El honor de un médico callejero

Calle Rioja

Jacinto Maqueda, con la Giralda al fondo.
Jacinto Maqueda, con la Giralda al fondo.

18 de octubre 2010 - 05:03

EN la festividad de San Lucas, patrono de los médicos, Jacinto Maqueda Domínguez recibirá esta tarde en el Colegio de Médicos la medalla que le distingue como colegiado de Honor. Un honor que lo lleva a gala por la calle con sus 88 años. "Nací un martes y 13 del año 1922 en la calle Zaragoza". Como sus enfermos, los muchos que curó, los familiares de los enfermos, los muchos que tranquilizó, lo saludan por la calle, el doctor Maqueda dice con orgullo que tiene el título de "médico callejero".

Nació en una familia de padre rico y madre pobre. El Alzamiento le cogió con 14 años. Recuerda un mitin de José Antonio Primo de Rivera en 1935 en el Frontón Betis, "entre la juventud de uno y otro bando los que arrollaban entonces eran José Antonio y Stalin". En la profesión, tuvo al mejor maestro. "Con 17 años ya estaba viendo enfermos con mi tío Eloy Domínguez Rodiño, hermano de mi madre, que llegó a ser presidente de la Academia de Medicina, especialista en el aparato digestivo. Estuve tres años viviendo con él. A algunos enfermos me dejaba explorarlos. Con los pudientes había que tener cuidado; me dejaba los enfermos que venían de los pueblos".

En 1946 abre la primera de sus siete consultas. Dos años antes se fue a hacer el servicio militar a Montejaque, cerca de Ronda. "Si no soy médico, habría sido militar. Esa otra vocación me vino por mi abuelo Isidoro, que fue uno de los últimos de Filipinas". "Me destinaron a hacer las prácticas de alférez en Cádiz". El 18 de agosto de 1947 se produjo la explosión de San Severiano. "Desapareció un barrio entero, no muero de milagro y tuve mucho trabajo salvando a mucha gente". 40 años después, el Ayuntamiento que presidía el socialista Carlos Díaz lo nombró hijo adoptivo de Cádiz. En 1950 se asciende a sí mismo: pasa su consulta de un Bajo a un Principal, con un aparato Siemens de Rayos X. El catedrático Antonio Cortés lo opera a vida o muerte de apendicitis. Entra en el cuadro médico de la Once y en 1961 obtiene la plaza de médico de Morón. Durante 17 años simultanea la capital y la ciudad que figura como sede de la base de los americanos. "Primero iba en tren, después en un camión de cemento en el que también viajaba el secretario del juzgado y finalmente en mi coche".

En Morón recibió un día la visita de una paciente francesa. Christiane Delbecourt se convirtió en su esposa, en la madre de sus dos hijas, abuela de sus dos nietos. Francesa de la Picardía, todos los veranos iba el doctor a ver a su familia política y aprovechaba para escaparse en tienda de campaña a ver el Tour de Francia. "Tengo fotos con Indurain y con Perico Delgado." En Taberna de Góngora un músico callejero le encuentra parecido con Fernando Fernán Gómez. "También me han confundido con Areilza y con Alberti".

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