Derbi Sevilla-Real Betis

Jesús Navas y Joaquín, carriles al paraíso

  • Jesús Navas y Joaquín, los grandes iconos de Sevilla y Betis en el siglo XXI, coinciden también en sus nuevos registros tácticos tras el regreso

Jesús Navas y Joaquín, en los últimos premios del portal El Desmarque. Jesús Navas y Joaquín, en los últimos premios del portal El Desmarque.

Jesús Navas y Joaquín, en los últimos premios del portal El Desmarque. / M.G.

Aquellos sueños esféricos con un balón cuarteado bajo la cama versaban sobre goles y regates imposibles, sobre copas de oro alzadas al cielo. Y sobre todos ellos, flotaba el sueño vinculado al corazón: acabar investido como ídolo del club de tus amores, con el brazalete ceñido al brazo, tras años y años de sudor, victorias y derrotas. No cabe historia de amor más hermosa en el fútbol. Y bien que lo saben, y lo disfrutan, el sevillista Jesús Navas y el bético Joaquín, dos futbolistas colosales que se resisten a irse y que la historia los enmarque como merecen. Volverán a coincidir en un derbi, es posible que se den la mano ante el canario Hernández Hernández para el protocolario sorteo y se harán una sincera carantoña. No caben personalidades más opuestas, pero en ese instante, en esa mirada fugaz, les parecerá mirarse al espejo.

La primera similitud está enterrada en un campo de polvareda. Joaquín, que vio la luz en El Puerto de Santa María el 21 de julio de 1981, ingresó en los escalafones inferiores del Betis en 1997, con 16 años; ganó la Copa del Rey juvenil en el 99 junto a los Arzu, Dani o Doblas, y tanto despuntaba ese rubillo extremo zanquilargo, que apenas jugó 26 partidos en el filial antes de que Fernando Vázquez lo reclutara para el equipo que acabó ascendiendo a machetazos en la campaña 2000-01.

Jesús Navas, que es algo más de cuatro años más joven (21-11-1985) que su colega, también empezó a regatear contrarios y charcos cuando su rodilla apenas asomaba por detrás del balón en sus eléctricas conducciones. Lo del palaciego, como lo de Joaquín, también fue fulgurante: firmó ante Pablo Blanco a los 15 años y Joaquín Caparrós lo hizo debutar en Primera División el 23 de noviembre de 2003. Había cumplido la mayoría de edad dos días antes. El ídolo verdiblanco debutó con su Betis el 3 de septiembre del 2000 en Santiago de Compostela. Con 19 primaveras.

Años y más años

Ambos son, pues, los símbolos más preclaros de sus respectivos clubes en el siglo XXI. La hoja de servicios que atesoran es apabullante. Navas ha jugado nada menos que 12 temporadas de blanco. Y eso, en este fútbol millennial, es una gesta redonda. Hace cuatro o cinco décadas no era rara avis ese jugador que entregaba su vida deportiva a un único escudo, como pasó con Pablo Blanco. Precisamente el último Dorsal de Leyenda sevillista sirvió durante 13 campañas y acabó con 342 partidos. El palaciego, con una temporada menos, supera en más de una centena de partidos (444) al bravo jugador salesiano.

Y Joaquín rompe moldes lo mismo que cinturas: el pasado jueves, ante la Real Sociedad, superó a Casillas en partidos jugados en Primera (511 por 510) y ya sólo tiene por delante en el ránking histórico a Zubizarreta (622), Raúl (550), Eusebio (543), Buyo (542) y Manolo Sanchís (522).

De los 512 partidos en Primera del internacional heliopolitano –también actuó el domingo pasado ante el Villarreal–, 297 han sido con su Betis del alma a lo largo de diez temporadas contando la presente. El periplo del gaditano antes de volver al nido ha sido más dilatado que el de Navas: nueve años repartidos entre Valencia (5), Málaga (2) y Fiorentina (2), mientras que el sevillista sólo estuvo cuatro campañas en el Manchester City antes de retornar.

El éxodo, en ambos casos, les sirvió para madurar y ampliar su cultura táctica. Navas tuvo en la Premier a entrenadores de primerísimo nivel como Pep Guardiola o antes Manuel Pellegrini, a quien también tuvo Joaquín en aquel Málaga al que le birlaron una semifinal de Champions en Dortmund. El ídolo bético también tuvo en Valencia a Unai Emery, entre otros.

Éxodo provechoso

Y abrir el abanico táctico trajo de vuelta a Sevilla a dos extremos de vocación que ampliaron sobremanera su área de influencia en el terreno de juego. Joaquín ya salía de su querencia a la cal en su primera época, cuando Víctor Fernández o Lorenzo Serra tiraban del factor sorpresa y lo reubicaban como segundo punta, en los pasillos interiores, para aprovechar su llegada y su gol, que es mucho. Y desde su vuelta en 2015, como su velocidad y cambio de ritmo otrora excelsos son ya simplemente buenos, Joaquín es una pieza multiusos, que lo mismo sale de revulsivo para servir tres centros mágicos desde la línea de fondo, que juega titular fuera de casa como apoyo al punta y se marca un jugadón –para el recuerdo la pasada Liga en Girona, donde gestó una maravilla para servir el 0-1 decisivo a Loren–. O demuestra que es un gran rematador, también de cabeza: así decidió el último derbi.

Sea como fuere, Joaquín es el líder espiritual del Betis. El hombre al que todos oyen y respetan en el vestuario. El primero que acude al árbitro a apretar, por su carisma en todas las capas que componen el tejido del fútbol español. El sábado, si Canales no puede jugar, tendrá más opciones de ser titular para salir a su aire, poner la pausa o acelerar desde sus tablas en el único estadio de España –tampoco ha hecho mucho por evitarlo desde las redes sociales– donde las cañas se le tornan lanzas.

Dentro de un ambiente francamente hostil, Jesús Navas le pondrá el contrapunto amistoso dándole la bienvenida. Luego, el enjuto atleta de Los Palacios actuará como lateral derecho. Porque él, como Joaquín, también ha sabido ampliar sus registros, como esos grandes actores que conmueven en los dramas y divierten en las comedias. Si en su primera etapa de blanco era un extremo punzante y sin desmayo, en la actual también ha acallado al más escéptico desde que sacó el manual de instrucciones que le dio Guardiola y empezó a trabajar la banda desde atrás, en defensa de cinco o de cuatro.

Uno con su timidez callada, el otro con su sonrisa de anuncio. Dos carriles distintos para llegar a ese paraíso que todos sueñan: entregar una vida de fútbol a tu equipo del alma. Y con el brazalete.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios