Un, dos, tres, pollito inglés

El Centro Cívico Torre del Agua realiza un taller para los más pequeños donde aprenden los juegos populares, los de siempre

A. Fernández

24 de febrero 2009 - 05:03

"Era un gran plaza abierta, y había olor a existencia. Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo. Un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano...". Una placa recuerda a la entrada del Centro Cívico Torre del Agua el centenario del nacimiento del escritor Vicente Aleixandre. Al leer estos versos es inevitable acordarse de aquellas tardes de salto a la comba, de escondite o de carreras en la plaza del barrio. Unos juegos infantiles que ha querido rescatar esta plaza del Porvenir gracias al taller de Juegos Populares que se imparte en élla.

Éste es el tercer año que se celebra el taller nacido de una propuesta ciudadana en los Presupuestos Participativos. Tanto el Centro Cívico Torre del Agua como el Centro Cívico El Esqueleto acoge esta iniciativa cada 15 días.

Inmaculada Parreño y Elisabeth Ramírez son las animadoras socioculturales encargadas de enseñarles a los más pequeños los "juegos de toda la vida". Un divertimento cada vez más olvidado porque "los críos están mucho tiempo en su casa jugando a los videojuegos o con el ordenador. Hemos perdido la calle como espacio de juego", explica Inmaculada Parreño.

Desde el yo-yo, la comba, el diábolo o el aro, pasando por juegos colectivos como la rueda churumbé, el pollito inglés o el escondite, la veintena de niños participantes en este curso, de 3 a 8 años, aprenden gracias a estas animadoras los juegos que antes se aprendían en la calle.

La sesión de entretenimiento comienza con las manualidades. En la de la semana pasada, y con motivo de los carnavales, consistió en la fabricación de unas plumas de indios. Con plumas incluidas los más pequeños dejaron la sala, -"donde si hace mal tiempo nos quedamos y jugamos dentro", explica la monitora- y salieron en fila a la plaza para comenzar a jugar.

Ese día tocó la gallinita ciega, el pañuelito y el paracaídas. Una hora y media de diversión en la que los padres que lo deseen pueden participar y lo cierto es que, en ocasiones, es difícil distinguir quién lo pasa mejor, si los niños o los adultos.

"Es muy importante para la educación de los niños que jueguen en la calle, que se interrelacionen, además, al ser niños de distintas edades también aprenden los unos de los otros y los mayores ayudan a los más pequeños", resaltó David Rus, uno de los padres que más tiempo lleva participando en este taller con sus hijos Adrián (5 años) y Laura (2 años).

Paula tiene 3 años y es la segunda vez que asiste al taller. Su madre, Rosa Ana Romero, dice estar "encantada" con esta actividad en la que su hija puede relacionarse con niños y compartir los juegos con ellos, "unos juegos que los hacen más sociables y que hoy es muy raro verlos en la calle, quizás por el miedo que tenemos los padres a que les pase algo".

María Luisa (4 años) y Ana Belén (2 años) también asisten al taller acompañadas de su madre, Pepi Pérez. "En casa siempre juego con ellas e intento buscar algo que les pueda resultar atractivo, no violento, y que las aparte de las horas muertas delante de la televisión", afirma.

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