Granada-Sevilla (2-1) Sin pegada ni continuidad, el primer traspié de pretemporada

  • El Sevilla, con pruebas en el dibujo del 4-3-3 al 4-4-2 por los problemas en la salida y la profundidad, cae ante el Granada y ya sabe lo que es la derrota con Lopetegui

Corchia encima a Machís durante un lance del partido. Corchia encima a Machís durante un lance del partido.

Corchia encima a Machís durante un lance del partido. / Pepe Torres / EFE

El Sevilla de Julen Lopetegui encajó la primera derrota de la pretemporada en Granada, donde sufrió la atosigante presión del equipo de Diego Martínez. El partido, que se repetirá oficialmente dentro de dos semanas, fue un buen banco de pruebas de lo que espera a los sevillistas en la competición, un rival agresivo ante su gente que aplicó la misma medicina de la presión alta que el Sevilla estaba dando a sus anteriores rivales, con la incidencia de un arbitraje algo irregular en el rasero, un inconveniente que debe arrostrar el grupo y que se puede encontrar en cualquier cita liguera.

Dejó algunas notas positivas el encuentro, sobre todo por parte de los más jóvenes: la valentía de Koundé para sacar el balón e ir al choque y el cruce con arrestos; el dinamismo y las ganas de Pozo;el buen momento de forma del campeón de Europa Bryan... Pero también notas negativas: los problemas en la salida del balón por el ineficaz escalonamiento de los mediocampistas, la tardía conexión por dentro de dos hombres de calidad como Banega y Óliver Torres; la falta de profundidad y fuerza en las bandas y los laterales; y la escasa pegada.

El Sevilla partió con el clásico 4-3-3 de Lopetegui y cambió a un 4-4-2 con el que el técnico buscó una mejor asociación de sus hombres de ataque. Las permutas en el centro del campo y la delantera, sobre la media hora, llegaron ante el atasco que estaba sufriendo el Sevilla por la presión del equipo de Diego Martínez y los errores en la salida de la pelota, sobre todo tras dos fallos en la entrega arriesgada y vertical de Koundé. El francés, no obstante, salvó los muebles un par de veces gracias a su confianza para imponerse en el área.

Ese cambio de dibujo también buscó una más fructífera simbiosis de Dabbur y Munir. El primero cada vez demuestra más que le cuesta ser ese 9 de referencia que querría Lopetegui para su 4-3-3, aunque sí se desenvuelve bien buscando y dando apoyos en tres cuartos. Y el segundo tampoco acaba de hacerse al puesto de extremo zurdo, donde le falta fuerza para romper dado que es más futbolista de asociarse para llegar. De hecho, juntos ambos arriba tras esa permuta de posiciones propiciaron la mejor ocasión de la primera parte, un robo adelantado de Dabbur, que le dio un gran pase a Munir, quien recortó al meta Rui Silva y, con la derecha, no fue capaz de superar al defensor sobre la raya de gol. Fue en el minuto 42.

Anteriormente, sobre el dibujo clásico de 4-3-3, al Sevilla le costó sacudirse la atosigante presión del Granada. En esa primera fase la mejor ocasión llegó por una ruptura de calidad de Óliver Torres en el pasillo del 8. El madrileño ganó metros, abrió a Pozo y el centro de éste llegó a Munir en el área, pero optó por el recorte y la búsqueda del compañero antes que por el disparo y se perdió la primera gran oportunidad (minuto 12). De nuevo Munir tuvo otra oportunidad de abrir el marcador, tras un gran cambio de orientación de Banega a Escudero. Su disparo de diestra acabó en córner (23’).

Con todo, el juego fue discontinuo, por la presión del rival y por las fricciones en los balones divididos, con un dispar criterio del árbitro, que amonestó muy pronto a Gudelj y Banega. El argentino, para deshacer ese entuerto en la salida de la pelota, retrasó su posición a la de dorsal 6, con Óliver Torres terciado a la izquierda, Pozo en la derecha y los dos puntas arriba.

Ahí sí empezó a hilvanar más juego el Sevilla, a arreones, puesto que no terminaba de romper por fuera, pese a los intentos de Pozo, y también echaba de menos más conexión en los tres cuartos, aun con el voluntarioso Dabbur.

El Granada arreció su presión tras el descanso y logró adelantarse con una de las especialidades de Diego Martínez –fue clave en su etapa sevillista junto a Unai Emery–: Germán marcó de córner en colaboración de Vaclik, que fue a blocar muy confiado. Ahí volvió el Sevilla al 4-3-3, más pausado, con Koundé sacando bien la pelota y Banega y Óliver Torres conectando, ahora sí, por dentro en posiciones adelantadas. Bryan puso la chispa que faltaba y el Sevilla acosó y empató, gracias a un córner, éste sí, bien sacado por Banega y cabeceado por Diego Carlos como si fuera un martillo.

El Sevilla arremetió con ganas en busca del triunfo, con Bryan apareciendo por todo el frente del ataque e incluso acercando el 1-2 en un gran disparo de zurda que desvió a córner Aarón. Pero fue el Granada el que logró hacerse con el trofeo, en el alargue, con otro testarazo, un gran remate de Adrián Ramos tras un centro hacia dentro pasado. El Sevilla de Lopetegui ya sabe lo que es perder.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios