Sevilla FC

A por el Leganés con las energías que no hay

  • Tras cuatro empates, el Sevilla debe vencer a un equipo casi condenado si no quiere acabar rifando su plaza de Champions 

  • Que por fin medien seis días hasta el siguiente partido ante el Eibar puede atenuar las rotaciones

Lucas Ocampos, con Koundé (tapado) y Jesús Navas. Lucas Ocampos, con Koundé (tapado) y Jesús Navas.

Lucas Ocampos, con Koundé (tapado) y Jesús Navas. / LaLiga

Al Sevilla no le queda otra que pedalear con las energías que parece que ya le faltan. En plena ascensión a un puerto de categoría especial empieza a flaquear con seis kilómetros aún por delante. Una distancia enorme teniendo en cuenta la ventaja que conserva sobre sus inmediatos perseguidores. Bien haría la escuadra de Julen Lopetegui en sacarse un gregario de la manga para que rebañe las reservas de combustible. Que lo que no está en el músculo se halle en la mente. En el ardiente deseo de no dejarse arrebatar la plaza de Champions, un bien que ha detentado buena parte del viaje.

Determinación, firmeza. Si se quiere, casta y coraje. La que ha mostrado el Sevilla en la mayoría de sus salidas esta temporada. En casi todas se ha manejado con soltura, hasta con mando, y en casi todas ha pescado. Sólo se fue de vacío en la surrealista remontada del Eibar, en la no menos dolorosa de Vigo y en dos plazas donde siempre sucumbe, el Camp Nou y el Santiago Bernabéu. Ocurre que a veces, ha dado un pasito atrás que le ha costado el empate. Y hoy, unas tablas tendrían un sabor más amargo que nunca para el equipo que previsiblemente vestirá de rojo. Sería enlazar un quinto empate. Y abrirle de par en par la puerta a Villarreal, Getafe, Real Sociedad.

Julen Lopetegui percibe que el grupo está perdiendo pujanza conforme está jugando partidos en esta miniliga sin tregua. Ante el Betis el Sevilla dio una lección de ritmo y hasta voracidad, en La Nucía ante el Levante ya chirrió en el último cuarto de hora, ante Barcelona y Villarreal quedó patente que los suplentes bajan demasiado el nivel y, ojo, con el Valladolid la inquietud se multiplicó con el desgaste que evidenciaron titulares como Fernando, Ocampos o De Jong.

Departamento de Infografía Departamento de Infografía

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Por ello es probable que el preparador vasco dé descanso a alguno de los titulares habituales que cualquier aficionado sevillista quiere que juegue siempre. Y eso, en este Sevilla de apenas trece-catorce jugadores que mantienen el nivel de aspirante a Champions, es un riesgo con el que el equipo nervionense va a viajar de aquí al 19 de julio, cuando la visita del Valencia cierre esta extrañísima Liga.

Juega a favor de Lopetegui, por una vez, que entre el partido de esta noche en Leganés y la visita del Eibar en el Ramón Sánchez-Pizjuán mediarán seis días, lo que a los ojos de los sevillistas va a suponer un mayúsculo y reparador oasis, algo así como la visita a uno de esos resorts de superlujo en alguna isla del Oceano Pacífico. Hoy evaluará Lopetegui con su cuerpo técnico si conviene dar descanso a Fernando, por ejemplo, o pedirle un esfuerzo más teniendo en cuenta que la siguiente jornada será ya el lunes siguiente.

El Sevilla no se caracteriza por su torrencial llegada al área ni por rematar mucho y con peligro. Sus virtudes, que no son pocas y por eso ha morado en zona de Champions durante tantas jornadas, son otras: presión, buena ocupación de los espacios, sentido colectivo, buen gusto en el toque y sobre todo, la firmeza de su columna vertebral. Pero habrá de afinar en sus ataques y traducir en goles su juego, pues por ese atasco ofensivo ha dejado escapar ya demasiados puntos y los perseguidores no van a fallar siempre. De hecho, el Villarreal sólo lo ha hecho precisamente contra los sevillistas desde que la Liga volvió.

El Leganés tiene pie y medio en Segunda, como Mallorca y Espanyol, pero en las últimas jornadas, en Pamplona el sábado sin ir más lejos, mereció mejores resultados. Hoy van a apretar y jugar al límite, dentro de lo que le permitan las castigadas piernas. Y eso mismo debe hacer el Sevilla: sacar energías de donde no hay.

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