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Sevilla FC | El otro partido No quiso ser dueño de su sino

  • Como en un reflejo de la temporada, el Sevilla tuvo en su mano apretar de veras en pro de un triunfo que lo habría dejado quinto

Sarabia es felicitado por Amadou ante Ben Yedder tras el 1-1. Sarabia es felicitado por Amadou ante Ben Yedder tras el 1-1.

Sarabia es felicitado por Amadou ante Ben Yedder tras el 1-1. / Joaquín Corchero

Un empate como triste consuelo. Un empate en el feudo de un grande como mal menor para un Sevilla que en las últimas temporadas, coincidiendo con su mejor época y, sobre todo, con su etapa de mayor opulencia económica, suele terminar con la cerviz agachada cuando visita a los verdaderos potentados de la Liga. Un empate que apenas le sirve para esconder los males de una temporada decepcionante en la que, paradójicamente, aún tiene posibilidades de quedar cuarto... aunque esto ya no depende de él.

En el Wanda Metropolitano, como si fuese un perfecto reflejo de la temporada, el Sevilla de Joaquín Caparrós tuvo en su mano apretar de verdad ante un rival que apenas se jugaba la honrilla, si bien es cierto que es el subcampeón de Liga. Pero sólo amagó con hacerlo en el tramo final, después de haber mostrado muchas de las carencias que se han visto a lo largo del curso. De nuevo dos lesiones obligando a dos cambios forzados. De nuevo el equipo roto por un centro del campo que ha sido el verdadero mal de fondo, como se pudo ver en el gol del Atlético. De nuevo Kjaer quedando retratado en un gol pero apareciendo como apagafuegos de un sistema defensivo cogido con alfileres, fuera cual fuera su dibujo y el entrenador. Y de nuevo falta de actitud. Lo denunció Monchi hasta el propio Caparrós en esta ocasión: demasiado relax para lo que había en juego, nada menos que el cuarto puesto, el último que lleva a la Champions.

Durante gran parte del partido, los jugadores del Sevilla parecieron rechazar un premio que, a decir verdad, no merecían. Mucho más se lo ha ganado el Getafe y puede que se quede sin él finalmente. La última jornada, el próximo sábado, será decisiva para definir las plazas europeas.

El Sevilla tiene que ganar al Athletic, que aspira a ese sexto puesto en el que está ahora el equipo de Caparrós, para no jugar las rondas previas de la Liga Europa. Y el Valencia y el Getafe tienen que perder en Valladolid, ya salvado, y ante el Villarreal, también con la salvación amarrada. Con que uno de los dos empate, se quedará sin el premio mayor el Sevilla haga lo que haga. Los dos equipos que lo superan en ese tour de force por el cuarto puesto le tienen ganado el goal average. Es decir, a falta de una jornada, merecen más ese galardón deportivo y económico de la Champions...

En el propio club ven casi imposible que se den los otros resultados para un objetivo que, con palabras textuales, sólo ha sido Caparrós el que se ha atrevido a mentar a boca llena. Tras dirigir once jornadas de Liga puede comerse sus palabras, las mismas con las que presionó a Machín cuando el equipo estaba más tocado. Pero es que la plantilla no ha dado para más y, si se da la carambola y termina cuarto, habrá sido sin haber sido dueño de un destino que pudo amarrar. Llegó a sacarles muchísimos puntos a Getafe y Valencia cuando fue líder. Pero Machín no supo mantener arriba a una plantilla con muchos defectos.

En el Wanda, otra paradoja, los que ayudaron al estéril arreón final fueron los tres cambios, tres futbolistas que no han cuajado en una mala planificación: Amadou, Marko Rog y Aleix Vidal. Pero es que el Sevilla no quemó ni las naves. Teniendo que ganar, Bryan Gil vio con impotencia ese quiero y no puedo desde el banquillo. Como si no quisiera ser dueño de su sino.

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