Sevilla-Villarreal El fútbol sin un '9' (1-2)

  • El Sevilla acusa la carencia de un delantero centro de verdadero nivel y deja escapar los tres puntos contra el Villarreal

  • Los blancos atacaron como siempre, pero con un ariete así...

Chicharito se lamenta tras una de las muchas llegadas al área del Sevilla. Chicharito se lamenta tras una de las muchas llegadas al área del Sevilla.

Chicharito se lamenta tras una de las muchas llegadas al área del Sevilla. / Antonio Pizarro

Paso atrás de un Sevilla con un lastre demasiado trascendente en el fútbol actual para caminar con solvencia por los lugares en los que está viviendo. El globo se le comenzó a pinchar a la escuadra de Julen Lopetegui por la sencilla razón de que se mueve como si se tratara de un funambulista y lo peor es que lo hace sin red abajo. El Villarreal, un buen equipo a pesar de su situación en la tabla clasificatoria, tuvo suficiente con ordenarse bien atrás ante el nulo peligro que creaba el nueve elegido por el técnico vasco para comandar las operaciones.

Porque sí, Luuk de Jong debe ser una excelente persona, nadie le discute la voluntad para ejercer su trabajo, tampoco su implicación en los entrenamientos, mayoritariamente a puerta cerrada, pero el análisis de su actuación en los partidos depara muchísimas dudas sobre si tiene nivel para ejercer entre compañeros de un nivel sensiblemente superior.

El holandés estuvo una hora sobre la cancha y en ese tiempo seguramente no realizó ni un solo desmarque con intenciones para que los futbolistas que vestían de blanco pudieran ponerlo con ventaja delante de Sergio Asenjo. Ni uno solo, lo más que se acercó fue en una jugada con Óliver Torres por el interior derecho en la que el extremeño le puso el balón a las espaldas del defensa y él entendió que para su velocidad, escasa, era mejor esperar la pelota unos metros más atrás y al pie.

Pero no sólo eso, después del gol de Raúl Albiol, precisamente en una de las facetas que sí suele ejecutar bien De Jong, que es defender zonalmente el primer poste en los saques de esquina y que esta vez tampoco lo hizo, el Sevilla fue una máquina de atacar y atacar, de tirar centro desde los dos laterales con profusión. Pues en ni uno de ellos, ni uno, De Jong estaba desmarcado para tener la más mínima opción de rematar en solitario.

Es verdad que a los entrenadores se les llena la boca cuando hablan de que esto es un equipo, de que los triunfos y las derrotas pertenecen a los 14 futbolistas que pueden jugar cada partido oficial y no a uno sólo en concreto, pero se trata de una más de las múltiples frases hechas que concurren en el mundo del fútbol. La realidad es tremendamente terca a la hora de darle el valor que tiene a un buen nueve, a ese futbolista capaz de virar un partido hacia un lado o hacia otro por la sencilla razón de que sabe buscarse las ocasiones de gol y, por supuesto, materializarlas. En el caso de De Jong, sucede tan poquitas veces...

Tanto es así, y para acudir a los datos objetivos una vez más, que apenas llevaba un minuto fuera el delantero centro holandés cuando Chicharito, al menos eso, sí estaba desmarcado en un buen centro desde la derecha que sacó Sergio Asenjo en una estirada con la mano dura para evitar el empate del Sevilla y sólo dos minutos después, Munir sí se desmarcaba cuando ya los suyos habían cambiado el esquema para jugar con dos puntos en un centro de Reguilón que supuso el empate momentáneo.

Hubo más en esa fase. Munir le quitó un remate de cabeza en solitario a Diego Carlos que pudo ser el segundo, Chicharito no llegó a un toque del Mudo Vázquez y después a Munir le salía un empalme al centro antes de que llegara el mazazo definitivo por parte del Villarreal con ese 1-2 que pinchó el globo de los anfitriones y ya los dejó con escasa capacidad de respuesta a pesar de otra oportunidad de Chicharito en un toque sutil de Dabbur.

Es el análisis global de una cita en la que Lopetegui cambió a los once futbolistas respecto al bolo del jueves anterior en Nicosia contra el Apoel. La excusa del desgaste físico, por tanto, se anulaba en una alineación en la que las principales sorpresas, si acaso, era la presencia de Carriço, como central por la derecha en el lugar de un Koundé que se había ganado algo más de confianza con sus actuaciones. El resto dependía de las elecciones de Lopetegui y en esta ocasión buscó garantizar el buen trato del balón con Franco Vázquez y Óliver Torres como ayudantes de Banega para que Munir fuera el sustituto del añorado Ocampos.

Arriba, una vez más, el puesto era para De Jong durante la primera hora y después, con el marcador en contra, la idea fue apelar a los dos delanteros, algo que hizo mejor al equipo por mucho que fuera golpeado finalmente por la irrupción desde atrás de Trigueros ante un despistado Franco Vázquez, que se limitó a ejercer de espectador en la acción del 1-2.

Con semejantes mimbres, no tuvo un buen arranque el Sevilla, que llegó a ser superado por la presión de un Villarreal más o menos dispuesto con el mismo esquema habitual en los blanquirrojos. El primer tanto llegaría muy pronto, a los 13 minutos, y a partir de ahí los anfitriones sí tendrían que apretar, algo que hicieron con las mismas armas de siempre, con intensidad y con balones continuos hacia Jesús Navas y Reguilón para que éstos percutieran por los costados y pudieran desajustar a la ordenada defensa amarilla. Lo consiguieron muchas veces, pero siempre se toparon con el inconveniente último, y principalísimo, de que allí no había nadie capaz de rematar un solo balón con intenciones aviesas.

No es que el mexicano mostrara tampoco un nivel excelso, que ése es otro problema para el Sevilla, pero bastó con que Lopetegui hiciera el cambio de De Jong por Chicharito para que la zaga del Villarreal sí comenzara a sufrir y que incluso no pudiera evitar la igualada. En ese intervalo entre el 1-1 y el 1-2 parecía cantado el triunfo de los locales, pero fallaron en las dos áreas, en la del rival y en la propia.

El rival se limitó a dar las gracias y a dejar pasar los minutos cuando ya Lopetegui trató de meter más pólvora con Dabbur y Joan Jordán. Era ya demasiado tarde, los suyos estaban golpeados. El globo se pincha, pero tampoco le puede extrañar a nadie en exceso con este nivel del ‘nueve’ o de los ‘nueves’, como se prefiera... 

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