Sevilla - Athletic

La previa: El plebiscito más extraño

Rafa Mir y Koundé sonríen al pasar junto a los aspersores en una sesión con mucho calor.

Rafa Mir y Koundé sonríen al pasar junto a los aspersores en una sesión con mucho calor. / Juan Carlos Vázquez

Tiene pinta de plebiscito este clásico de la Liga con la que se echa el telón a la durísima y extraña temporada 2021-22 en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Está aún en juego el tercer puesto, un logro que no consigue el equipo de Nervión desde 2009 con Manolo Jiménez. Es más, en este siglo de plata y gloria, apenas lo logró dos veces: la susodicha y en 2007 con Juande Ramos. Y en toda la historia, apenas otras dos veces más: en 1944 y en 1970.

Pero el fútbol de hogaño mira más la economía que el honor deportivo y ya no importa tanto si el Sevilla queda tercero o cuarto, pues hace una semana ya se garantizó el maná de la Champions. Aún hay dinero en juego, pero en mucha menor cuantía que la que se dirime entre el cuarto y el quinto. Total, que la cosa queda en el Zamora de Bono... y en Lopetegui.

Sobre la pizarra. Sobre la pizarra.

Sobre la pizarra. / Infografía / E. F.

La propia patronal de clubes, al conceder a la plataforma televisiva que estire toda la parrilla para mayor gloria del Real Madrid y su descanso ampliado antes de la final de la Champions, le quita cartel de competitividad a una última jornada en la que están por decidirse los puestos tercero, cuarto y quinto, y séptimo y octavo, por arriba, al margen del drama del descenso.

La Real Sociedad ya sabe que no puede ser quinta, por el empate del Betis en el Bernabéu, y lo raro es que LaLiga no haya sacado sobre la marcha su partido con el Atlético de Madrid para aprovechar publicitariamente otra franja horaria anterior a la de las 22:00 en que quedó fijado este partido del Sevilla y el Athletic junto a aquel y el Barcelona-Villarreal. Manda el parné televisivo. Ah, y que el Realísimo tenga el oportuno descanso antes de una final. No hace falta ni recordar que el Sevilla tuvo que jugar la final de la Copa del Rey cuatro días después de la final de la Europa League en 2016... Eso es lo que hay. Ni más ni menos que eso.

Pero todo esto es accesorio, lo realmente sustancial atiende a la continuidad de Julen Lopetegui, que aún tiene dos años de contrato, los que firmó en plena Liga 20-21, y, pese a que cumplió el objetivo principal con una jornada de antelación aún no se sabe si cumplirá ese contrato. De ahí que lo de hoy sea, ya que lo de ser tercero o cuarto parece que no importante tanto, como el plebiscito más extraño que se recuerda en el Ramón Sánchez-Pizjuán.

La afición está dividida entre los que apuestan claramente por Lopetegui, los que aceptan el resultadismo como mal menor aunque no comulguen con su juego y los que ni siquiera por la tercera clasificación consecutiva para la Champions vía Liga tragarían con su continuidad. Pero eso tampoco es sustancial. Lo verdaderamente trascendental es lo que piensen los altos ejecutivos del Sevilla y el propio Lopetegui. Ahí está el quid de la cuestión, porque el desgaste interior, en silencio salvo por algunas disensiones que se han elevado públicamente, es tremendo, por parte y parte. Que nadie quiera ver en la exigencia del sevillismo la espoleta de esta situación. El entuerto tiene muchos padres.

Sea lo que fuere, se trata de un partido de fútbol en el que además Bono puede obtener un premio individual, que siempre es hijo de uno colectivo, Lopetegui dixit. ¿Jugará Bono? Qué más da. La pregunta es si seguirá Lopetegui.

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