Plaza Nueva: Juan Antonio Martínez Troncoso

“Con mi alemán convencí al arquitecto de las Setas”

  • Este utrerano emigró a Alemania y fue profesor de Alemán en la Universidad de Sevilla. Llegó al socialismo urbano desde el Plan de Empleo Rural. El corazón le dio un aviso y ve los toros desde la barrera

Juan Antonio Martínez Troncoso, en la Alameda de Hércules. Juan Antonio Martínez Troncoso, en la Alameda de Hércules.

Juan Antonio Martínez Troncoso, en la Alameda de Hércules. / José Ángel García

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Se hace del PSOE el año que cae el muro de Berlín. De los 17 a los 21 años Juan Antonio Martínez Troncoso (Utrera, 1950) vivió y trabajó en Alemania.

–¿Por qué se va?

–Estuve en el colegio Claret de Don Benito y tenía medio apalabrado el colegio mayor. Mi padre emigró a Frankfurt. Después fue mi madre, yo me fui a pasar un verano y me quedé cuatro años. Para aprender alemán y ayudar a la familia en la compra de un piso.

–¿En qué trabajó?

–Entré de botones en la misma empresa de frenos de mi padre.

–¿Un cambio muy grande?

–Cuando vivíamos en Extremadura, había que hacer aviso de conferencia para hablar desde Calamonte con Utrera.

–¿Quedaban ecos del contubernio de Munich?

–Yo llego a Alemania en 1967. Willy Brandt era alcalde de Berlín. Tiempos de la real politik. Mi vocación política surge en el entorno de la fundación Friedrich Ebert, a la que le salpicó el caso Flick. Fui a algún acto de Matthöfer, el amigo de Nicolás Redondo.

–¿Por el alemán decide estudiar Filología Moderna?

–Mi sueño era hacer Clásicas y dedicarme a la Docencia.

–¿En la Universidad vio rescoldos del socialismo incipiente?

–Era un PSOE demasiado incipiente. Las asambleas en Letras las dominaba siempre el Pecé.

–¿Cuándo ingresa en el PSOE?

–En 1989, el año de la caída del muro de Berlín, que me fui a verlo con mi familia.

–¿Vocación tardía?

–En 1983 trabajaba de funcionario en el INEM. Viví todo el proceso del subsidio agrario un año antes del Plan de Empleo Rural. Me reuní con muchos alcaldes en las tareas de reparto y adjudicación de las obras. Era en el Gobierno Civil con Alfonso Garrido. No militaba. En 1989 decían que el PSOE iba a perder las elecciones y con otros dos compañeros decidimos incorporarnos al partido.

–¿Ejerció la docencia?

–Sólo el año y medio que estuve de lector de Alemán conKlaus Wagner, en el seminario que daba en el Patio de Filosofía.

–¿Quién le llama para el Ayuntamiento?

–Viera y Monteseirín. Con Viera había estado en la Palmera cuando lo nombran primer delegado de la Junta en Sevilla.

–Lo llama y después usted ocupa su puesto...

–Viera estuvo doce días de concejal. Alfredo, el alcalde, me nombró tercer teniente de alcalde, después de Torrijos y Rosamar.

–¿Le fue útil saber alemán de concejal?

–Puedo resultar pedante, pero el arquitecto de las Setas, Júrgen Maier, el último día puso una pega y se negaba a firmar por un problema en la pintura de algunas columnas. Venía con una chica española que era arquitecta en su estudio. Yo le dije, en alemán claro, que la gente y los del mercado llevaban más de treinta años esperando. Que entendía sus reservas de artista. El caso es que pidió los papeles, lo convencí y firmó.

–Una legislatura. ¿No repitió?

–El 5 de febrero de 2011 me hicieron un cateterismo por un aviso de la coronaria derecha, aunque no me llegó a dar el infarto. Desde el hospital llamé a Viera y le dije que tenía una buena noticia para él: que si quería había un hueco en las listas. El cirujano que me trató, José Mena, me dijo que la política por detrás de las orejas.

–¿Recuerdos de su gestión?

–La unanimidad con el nuevo canon de la depuradora, con lo impopular que resulta subir un impuesto. Participé en la aplicación de la ley de Memoria Histórica.

–¿Con qué resultados?

–Conseguimos cambiar los nombres de 42 calles con el acuerdo de todos los grupos. Me reunía con un grupo de antiguos compañeros de promoción, casi todos catedráticos, y los resultados los llevaba a Torrijos y a Vicente Flores, del PP.

–¿El cambio más sonado?

–Zoido se arrogaba el mérito de convencer al hijo de Adolfo Suárez para el visto bueno a la avenida con el nombre de su padre. Pero fui yo el que en los premios taurinos de la Maestranza coincidí con Adolfo Suárez Illana y le dije que su padre no iba a sustituir a Carrero Blanco, porque la calle estaba ya sin nombre, sino por sus méritos. Y dio su consentimiento.

–¿Se sintió un emigrante?

–Aprendí pronto el alemán y me trataban como uno más. He sentido más rechazo aquí con mis compañeros y compatriotas. En Frankfurt cuando me veían con un periódico español decían Real Madrid. Tenían reciente el 7-3 al Eintracht en la final de la Copa de Europa. Mi ídolo era Grabowski.

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