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Medio ambiente

Un jardín exótico en el Rectorado

  • La antigua Fábrica de Tabacos cuenta con una decena de árboles singulares, varios de ellos de origen americano, según el inventario realizado por la asociación Amigos de los Jardines de la Oliva.

Las zonas ajardinadas que rodean la antigua Fábrica de Tabacos atesoran más de una decena de árboles singulares que destacan por su longevidad, porte o por su origen exótico. La asociación Amigos de los Jardines de la Oliva ha realizado recientemente un inventario de los arbustos más peculiares de este jardín, con una superficie, aproximadamente, de una hectárea y media, y de otras zonas de la ciudad -como los Jardines de Cristina- ante la "amenaza latente" que pesa sobre ellos.

"En nuestra ciudad, desde hace décadas, prevalece la mala costumbre de mutilar, desmochar o apear los árboles sin intención de conservarlos con métodos preventivos y sin tener en cuenta que se trata de seres vivos", apunta Jacinto Martínez, presidente de la asociación Amigos de los Jardines de la Oliva.

En el caso de la actual sede de la Universidad de Sevilla, se pueden contabilizar hasta diez ejemplares singulares ante el desconocimiento de los ciudadanos y de los propios estudiantes. Muchos de ellos proceden de América y otros son casi únicos en la ciudad.

Éste es el caso del libocedro de California o cedro de incienso, uno de los ejemplares más valiosos del jardín del Rectorado por su escasa presencia en Sevilla. Este árbol se puede ver cerca de la antigua cárcel, actual sede del departamento de Historia Contemporánea. Jacinto Martínez aclara que, a través de fotografías antiguas, ha podido calcular que este libocedro de California fue plantado aproximadamente a finales de la década de los años cincuenta del siglo pasado.

El brachichito de Bidwill es otro árbol escaso en la capital andaluza. Procede del sureste de Australia y se encuentra plantado en la zona ajardinada más cercana a la glorieta del Cid Campeador, en la esquina de la Glorieta de San Diego. Según Martínez, por su porte "es posible que haya sido plantado en los primeros años del siglo XXI".

De crecimiento mediano, este árbol no suele superar los cinco metros de altura. Su tronco es recto, redondo y algo hinchado por la base, y la corteza, de color verde oscuro, presenta unas cicatrices horizontales que son las huellas de las hojas y ramas caídas.

El falso plátano que se ubica en la zona ajardinada que limita con la calle Doña María de Pineda, frente al Hotel Alfonso XIII, también es otro de los escasos ejemplares de esta especie que existe en Sevilla, ya que las altas temperaturas del verano hispalense hacen difícil su adaptación. Éste es uno de los árboles singulares más jóvenes de los jardines del Rectorado. Según el estudio de la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva, debió plantarse hace unos quince años como mucho.

Reciente es también la plantación del lechero africano, propio de Mozambique. "Su elección quizás se deba a la fama terapéutica que le precede", apunta Jacinto Martínez.

Entre los más antiguos se encuentra la nuez de pecán o pecano, característica de Norteamérica (especialmente del valle del curso bajo del río Misisipí) y el pino de Alepo. El primero de ellos, según calcula Martínez por su porte y el diámetro del tronco, data de los años 30 del siglo pasado, en la misma época en la que fueron plantados los ejemplares existentes en los Reales Alcázares.

El pino de Alepo es otro de los ejemplares más antiguos de este jardín. Debido a su gran porte, sólo puede desarrollarse en espacios abiertos. Dentro del cercado del Rectorado, este árbol se encuentra situado en la zona ajardinada que limita con la calle Doña María de Pineda, frente al Hotel Alfonso XIII.

El palo borracho blanco, de origen tropical y subtropical propio de América del Sur, el norteamericano arce flamingo, y el mandarino son otras de las especies singulares plantadas en los jardines del Rectorado. Martínez asegura que, a excepción del mandarino, los árboles singulares del Rectorado se encuentran en buen estado.

"Dándolos a conocer pretendemos que estos árboles reciban la protección que merecen a través de ordenanzas y leyes, y también que se promueva un itinerario botánico que comprenda los árboles singulares de nuestra ciudad", apunta Jacinto Martínez. "Hay que dignificar al árbol, concienciar a la sociedad de que los árboles son seres vivos y condenar la actitud de aquellos que arrancan un arbusto al igual que se castiga a quien le pega una patada a un perro".

Desde la asociación reclaman a la Junta y al Ayuntamiento normativas y ordenanzas específicas para la protección de los árboles singulares, así como establecer criterios de podas. En este sentido, hace varios meses, la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva denunciaron la "mutilación" que sufrieron los viejos naranjos de la Universidad de Sevilla. La poda de estos naranjos, según denuncian en el blog de la asociación, se realizó cuando los primeros azahares estaban brotando. "La explicación es algo maquiavélica. Impidiendo su floración también se impide que los árboles fructifiquen y, de esta manera, no hay que recoger las naranjas del suelo", critican.

Esta asociación revela que el primer árbol procedente de América que se plantó en Sevilla fue un ombú, también conocido como bella sombra. Fue en el siglo XVI, de la mano de Hernando Colón, y se encontraba en el monasterio de Nuestra Señora de las Cuevas, en la Isla de la Cartuja. Pero fue durante la Exposición Iberoamericana de 1929 y, sobre todo, a través del programa Raíces con motivo de la Expo,92 cuando más plantas de origen americano se aportaron a la biodiversidad de Sevilla.

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