Calle Rioja

En rinoceronte de París a El Portón

  • Memoria. Joaquín Arbide eligió uno de los escenarios, La Carbonería, y uno de los personajes, Gonzalo García Pelayo, de su último libro para presentar ‘La Sevilla golfa’

Joaquín Arbide, primero por la derecha, con los hermanos Gonzalo y Javier García Pelayo y David González Romero. Joaquín Arbide, primero por la derecha, con los hermanos Gonzalo y Javier García Pelayo y David González Romero.

Joaquín Arbide, primero por la derecha, con los hermanos Gonzalo y Javier García Pelayo y David González Romero. / Belén Vargas

PACO Lira se sale de la página 87 del libro La Sevilla golfa (ElPaseo), le pide la venia a Luis Caballero y Naranjto de Triana y la guitarra a José Luis Postigo y se pone a tocar con los arpegios del tiempo. La Carbonería es uno de los muchos escenarios del nuevo libro, el 23 ó el 24, de Joaquín Arbide, que allí lo presentó con Gonzalo García Pelayo de padrino. Si fuera una boda, faltó la madrina. Amparo Rubiales se excusó mediante un correo “no sé si por el frío o por los resultados electorales”, en sus palabras.

Historias de una ciudad que se liberó a sí misma. El subtítulo del libro llevó a García Pelayo a felicitar al autor por elegir a personajes populares –Silvio, Garmendia, La Esmeralda, Pepe Guzmán– en las antípodas de “una clase media cultural a la que siempre he procurado molestar y que me ha echado dos veces de Sevilla”. Arbide le devolvió el halago y juntos se fueron a los tiempos de Dom Gonzalo, la sala de Los Remedios de la que salió Smash y que cerró Utrera Molina “cuando se enteró de que allí se reunía el PSOE”. Pablo Juliá, presente en La Carbonería, dio por bueno el recuerdo de ese espacio donde Paco Cervantes ponía música de los Beatles y aparecían negros de la base americana para bailar con música de Otis Reding.Arbide forma con Garmendia y Aizpuru una terna de mosqueteros sevillanos con apellidos vascos. En el libro hay menos sables que sablazos y con el pavía de bacalao y la pavía de merluza se adelanta al lenguaje inclusivo de lo políticamente correcto.

La noche estuvo llena de guiños, como el viaje de García Pelayo desde París hasta las mesas de El Portón, en la calle General Polavieja –el único sable del libro– para contarle a Arbide que había visto en una sala de la Ciudad de la Luz Repulsión de Polanski y que Sevilla debería contar con una sala de arte y ensayo. “Si aquí no pasamos de Marisol en Rumbo a Río”, le contestó Arbide, de quien su interlocutor del Portón y ayer de La Carbonería ignoraba que hubiera dirigido El Rinoceronte de Ionesco con los mismos propósitos con los que él hacía cine, música y lo que fuera para desepatar a la burguesía.

“Yo siempre creí que la había dirigido Alfonso Guerra”, le dijo Gonzalo. “Alfonso dirigió un par de obritas, pero es más triste que La Casa de la Pradera”. A García Pelayo le ilusiona mucho que aparezca en el libro la portada del disco que produjo de La Murga de la Alameda, con Manolín, Escalera, Oliveira y Pepineli.Coincide la presentación del nuevo libro de Joaquín Arbide con las bodas de oro del grupo Tabanque que fundó en el crepúsculo de los sesenta. Testigo excepcional de ese tiempo, compartió curso en el san Isidoro con Felipe González, que emuló al conde de Montecristo saltando por una ventana de la clase. Fue alumno de Agustín García Calvo y cómplice de una insólita redada policial por leer a Parménides.

Don José García, conocido como Currinchi, dueño del Oasis, era cliente de Melado y acogió a Tabanque para presentar en su local la obra Flores, mujeres y pitanzas, versión de la obra de la dramaturga catalana María Aurelia Capmany. Una Sevilla “descarnada”, en palabras de su editor, con personajes que todavía no han sido, palabra de nuestro tiempo, blanqueados por la burguesía o lo que quede de ella para incorporarlos a los altares de la Sevilla eterna. Con imágenes insólitas como el cadáver de Silverio Franconetti evacuado en una caja de pianos de Casa Damas o Pepe Pinto de crupier antes de unir su vida a Pastora Pavón.

Arbide ha hecho teatro, radio y sesentismo, Heródoto de los sesenta. Rinde tributo a Barrios, Burgos, Martínez Velasco y Juan Carlos Alonso y juega a la ambigüedad con los toros y los cuernos. Celebra que no haya fuera de juego en la tauromaquia. En ese caso, la presidencia, antes de conceder o negar las orejas, tendría que recurrir al VAR y Arbide hacer una edición corregida de Sevilla en los Vares.Pisco y Sergio Lira representaron la memoria de su padre, aquel último mohicano que tuvo La Cuadra en la actual piscina del hotel Los Lebreros y después abrió El Farol Azul en Amor de Dios. En el libro suena música de Brassens y Melina de Camilo Sesto y en el acto el recuerdo de Benito Moreno y su canción ‘underground’ El Rinconcillo.

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