poco a poco esta sociedad está desinflando esa ilusión que hemos tenido durante años y porque he visto marcharse a otros destinos por voluntad propia a decenas de compañeros que durante años han dado lo mejor sí porque el agotamiento físico y mental que supone trabajar en sanidad solo lo sabe el que lo vive en sus carnes.

Lamentablemente, estamos a años luz de otros países en cuanto a reconocimiento de esos profesionales que se dejan la piel trabajando para ofrecer un buen servicio, un servicio de calidad y con la mejor de sus intenciones y que vemos año tras año emigrar para labrarse un futuro que aquí es casi imposible después de años de estudios por la precariedad de los salarios y por las pésimas condiciones laborales que se ofertan. Pero a eso hay que darle una vuelta de tuerca, porque no tiene sentido en invertir en generar tantos talentos para que luego tributen en otros países o emigren a otras comunidades autónomas, porque no los valoran como profesionales en su comunidad de origen. Porque somos una de las comunidades autónomas que menos invierte por habitante en sanidad.

Según el último informe de enero de 2025, el gasto sanitario total en España es de 134.000 millones de euros al año, un 10% del PIB, o lo que es lo mismo, 2.805 euros por habitante, lo que dicta mucho del gasto sanitario de los andaluces, que en 2024 fue de 1.695 euros por habitante, según las estadísticas oficiales.

Está claro que el mundo no es de color rosa como lo pintan en las películas y que hay que aprender a sobrevivir en él, pero con dignidad y con los valores que nos enseñaron desde pequeños, hecho que se está perdiendo en una sociedad que valora más la inteligencia artificial (IA) que las posibles capacidades de sus propios ciudadanos y profesionales que se han formado durante años y no por un programa informático; o que el tener el menor teléfono de última generación y seguir redes sociales es primordial para subsistir cuando en décadas pasadas ni nos preocupábamos por eso, simplemente éramos felices. Felices en la calle jugando a la cuerda, el elástico, la lima, al escondite, los cromos, las canicas, el trompo, la cometa... esos sí que eran buenos tiempos y los añoro, porque los abrazos eran reales y con la suficiente fuerza de hacerte renacer.

Pero sin desviarme del tema hay que reconocer que algo falla en esta sociedad cuando estamos actuando como borregos de un inmenso rebaño que dirige nuestros destinos sin escuchar nuestras voces ni plegarias para mejorar el sistema. Sólo se sientan en sus inmensas sillas en el congreso y piensan que actúan en nombre de todos, cuando verdaderamente lo único que les importa es mantener esa silla caliente con sus culos mientras que los ciudadanos los mantenemos y pagamos sus extravagantes sueldos cuando el resto de la población suplica por un aumento en nuestra calidad de vida en todos los aspectos. Pero está claro que eso es para solo unos pocos privilegiados como ellos, el resto tendremos que seguir currando, sacrificando y esforzando nos en ser mejores en nuestros trabajos para poder aspirar a algo mejor en nuestras vidas.

Porque cuando no existe capacidad de buscar una solución para un grito de ayuda, la única solución es aunar fuerzas y remar todos en el mismo barco, no para gritar más alto sino para que llegue a los oídos de los que tiene que llegar y pongan todas sus fuerzas, buen juicio y voluntad en hacer de nuestra Andalucía un lugar mejor, más seguro, más humano, más confortable y de calidad.

Andalucía no se merece menos.

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