Sevilla

El placer de volar desde tierra firme

  • El Club de Aeromodelismo RC Saeta es un referente en la ciudad para los aficionados a este deporte

Ser pilotos sin pisar la cabina de una aeronave, lograr volar sin ascender de tierra firme y llegar a tener verdaderos conocimientos en ingeniería aeronáutica sin pasar por la Universidad son algunos de los privilegios que los aficionados al aeromodelismo consiguen obtener con la práctica de este deporte. "Cuando vuelas estás en tensión total. Hasta que no aterrizas no sueltas esa adrenalina. No puedes distraerte ni una fracción de segundo con una maqueta de avión a 180 kilómetros por hora", comenta el presidente del Club de Aeromodelismo Saeta, José Manuel Paris.

Fundadores de la primera pista de tierra ideada para el aeromodelismo en Sevilla, esta asociación sin ánimo de lucro desarrolló sus primeros años de actividad en Tablada, durante algo más de una década, cuando aún no estaba formado el club. Hace unos cinco años se consolidaron como club, y tras serles cedidos unos terrenos detrás del Alamillo, el club creció y se asentó como tal, lográndose mayores avances y medidas de seguridad.

De la pista de tierra inicial (de 175 metros por 16 metros de ancho) el año pasado se pasó a una de asfalto, "con una parte con vallas, una malla de seguridad y unas medidas de 250 metros de longitud por 16 de anchura, lo que la convierte en una de las más grandes de Andalucía", explica Hermenegildo Lozano, responsable de campo y experimentado profesor de vuelo del club.

A lo largo de los años, los socios han ido aumentando (hasta los 180) y son muchos los aficionados pertenecientes a la asociación que a diario pasan por sus instalaciones: "Los fines de semana nos concentramos muchísimos aficionados. Llueva o haga calor, no faltamos a la cita", reseña el presidente del club, quien destaca la complejidad que tiene este deporte que para algunos de los que se inician "es tan sólo un juego. Un error de base que, además, puede poner en peligro a las personas. Aquí llegan pilotos profesionales que nos confiesan que mantener el control de la maqueta desde tierra es más difícil que pilotar una nave real en el aire".

Para volar con estas reducidas réplicas de aeronaves es necesario poseer el carné de la Federación de Deportes Aéreos y el seguro. "Hay que tener en cuenta que hay mucho principiante que cree que puede volar en cualquier parte y eso no es así, ya que si el avión se estrella contra el suelo a 80 kilómetros por hora puede causar una desgracia", destaca París.

Los que hasta el Club Saeta se acercan deben saber que las clases o entrenamientos les serán impartidos gratuitamente y que "el buen ambiente está garantizado". Entre las actividades que anualmente se celebran la principal es el Día del Club, donde los aficionados se concentran, se realizan concursos de vuelo y exhibiciones acrobáticas, "en las que hacemos volar cosas que parecen imposibles que vuelen", comenta Hermenegildo, amante de este deporte, que "desde la adolescencia fabrico y diseño mis propios aviones, algunos tan curiosos como el Aerofighter o el transbordador espacial Columbia. Ya tengo unos veinte".

Diferentes tipos de aviones (de combate o civiles -fumigadores, de rescate, transporte...-, entre otros) planean sobre las pistas de un club que pretende desmitificar que éste sea un deporte caro y que pretende, en un futuro próximo, acercarlo a los más pequeños a través de visitas a la pista.

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