Sevilla

La jornada partida se implantó en la posguerra

  • Los expertos abogan por que España recupere el huso horario del Reino Unido y Portugal para lograr más productividad

Los españoles tenemos un retraso medio de dos horas que afecta a la organización diaria. Esta conclusión es la que se extrae de los distintos estudios realizados por expertos que abogan por que el país recupere, en primer lugar, el huso horario que le corresponde por su situación geográfica, y por otro, por sacar mayor rentabilidad laboral con una jornada intensiva, y no partida, como predomina en la actualidad.

Ambos objetivos ya los planteó durante la pasada primavera Rajoy, quien prometió proponerlos cuando gobernase. Todos los que defienden este cambio consideran que la adaptación debe venir precedida por el consenso y adaptarse a las características de cada ámbito económico. En este sentido, se ha de tener en cuenta que existen negocios en los que resulta imposible adelantar su cierre dos horas.

El doctor y profesor de Economía en la Universidad a Distancia de Madrid José María Fernández-Crehuet publicó hace años una tesis doctoral titulada La conciliación de la vida profesional, familiar y personal. España en el contexto europeo. En dicho trabajo se constata que los españoles trabajamos más horas que el resto "con peores resultados". Según Crehuet, "los españoles empezamos muy mal el día porque nos acostamos tarde, no desayunamos en casa o lo hacemos rápida y mal". "Necesitamos parar a media mañana para comer algo. También, en lugar de almorzar tarde, podríamos hacerlo a las 13:00 como sucede en la mayoría de los países europeos", incide el profesor universitario.

Nuria Chinchilla es experta en conciliación, además de profesora del IESE, una de las escuelas de negocio de mayor reputación. En sus diferentes publicaciones abunda en que el sistema de jornada partida que prevalece hoy en España tiene su origen en los años de la posguerra, cuando la mayoría de los ciudadanos necesitaban estar pluriempleados para llevar un sueldo "medio digno" a casa. "En esta época de penuria era habitual que un empleado de banco trabajara de 08:00 a 14:00 y luego hiciera labores en una gestoría de 16:00 a 20:00", refiera esta experta.

Dichos hábitos no siempre fueron así. En el campo, por ejemplo, se almorzaba a las 12:00 o a las 13:00, como recogen algunos escritos de principios del siglo XX. Tras la contienda civil, lo excepcional se hizo costumbre y con la llegada de la democracia la jornada partida se ha mantenido en la mayoría de los sectores económicos. Esto provoca que los trabajadores dispongan, por la tarde, de dos horas menos que el resto de sus compañeros europeos, un tiempo que no repercute en mejores resultados y que podría emplearse con la familia o desarrollando otras actividades.

La tardanza en salir del trabajo retrasa la hora de la cena (entre las 21:00 y las 22:00), cuando en el resto del viejo continente es a partir de las 20:00, y que, incluso, el prime time televisivo se alargue hasta bien entrada la madrugada, lo que provoca que no se duerman las ocho horas de media aconsejadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya que el comienzo de la jornada laboral sí coincide con los países de nuestro entorno (entre las 08:00 y 09:00).

Por tanto, la primera medida a tomar sería adaptar el huso horario al solar, con lo que se retrasaría una hora y nos igualaríamos al que tienen en el Reino Unido, Portugal y Canarias. Actualmente poseemos el de Alemania e Italia, debido a una decisión tomada por el Gobierno de Franco para asemejarnos al sistema horario de Berlín.

Luego vendría la implantación -consensuada y progresiva- de la jornada intensiva. Los expertos estiman que para ello lo más conveniente sería implantar una ley como la Antitabaco. Con ella se reduciría el tiempo del almuerzo a una hora y se adelantaría la salida a las 18:00. Un cambio que repercutiría en mayor efectividad, pues, como indican los especialistas, "no por calentar la silla durante más tiempo se obtiene más productividad".

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