Lo que no sólo está en los libros
calle rioja
Simbolismo. Viaje a la Transición y sus protagonistas por la biblioteca Felipe González Márquez, paseo Juan Carlos I y la Avenida Presidente Adolfo Suárez, antes Carrero Blanco.
Los vimos desde el coche. Los alumnos de las Mercedarias de San Vicente iban por Torneo camino de la Biblioteca Felipe González Márquez. Yo le había explicado a mi hijo Paco, uno de los expedicionarios, que su madre y yo nos casamos en 1989, en el paso del ecuador de los catorce años que estuvo Felipe en la presidencia del Gobierno. Llevaba en el coche a mi hija Andrea a una rutina médica en la avenida Presidente Adolfo Suárez, justo frente a la portada de Feria. Suárez le daba fuego a Felipe, sevillano de Bellavista, en una foto que dio la vuelta al mundo. Participaban en la onomástica del rey Juan Carlos el 24 de junio de 1977, víspera de la primera Copa del Rey que ganó el Betis al Athletic de Bilbao, una tradición, la de ganarle a los leones, que se mantiene casi cuarenta años después.
La biblioteca Felipe González Márquez está junto al paseo Juan Carlos I. Adolfo Suárez fue presidente del Gobierno entre 1976, sucesor de Carlos Arias Navarro, y 1981. El primer presidente nombrado por el Monarca, ya que a Arias Navarro lo designó Franco después del atentado mortal contra Luis Carrero Blanco, que ocupaba en el callejero sevillano la avenida que hoy rotula el nombre del abulense que fue gobernador civil de Segovia. Suárez, González y el rey Juan Carlos, tres mosqueteros de una Transición (de D'Artagnan podrían hacer Carrillo, Torcuato Fernández-Miranda o el cardenal Tarancón) de la que se han burlado los parlamentarios de la CUP que rompieron en público fotos de Felipe IV, que tenía nueve años cuando Felipe y Adolfo, presentes en una biblioteca y una avenida de Sevilla, visualizaron en la fotografía del mechero la normalización democrática.
El callejero es una especie de santoral laico en una ciudad que vive y se explica en las paradojas. Esta semana está llena de ellas. ¿Habrá un artista más ajeno al academicismo que Manuel Salinas? Universal y de barrio, casi de calle, vecino del Holiday, hoy pronuncia su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, que versará sobre El arte por el arte. La invitación la cursa Isabel de León Borrero, marquesa de Méritos, presidenta de la institución, y le responderá el pintor y académico Juan Fernández Lacomba.
En el centenario de su Cabalgata, el Ateneo de Sevilla invita mañana a un conferenciante que se ha movido entre mítines, cátedras, manifestaciones y quinarios. Isidoro Moreno, catedrático emérito de Antropología Social, fue candidato de lo que canónicamente se conocía como la extrema izquierda (en buena lid, una izquierda extrema no conforme con los límites de la convencional) en varios procesos electorales. Habla mañana de La Virgen de los Reyes (Magos). Un enunciado equívoco, sugerente, que alude a una antigua advocación de muchas cofradías de negros (Isidoro es de los Negritos), tanto en Sevilla como en otros lugares de Andalucía y América. Isidoro era el nombre de trinchera de Felipe González Márquez en la clandestinidad. Sus Reyes también fueron magos.
El martes y 13 fue un tándem perfecto para presentar en la Fundación Valentín de Madariaga (antiguo pabellón de los Estados Unidos de la Exposición de 1929) el libro de Ana Ortiz Mondrian, una obra para jugar y aprender con el pintor Piet Mondrian. Lo presentó el escritor y director de orquesta José Carlos Carmona. Semana pródiga en presentaciones de libros y en lugares poco habituales. Juan Antonio Romero ha elegido la capillita de San José para presentar su novela Un Murillo para una conjura; Sergio González vuelve al escenario de su novela, Garduña, a presentar en el bar La Muralla, mercado de Triana, esa historia ambientada en escenarios como el castillo de San Jorge donde tuvo su sede la Inquisición. Como en la ópera, los mitos siempre vuelven a sus escenarios.
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