Plaza Nueva: Juan Manuel López Benjumea

“No sé si me espiaban o hacían ostentación de que me seguían”

  • Su padre fue del PP (y de la delantera ‘stuka’) y uno de sus hijos canta La Internacional. Concejal durante una década y tres alcaldes. Presidió la Caja San Fernando y abanderó la fallida fusión con Beneroso

Juan Manuel López Benjumea, por la calle Asunción. Juan Manuel López Benjumea, por la calle Asunción.

Juan Manuel López Benjumea, por la calle Asunción. / Víctor Rodríguez

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OVEJA negra de la Sevilla roja, Juan Manuel López Benjumea (Sevilla, 1956) vivió una década de concejal muy atípica. Sevillista que presidió un equipo de basket que hoy se llama Betis.

–Ochenta años, muchos recitan todavía la delantera stuka de la que formó parte su padre...

–López, Torróntegui, Campanal, Raimundo y Berrocal. La de los cuarenta goles. Después se incorporó Pepillo y mi padre (Torróntegui) jugó hasta en ocho sitios.

–¿Como usted en política?

–La verdad es que he hecho muchas cosas y muy diversas.

–Su primer cargo, con 28 años.

–Delegado de la Consejería de Gobernación. Por una semana, no lo fui en los Gobiernos de Escuredo y de Borbolla. Dimitió Escuredo y Pepe, que me había nombrado, me mantuvo en su Gobierno con Salinas de consejero. Fui alumno de Borbolla, militaba en el Partido, tampoco éramos tantos.

–¿Cómo llevó ese ascendiente sevillista en un PSOE con tanto bético: Felipe, Chaves, Borbolla e incluso Guerra, “bético como todos los sevillanos a los que no les gusta el fútbol”?

–Guerra tenía toda la razón. En el PSOE había mucho sevillista, a la Junta llegó mucha gente de fuera y casi todos se hacían del Betis.

Lo de la delantera ‘stuka’, ¿es políticamente incorrecto?

–Era la posguerra, así llamaban a unos aviones que caían en picado y fulminaban los objetivos, como aquella delantera. Tendremos que hacer un diccionario nuevo.

–¿Por qué entra en el PSOE?

–Por el ansia de libertad, por los libros que no se podían leer y el cine que no nos dejaban ver. En mi casa se vivió con cierta tensión. Una familia muy liberal en sus costumbres, fuimos al Colegio Alemán, mixto y bilingüe, pero políticamente conservadora. Hubo años que coincidimos mi padre como vicepresidente del PP en Sevilla y yo vicesecretario del PSOE. La verdad es que era muy divertido.

¿Su balance de concejal?

–Trabajé más los años de oposición que los de gobierno, el segundo mandato de Manuel del Valle. Estuve en tres corporaciones. La primera era mejor que la segunda y la segunda mejor que la tercera.

–¿La ley de Murphy en política?

–Degenerando, como decía el Gallo de aquel banderillero que acabó de gobernador civil.

–Presidió el Caja San Fernando. ¿Un sueño fallido?

–Jugamos dos finales de Liga, cinco veces en Europa. El basket es un deporte caro y Sevilla es una ciudad dividida por el fútbol.

–¿Dónde vio el derbi?

–No he ido en mi vida al campo del Betis. Y al del Sevilla siempre de socio, nunca de concejal.

¿El Partido no les perdonó a usted y a Isidoro Beneroso el intento de fusión de las Cajas?

–Lo que no se quiere enterar nadie es que eso nunca lo hicimos por razones personales. Eran instituciones crediticias y teníamos que defender los intereses de los accionistas. Teníamos más activos, pasivos y rentabilidad que Unicaja, pero en Málaga decían que los sevillanos estábamos siempre peleados, el mito de la dualidad.

–¿Acabaron con ese mito?

–Lo conseguimos. Pero faltaron cuatro votos de la Caja.

–¿Realmente se sintió espiado?

–No sé si me estaban espiando o hacían ostentación de que me estaban siguiendo. Vivía en una urbanización en las afueras de Sevilla, coincidí varias veces con el mismo coche. Una época delicada. Isidoro y yo éramos potenciales o posibles objetivos en las listas del Comando Andalucía de Eta.

–¿La política le llenó?

–Nunca pensé en cargos de representación. Lo que hacíamos en los primeros tiempos eran pintar las paredes y hacer huelga.

–¿Más futbolistas en familia?

–Decía mi madre, mucho más sevillista que mi padre –Juana Benjumea murió como la socia más antigua– que ya hubo uno bueno, que hiciéramos otras cosas.

–¿Qué piensa cuando ve a Chaves y Magdalena Álvarez en el juicio de los Eres?

–No les dedico ni seis segundos.

–¿Qué aficiones practica?

–Leer, el tenis de mesa, estar con los amigos, la playa. Soy muy normalito. No me gusta tocar el arpa.

En 2002 lo expulsan del PSOE.

–Como decía García, me fui un día antes de que me echaran.

–¿Dejó de votarlos en revancha?

–A algunos no les voto, a uno en concreto. Me considero un socialdemócrata convencido que con la edad se ha vuelto más tranquilo y tibio. Mi hijo pequeño, que nació en 2001, dice que es republicano, entra en casa cantando La Internacional y yo me tiro de la risa. Mi hijo mayor me pregunta por las cosas de entonces y le cuento que cuando tenía su edad no podía ir al cine en Semana Santa. Estudia en el instituto Martínez Montañés, el segundo instituto que hubo en Sevilla. Perdemos la perspectiva, pero en los años sesenta en Sevilla sólo había dos institutos.

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