La tijera que nunca usó el censor

Calle Rioja

El peluquero Manuel Melado despidió la primavera firmando ejemplares de su último libro en el Mercantil.

Manuel Melado posa tras la presentación de su último libro.
Manuel Melado posa tras la presentación de su último libro.
Francisco Correal

22 de junio 2011 - 05:03

Qué tienen en común Antonio Melado y Michael Douglas? El peluquero es hijo de peluquero (Manuel Melado Prado) y el actor es hijo de actor (Kirk Douglas, nacido Issur Danilovitch Demsky). Hay otra conexión además de esa genética del oficio. Melado jr. y Douglas jr. son galeses consortes. El peluquero se casó con Hellen en Llandudno, ciudad natal de Lewis Carroll, el matemático que escribió Alicia en el país de las maravillas. Y a Gales fue toda la familia con Melado padre al frente. Kirk Douglas es suegro de la actriz Katherine Z Jones, nacida en la población galesa de Swansea, cuyo equipo por primera vez va a participar en la Liga inglesa. Si lo hiciera en la española, cada vez que visitara Heliópolis los nombres de sus jugadores los pronunciaría por megafonía Manuel Melado, que a sus múltiples dedicaciones une la de speaker oficial del Betis, que no es sino una consecuencia de su pasión por la poesía.

Melado presentó en el Círculo Mercantil su último libro, Entre la nostalgia y la sonrisa. Rosa y Esperanza García Perea, editoras de Jirones de Azul, no salían de su asombro. A final de mes, entre predicciones catastrofistas, en plena recogida de pancartas de las manifestaciones del 15-M, con la primavera agonizando en un réquiem de sevillanas, este peluquero se pasó media hora firmando ejemplares de un libro que sabe a selecta nevería y a tonadilleras de postín, a cartilla de racionamiento pasada por la memoria condescendiente de un aprendiz involuntario de Marcel Proust.

El doctor Melado tiene su gabinete en la calle Amor de Dios. Un observatorio privilegiado de la ciudad. En esa calle está el último cine de Sevilla (el Cervantes) y el primer instituto de Andalucía (el San Isidoro, del que fue alumno el Nobel Severo Ochoa), amén de una funeraria en la que todavía se escribe a máquina porque los muertos practican la mecanografía. Entre el público se encontraba el propietario de la empresa de pompas fúnebres.

Las compuso hace veinticinco años, pero hay sevillanas de Melado que todavía las baila y las sabe la gente de memoria, hit-parade de bautizos, bodas y comuniones. Su hijo es peluquero bilingüe por su romance gaélico, y cuando atiende un cuero cabelludo anglosajón, su padre hace la traducción en soleá de Triana, otra de sus especialidades. A algunos de sus clientes los convierte en prologuistas de sus libros: les pasó a Juan Eslava Galán y Juan Emilio Ballesteros (que prologó la novela erótica que Melado presentó en el hotel Inglaterra) y me incorporé yo mismo al prólogo de este libro cuya mezcla, nostalgia y sonrisa, asocio con las películas de Billy Wilder. También lo han sido Paco Robles, Ángel Vela, Antonio García Barbeito, y de su próxima obra, El barbero de Sevilla, ya tiene apalabrada la firma de Félix Machuca.

Ya saben que la religión tiene sus santos y la cultura sus santones. Cuando alguien se salta el santoral, lo ignoran o lo miran por encima del hombro. Por eso yo terminé mi presentación de la obra de mi peluquero con la frase de una novela de Ernesto Sabato: "No hay temas grandes y temas pequeños, asuntos sublimes y asuntos triviales. Son los hombres los que son pequeños, grandes, sublimes o triviales. La misma historia del estudiante pobre que mata a una usurera puede ser una mera crónica policial o Crimen y castigo".

Melado ha pasado de la mecanografía a la informática. Para conocer los pormenores de las máquinas diabólicas, sobornó a un técnico de ordenadores con una ración de calentitos en la churrería La Esperanza, muy cerca de la plaza de Montesión donde tuvo una de sus peluquerías. Melado mandó un libro de poemas a la editorial Planeta que nunca le publicaron. No es rencoroso y le arregló el pelo a José Manuel Lara cuando vino a la primera edición del premio Ateneo de novela. Se lo recomendó su peluquero particular, Pascual Iranzo.

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