Una invasión francesa más que rentable
Calle Rioja
Novedad. Un libro da noticia de la identidad de casi 350 viajeros de la cultura francófona que en el siglo XIX viajaron a Andalucía atraídos por su exotismo.
SIGUE siendo un viaje fértil. El escritor francés Claude Simon, Nobel de Literatura, vino a Sevilla cuando la profesora de Filología Francesa Elena Suárez Sánchez presentó su tesis doctoral sobre la influencia de la pintura en la obra de Simon. Olivier Piveteau, profesor en la Universidad de La Rochelle, dedicó su tesis doctoral al tratamiento literario de la figura de Miguel de Mañara.
Elena Suárez y Olivier Piveteau son dos los cinco profesores que han participado en el libro Viajeros francófonos en la Andalucía del siglo XIX (Publicaciones de la Diputación de Sevilla), que ayer presentó Rogelio Reyes en la Casa de la Provincia. Completan el quinteto Montserrat Serrano Mañas, Luis Gastón Elduayen, ambos profesores en la Universidad de Granada, y Antonio Fernández Navarro, el más vinculado a la corporación que publica este libro: además de doctor en Filología Francesa es bibliotecario de La Rinconada.
Han catalogado casi trescientos cincuenta viajeros franceses a lo largo del siglo XIX. Y eso que Elena Suárez, coordinadora del trabajo, reveló que tuvieron que descartar a viajeros "apócrifos que sólo habían pisado Andalucía con la imaginación". Dos siglos después, la estela de los que sí cruzaron los Pirineros sigue siendo evidente en esta tierra donde buscaban exotismo y cultura orientalizante. "Una gran parte de los extranjeros que siguen viniendo a Sevilla y a Andalucía", dijo el bibliotecario rinconero, "vienen todavía atraídos por lo que contaron estos viajeros. Es una impresionante campaña publicitaria sin costarnos un céntimo".
Casi 350 viajeros. Casi una invasión. Con todo tipo de perfiles: científicos, pintores, fotógrafos, arqueólogos, aristócratas, ingenieros de minas, militares de la tropa de Napoléon. Les atrae lo siniestro, lo que a su regreso a la modernidad denigrarán: "La Inquisición, la muerte de los caballos sin peto en la plaza de toros, el bandolerismo, todo ellos prometían emociones fuertes" (Elena Suárez Sánchez).
Reyes citó a Baudelaire, que acuñó "la fiebre del lejos de aquí". "Les atrae el pintoresquismo", apunta Fernández Navarro, "que les aleja de la Francia industrial, estresada". Estos cinco autores escrutaron memorias, biografías, autobiografías, correspondencias encontradas "en bibliotecas españolas y francesas de lo más variopintas".
Beatriz Sánchez, diputada de Cultura, inscribe esta presentación dentro de los actos de la Feria del Libro dedicada este año a Manuel Chaves Nogales. Eran viajes plagados de peligros y tentaciones, contrapunto de los sofisticados medios de transporte del siglo XXI, que no excluyen sin embargo que un rayo caiga sobre el flamante presidente francés, François Hollande, cuando volaba a Alemania, en su primera salida oficial fuera de Francia.
Cuatro ciudades centraban la atención de aquella legión de viajeros transpirenaicos: Toledo, Sevilla, Granada y Córdoba. La coordinadora del trabajo divide aquella España del asombro en dos mitades que no tienen nada que ver con posteriores escisiones ideológicas o geográficas. Dos mitades de un atlas sentimental de Antonio Machado. "Por un lado, la Castilla monótona, silenciosa; por otra, la alegre y bulliciosa Andalucía". Ese cuarteto de ciudades no está elegido al albur. Proust cuenta que el padre del protagonista suspendió un viaje a Andalucía, a Algeciras, porque prefirió quedarse en Toledo para ver los cuadros de El Greco.
Las intervenciones se vieron cotejadas por ilustraciones de la época, muchas con la firma de Doré, y retratos de aquellos viajeros, muchos desconocidos por el vulgo, otros más reconocibles: Delacroix, Teophile Gautier, Pierre Louÿs, que se alojó en el hotel Inglaterra y cuya relación con Sevilla estudió Jean-Paul Goujon o Alejandro Dumas, que traicionó la confianza que recibió cuando vino a la boda de un Montpensier para hacer en su vuelta a Francia un retrato lleno de tópicos malintencionados.
"Este libro de viajes nos ha convertido en viajeros de libros", dice Elena. Gracias a unos viajeros que gustaban "de los toreros machos y las mujeres resolutivas".
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