Marta del Castillo, un caso para aprender de los errores

El crimen más mediático de la historia reciente de Sevilla cumple 17 años sin pistas para hallar el cuerpo de la joven asesinada

Todo sobre el caso Marta del Castillo

Detalle en recuerdo de Marta del Castillo depositado por su abuelo y los amigos de éste el año pasado en los juzgados.
Detalle en recuerdo de Marta del Castillo depositado por su abuelo y los amigos de éste el año pasado en los juzgados. / Jose Manuel Vidal / EFE

La desaparición y muerte de Marta del Castillo Casanueva cumple este sábado 17 años con la investigación completamente estancada y casi sin esperanzas ya de que pueda encontrarse algún día el cuerpo de la joven asesinada. No hay ni una sola pista fiable acerca del paradero del cadáver y sólo quedan cuatro años y tres meses para que el asesino, Miguel Carcaño, salga de la cárcel tras cumplir su pena. El caso quedará para siempre como ejemplo de cómo la presión mediática y una serie de decisiones precipitadas arruinaron una investigación que parecía ir por buen camino. Dicen que quien no conoce su historia está condenado a repetirla, de ahí la importancia de detectar, con la perspectiva que da el paso del tiempo, los errores cometidos.

Los hechos son más que sabidos. La noche del sábado 24 de enero de 2009, una joven de 17 años, Marta del Castillo, no regresa a su casa de la calle Argantonio. Se sabe que ha quedado con un amigo, Miguel Carcaño, y que habían estado en el piso de éste en la calle León XIII. Carcaño mató a Marta tras discutir con ella y fue condenado a 21 años y tres meses de cárcel por el asesinato, que él mismo confesó. Su amigo Javier García Marín, el Cuco, entonces menor de edad, también fue condenado a tres años de internamiento en régimen cerrado como encubridor del crimen. Pero el resto de acusados (el hermano de Carcaño, la novia de éste y otro amigo suyo) salieron absueltos. Nunca se encontró el cuerpo, a pesar de las múltiples versiones que Carcaño ha ido dando con el paso de los años. La Policía ha buscado el cadáver en centenares de localizaciones diferentes, siempre sin éxito.

Las primeras gestiones policiales fueron las habituales en una investigación de este tipo. El padre de Marta denunció la desaparición de su hija la madrugada del domingo. Hora después, el grupo de Homicidios, que estaba de incidencias ese fin de semana, acudió a la casa de León XIII, donde estaba la novia del hermano de Carcaño, y localizó a dos testigos, una pareja de novios que vieron a Miguel dos veces saliendo de su casa con una silla de ruedas, la última entre la una y la una y media de la mañana. Los testigos declararon en la Jefatura los días siguientes y rápidamente se pincharon los teléfonos a Carcaño y a su hermano. Desde el primer momento Miguel fue el principal sospechoso del crimen para la Policía y fue sometido a vigilancia las 24 horas.

La Policía encontró una mancha de sangre en el forro de la chaqueta de Carcaño. Se recogió una muestra que se mandó a analizar al laboratorio de la Policía Científica, que consiguió extraer el ADN de Marta de la misma. En ese momento se produciría el primer error. Sometido a una enorme presión mediática, el jefe superior de Policía, Enrique Álvarez Riestra, ordena la detención de Carcaño, sin que la Policía supiera qué había hecho con el cuerpo. A partir de ahí, sería éste quien dirigiría la investigación con sus múltiples versiones, todas ellas repletas de mentiras. El río, el vertedero, Camas, Majaloba... Siempre fue Miguel quien llevó a los investigadores a donde quiso y éstos insistían una y otra vez en entrevistarse con él, incluso fueron a visitarlo en numerosas ocasiones a la cárcel para tratar de ablandarlo.

No sabían que estaban tratando con un verdadero psicópata y confiaron en que un muchacho de 19 años, sin antecedentes, derrotaría pronto y confesaría todo. Confesó el crimen, cierto, y por ello terminó condenado, pero siempre tuvo la llave para encontrar el cuerpo en sus manos. Quizás hacía falta algo más de tiempo para reunir más pruebas o dejar que el propio Miguel diera algún paso en falso. Obsesionados como estaban por resolver rápido el caso, los responsables de la investigación se centraron en el principal sospechoso y dejaron de explorar otras vías.

Los dos testigos iniciales siempre mantuvieron que vieron a Carcaño aquella noche. Sin embargo, la Audiencia de Sevilla estableció una secuencia horaria distinta tomando como base el teléfono móvil de Carcaño. El aparato de Carcaño estaba posicionado en Camas aproximadamente a la una de la madrugada, cuando recibió una llamada de la madre de Marta del Castillo y mantuvo una conversación con ella. Una media hora después recibió varias llamadas más, pero todas son de escasos segundos, lo que indica que no hubo una conversación, sino que probablemente saltó el contestador automático. El teléfono estaba en Camas, pero eso no quiere decir que Carcaño siguiera allí. Pudo salir sin teléfono. Sin embargo, el posicionamiento del móvil debilitó el relato de unos testigos que se mantuvieron firmes desde el primer día y que podría haber sido un hilo del que seguir tirando. Interesante es la llamada del hermano que le dice "tú a esa hora estabas en Camas", indicándole claramente que era algo que tenía que mantener ante la Policía.

Tampoco se comprobaron cuestiones como la coartada del hermano de Carcaño, Francisco Javier Delgado, aportada por la mujer de éste, o la posibilidad de que Delgado utilizara un coche (que fue aportada más adelante por Carcaño), aunque no tuviera permiso de conducir. Cuando el caso se volvió a retomar años más tarde, la Policía volvió a incluir en el equipo a quienes lo habían llevado desde el principio, unos agentes que estaban completamente contaminados e implicados personalmente hasta los tuétanos. No siempre este componente emocional y personal es recomendable en una investigación criminal.

Ya en los últimos años ha habido intentos de nuevas búsquedas, pero todas han respondido más a iniciativas particulares con poca o ninguna sustancia. De nada han servido informes como los de la empresa del georradar o la que hizo un nuevo análisis del teléfono móvil de Carcaño como parte de un documental de televisión. A ninguna de ellas la Policía ha dado credibilidad alguna tras consultar con numerosos expertos y profesionales en ambas materias.

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