Sevilla FC

La inteligencia adaptativa de Pablo Machín

  • El entrenador del Sevilla, con un parco cuerpo técnico, ha sido capaz de moldear su estilo a las cualidades de una plantilla corta y técnica, salvo en los tres zagueros, su piedra angular

  • Su esquema partió de un 3-4-2-1, como el más usual en el Girona, con doble pivote y un punta, pero no funcionó y evolucionó al actual, con Banega en el eje y Ben Yedder junto a Andre Silva

Pablo Machín, junto a su segundo técnico, Jordi Guerrero. Pablo Machín, junto a su segundo técnico, Jordi Guerrero.

Pablo Machín, junto a su segundo técnico, Jordi Guerrero. / Víctor Rodríguez

El Sevilla disfruta de una privilegiada posición en la Liga, segundo clasificado a un punto del Barcelona, en el tercer receso del campeonato. Su condición de perseguidor del Barça ilustra sobre un rendimiento sostenido que no es fruto de la casualidad. A la Liga le queda mucho, y la cabeza de la tabla está apretadísima, pero esta circunstancia no empaña el logro de Pablo Machín, que está demostrando una peculiar inteligencia adaptativa, a las condiciones del club y de la plantilla, salvo su irrenunciable apuesta por una defensa de tres.

Con tres zagueros triunfó en el Girona, por eso lo fichó el Sevilla, y con tres zagueros está manteniendo el son en el Ramón Sánchez-Pizjuán, en donde ha sido capaz de amoldar algunas de sus premisas tácticas a la plantilla corta pero bien cualificada que tiene. También a las contingencias propias de la competición, sobre todo las referentes a las lesiones.

Un ejemplo de su su capacidad de adaptación es que su cuerpo técnico, el que llegó con él, apenas lo integren tres personas: el segundo entrenador, Jordi Guerrero; el preparador físico, Jordi Balcells; y el analista, Carlos Martínez. Machín estimó oportuno no cargar en su bagaje con un cuerpo técnico mayor y lo combinó con lo que había en Sevilla: el preparador físico Juanjo del Ojo, que promocionó al primer equipo con Joaquín Caparrós al final de la temporada anterior con éxito; José Luis Silva, entrenador de porteros, y otro analista como Ramón Vázquez, hijo. Se trajo a menos hombres con los que llegó Montella y a muchos menos de los que requirió Sampaoli, a quien el club incluso le rechazó a un fisioterapeuta cubano.

Lo del cuerpo técnico apenas es un detalle de la predisposición de Machín a adaptarse al hábitat. Hecha la salvedad de los tres zagueros, el entrenador soriano empezó en el Sevilla con la misma idea y el mismo esquema que con el Girona. Un 3-4-2-1, con doble pivote, formado por Banega y Roque Mesa, y un único punta, Andre Silva. Sarabia y Franco Vázquez formaban entonces en el tridente ofensivo como interiores abiertos o atacantes exteriores. De esa forma empezó apabullando al Rayo Vallecano, pero el globo se le pinchó, después de algún aviso en las previas de la Liga Europa –aquellos partidos ante el Zalgiris o en Olomouc–, en las siguientes jornadas ligueras: Villarreal, Betis y Getafe.

Fue en la quinta jornada cuando Pablo Machín se saltó su propio estereotipo para moldear su idea de juego y su dibujo táctico a lo que tenía entre manos: una plantilla corta, mermada por las lesiones y con futbolistas muy cualificados técnicamente para jugar por dentro, con más calidad que físico.

En el Ciudad de Levante, Machín decidió abrir la baraja. Lo apostó todo a su calidad ofensiva, con Banega como único medio centro, escoltado por Sarabia y Franco Vázquez como interiores, para situar arriba a Ben Yedder junto a Andre Silva. Hasta tal punto le salió bien que le dio continuidad al once titular, con la entrada de Arana por el lesionado Aleix Vidal, en las siguientes cinco jornadas, en una continuidad inédita en el Sevilla desde hacía más de 20 años. Los más escépticos se frotarían los ojos al ver un equipo de tan ofensivo. Y ahí sigue.

Para ello ha sido clave la implicación defensiva de hombres como Banega, Sarabia y Franco Vázquez. También la adaptación a su idea de Ben Yedder, tras mensajes públicos sobre su actitud. Ahí, en el plano de la comunicación, Machín también ha tenido un óptimo proceso de adaptación. Sabe enviar mensajes en público y en privado sin levantar ampollas, con una inteligencia emocional sorprendente.

Pablo Machín va a seguir apostando por su zaga de tres, que le permite usar a tanto jugador ofensivo. Ahora, ya sin lesionados, debe ir metiendo a otros futbolistas como Gonalons o Amadou e ir ampliando la rotación. Es su nuevo reto.

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