Metrópolis | Calle Juan Sebastián Elcano

“A la misma margen en el mismo puerto”

  • Victoria. El nombre del único barco que regresó después de completar la vuelta al mundo está en la titular de la cofradía de las Cigarreras y en una de las Vírgenes que arropan en las perpendiculares al marino vasco. Cien metrópolis, 500 años.

embarcadero de las instalaciones deportivas del Labradores, donde estaba el muelle de las Mulas del que salieron las cinco naves comandadas por Magallanes. embarcadero de las instalaciones deportivas del Labradores, donde estaba el muelle de las Mulas del que salieron las cinco naves comandadas por Magallanes.

embarcadero de las instalaciones deportivas del Labradores, donde estaba el muelle de las Mulas del que salieron las cinco naves comandadas por Magallanes. / José Ángel García

EL año próximo es el centenario de la rotulación como calle Juan Sebastián Elcano de una de las primeras vías que se trazaron en la Huerta de Los Remedios. El siglo le cogerá al titular de la calle lejos de casa, que cantaría Serrat, celebrando en 2020 el quinto centenario del paso por el Archipiélado de las Once Mil Vírgenes, superados tifones y motines. No faltan vírgenes para acompañar al marino de Guetaria, todas ellas dándole nombre a calles perpendiculares: Virgen de Guaditoca, Virgen de Robledo, Virgen de Araceli, Virgen de Luján, Virgen de la Fuensanta, Virgen de Loreto, Virgen de Regla, Virgen de la Consolación y Virgen de la Victoria. La que daba nombre a la única nave que regresó a Sevilla con el marino guipuzcoano y otros 17 supervivientes el 8 de septiembre de 1522.

Los 240 que tres años antes partieron del muelle de las Mulas, en la actualidad la parte que se asoma al río del Círculo de Labradores, rezaron una salve en el convento de Los Remedios, hoy Museo de los Carruajes, donde una placa colocada en 1919, un año antes de rotular la calle con su nombre, recuerda la gesta.“El día 10 de agosto de 1519 salieron de esta margen del Guadalquivir y sitio llamado Puerto de Mulas las naves Trinidad, San Antonio, Concepción, Santiago y Santa María de la Victoria regidas por Hernando de Magallanes con el intento de hallar el Estrecho que ponía en comunicación el mar del Sur con el mar del Norte. El día 8 de septiembre de 1522 logrado aquel grandioso empeño la Santa María de la Victoria gobernada por Juan Sebastián del Cano regresó sola y maltrecha a la misma margen en el mismo puerto, después de haber dado por primera vez la vuelta al mundo”. Y remata con un elogio a los “valerosos nautas”.

Para que Elcano figure en el callejero de Sevilla, en lugar tan próximo donde empezó todo y donde volvieron tan pocos, tuvo que convertirse en un aliado de la fortuna. Hasta en cinco ocasiones se le apareció en el viaje alguna de esas Vírgenes. Milagros que enumera el americanista Salvador Bernabéu en su trabajo Juan Sebastián Elcano. La hazaña de la incertidumbre (Andalucía en la Historia). Tuvo que pasar que le dejaran embarcar pese a haber cometido el grave delito de vender un barco a extranjeros en tiempos de guerra; que salvara su vida pese a participar en el motín contra Magallanes en la Patagonia;que su estado febril le retuviera en el lecho, librándolo de la batalla en la que perdió la vida el marino portugués en las Filipinas y de la encerrona del convite del rey de Cebú; que relevaran por sus turbios negocios y navegación sin rumbo al portugués Carvalho; y que las pesquisas de los agentes de Carlos V no encontraran en Elcano nada alevoso. Tiene calle rumbosa, galones de asfalto para quien perdió la vida cuatro años después en aguas del Océano Pacífico.

En cinco días partirá la memoria de los cinco siglos de la marcha de las naves del puerto de Sanlúcar de Barrameda. Una sucesión de tiempos para los que sería necesario recurrir al reloj inglés del Círculo de Labradores, el objeto más antiguo según el inventario de Rocío Plaza Orellana.

La calle Juan Sebastián Elcano une la plaza de Cuba con el real de la Feria. Del Labradores al Mercantil en un Oxford-Cambridge del señorío. El Círculo de Labradores y Propietarios data de 1859. En 1917 Alfonso XIII le dio el título de Real y en 1962, con la mano del arquitecto Joaquín Díaz Langa, estrenó sus instalaciones deportivas junto a la dársena del Guadalquivir. El mejor mirador para apreciar las dimensiones de la proeza, una Sevilla de la que enfrente sólo existían la Catedral recién terminada con el alminar pegado al cielo y la Torre del Oro. Aníbal seguía siendo un caudillo cartaginés.

Es una calle yeyé, y no porque muy cerca estuviera el club Dom Gonzalo que abrió Gonzalo García Pelayo en los años sesenta, una década fundamental para la actual configuración de esta calle. Por orden cronológico, en 1962 el Labradores estrena sus instalaciones deportivas; en 1964 se establece en la calle la Fábrica de Tabacos, que una década antes había visto cómo a su antiguo solar empezaban a llegar las primeras Facultades procedentes de la calle Laraña.

En 1965 se produce la primera salida procesional desde su capilla en el mismo edificio de la tabaquera de la hermandad de las Cigarreras, cofradía del mismo siglo de Elcano y Magallanes, fundada en 1563, cuatro décadas después de la gesta, y que tiene como titulares al Cristo de Columnas y Azotes y Nuestra Señora de la Victoria, coronada el año pasado, una talla del siglo XVII con el mismo nombre de la única de las embarcaciones que volvieron a “la misma margen y en el mismo puerto”. Las Cigarreras sale el Jueves Santo, tiene una banda de música de sobrada reputación que sale casi todos los días de la Semana Santa. Como el Labradores, la hermandad de las Cigarreras tiene el título de Real, desde que nombró a Isabel II camarera mayor perpetua.

En 1966, con doce años, llega Antonio Cuder al bar Toro, toda una institución en la calle. Más de medio siglo después, sigue al pie del cañón, con su hija Lourdes en cocina, su hijo Gonzalo en las mesas y una vorágine espléndida de charlas y pitanzas en la mejor de las concordias. Toro era el apellido del anterior propietario. El local lo llevó primero un tío de Cuder, Emilio, después su padre y ya hay una tercera generación en el horizonte. El actual timonel de la barca de pavías y espinacas con garbanzos aparece fotografiado con José Coronado, Jesulín de Ubrique o Carlos Herrera. Hay clientes de paso, como los que vienen del hotel Montecarmelo a degustar sus especialidades; y los parroquianos de toda la vida, como el fotógrafo que nació y creció en el tercer piso y ahora ya con familia ocupa el cuarto que fue de su abuela. Todo es generacional.

En 1968 se producen dos acontecimientos fundamentales en la historia de la calle: Manuel Ferrand gana el premioPlaneta con la novela La noche a cuestas, único sevillano que lo ha conseguido. “Venía por el bar a tomar café”, dice Cuder. “El protagonista de su novela está inspirado en un vigilante de la Fábrica de Tabacos que se cortó la mano con una máquina”. La Fábrica de Tabacos –de Cigarrillos se lee en otro rótulo– abrió en 1966 y cerró en 2007. El tabaco mata. El abandono también. Cuder la conoce bien por dentro. Durante ocho años llevó la cafetería. Ese mismo año de 1968, Franco vino a Sevilla para inaugurar el puente de Los Remedios, entonces del Generalísimo. Cinco años después en la parte del parque inauguraron la estatua de Juan Sebastián Elcano, obra de Antonio Cano; al otro lado del puente la Glorieta de Alféreces Provisionales hizo honor a su nombre y ahora es la Glorieta de las Cigarreras.

Juan Sebastián Elcano es una de las cinco calles que parten de la plaza de Cuba: con Asunción, las dos que llevan a la Feria desde 1973; una hasta la portada, la otra a la zona que corresponde a las primeras casetas y las lanzaderas de Tussam. En la plaza de Cuba arranca con uno de los cuatro edificios, rematado con el símbolo de Tío Pepe. Del fino a la manzanilla, gentileza de Jerez con Sanlúcar en puertas del quinto centenario sanluqueño. Completan el pentágono de calles Betis, Génova y República Argentina. La sociedad civil rinde homenaje en la plaza a los participantes en la pionera circunnavegación con una esfera armilar.En el Labradores ya preparan una placa para conmemorar este nuevo quinto centenario. Muestra el lugar elegido Ramón Pozas, conserje de la institución. Está nublado, pero hay gente en la piscina. En la cafetería, pausada lectura de periódicos con el río como decorado y vitrinas con placas náuticas de Cambridge, Orio –muy cerca de Guetaria– o Coruña. Junto a la placa, una réplica del ancla del cañonero minador Eolo, dios del viento con cuyo nombre bautizó Bach una de sus sonatas. La donó la Armada Española al Círculo de Labradores.

Por Juan Sebastián Elcano se llega a la trasferia. En la esquina con Fernando IV, calle del barbero de Silvio, el Sancho Panza, bar que suena y huele a duelos y quebrantos. En la calle tiene su despacho Óscar Cisneros, decano del Colegio de Abogados. Un bufete ofrece Cláusula Suelo, Gastos Hipotecarios, Divorcios, Accidentes de Tráfico. La calle se bifurca por un fallido subterráneo que debía unirla con Betis.El Labradores corresponde al número 1 y los siguientes hasta el 11 a la Fábrica de Tabacos. En los impares, sitios de copas como London, Kame House, Abacería El Rincón de las Cigarreras y El Desván, con explanada abierta a Monte Carmelo. El viaje es largo y hacen falta víveres.

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