El proyecto podría recuperar la altura de las antiguas naves del astillero
Patrimonio
Se trataría de recuperar la cota cero en la que se construyeron las Atarazanas en 1252.
Pocos datos han trascendido sobre los criterios o el modelo que se aplicará para la puesta en valor de los astilleros medievales. El consejero de Cultura, en su primera comparecencia tras el anuncio del acuerdo alcanzado entre la Junta y La Caixa, no quiso desvelar si finalmente se retomará el proyecto que Guillermo Vázquez Consuegra diseñó para el Caixafórum en las Atarazanas (con un coste previo de 25 millones de euros) o se optará por otro más asequible a los actuales tiempos y a la inversión de 10 millones por parte de la entidad financiera.
Lo único que ha trascendido hasta el momento es que una de las posibilidades que se baraja es recuperar la cota cero del antiguo astillero. Así lo confirmaron fuentes relacionadas con el proyecto a este periódico, que precisaron que de esta forma las naves de las Atarazanas, que hoy día están semi enterradas en albero al crecer la cota del entorno, podrían contemplarse con la altura con las que fueron concebidas en 1252 durante el reinado de Alfonso X El Sabio.
En el proyecto de Vázquez Consuegra se contemplaba que las siete naves góticas que se conservan -de las 17 que tuvo en su día- se convirtieran en un espacio público techado donde se celebrarían exposiciones, es decir, una especie de ágora cultural con entrada por la calle Dos de Mayo.
Desde que las Atarazanas pasó a manos de la Junta en 1993, tras vendérsela el Ministerio de Defensa por 3,7 millones de euros, la Administración autonómica aún no ha conseguido darle un uso fructífero para la ciudad. En un principio se barajó la posibilidad de que fuera la sede de la Consejería de Hacienda, pero pronto surgieron voces reclamando que por su legado histórico sirviera de contenedor cultural. Dicho uso no se especificó hasta 2009, cuando se firma la cesión a La Caixa para que ubicara allí el Caixafórum.
La absorción de Banca Cívica (integrada por Cajasol) por parte de la entidad catalana puso fin a dicho proyecto al trasladarse a la Torre Pelli, una "herencia" recibida tras esta fusión. El nuevo acuerdo entre la Administración regional y La Caixa es un soplo de esperanza para un recinto que, pese a su importancia histórica y su ubicación estratégica en pleno centro, aún no ha tenido un uso definitivo. Un edificio que en cualquier otra ciudad sería referente cultural de primer orden.
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