Sevilla FC | La gestión de Caparrós La planificación, tan en la picota como el técnico

  • La declinante incidencia de los fichajes destapa a una plantilla que no casa con la idea inicial de Machín

Joaquín Caparrós, junto a Paco Gallardo y Carlos Marchena, en la Junta de Accionistas. Joaquín Caparrós, junto a Paco Gallardo y Carlos Marchena, en la Junta de Accionistas.

Joaquín Caparrós, junto a Paco Gallardo y Carlos Marchena, en la Junta de Accionistas. / Manuel Gómez

Desde el principio, los más iniciados, o los más exigentes, no se dejaron engañar y advirtieron de las fallas que presentaba una planificación que tuvo, eso sí, el margen de la duda por ser Joaquín Caparrós y su equipo, absolutamente neófitos en la gestión deportiva. Pero el desarrollo de la temporada y las revisiones tácticas a las que se ha ido viendo obligado Pablo Machín han destapado que la plantilla, aun con las correcciones invernales, no casa en absoluto con la idea inicial del técnico.

En plena racha de malos resultados, el soriano ya ha optado dos veces seguidas por renunciar a los tres centrales. Ante el Barcelona lo hizo por intentar frenar a Messi. Machín argumentó que después de cuatro enfrentamientos (Supercopa, Liga y Copa) el equipo de Valverde ya sabía cómo jugaba el Sevilla. En realidad fue un plan contra Messi que funcionó hasta que se fundieron Mercado, Wöber –laterales en una zaga de cuatro aquel día– y Marko Rog. Y en El Alcoraz se corrigió llevado por la necesidad de remontar, apremiado por el ansia.

Pero el mal es de fondo y ya no se puede tapar de ningún modo que Machín no tiene los mimbres adecuados para su 3-5-2. Andre Silva lleva un siglo sin marcar y ya no funciona como delantero de referencia, porque nunca ha sido ese punta poderoso que remate o baje el juego generado por las bandas. Y Vaclik ha entrado en la dinámica negativa contagiado por una zaga sin centrales rápidos ni que sepan jugar la pelota desde atrás, a lo que se une la ausencia de laterales específicos ni carrileros potentes.

El magma del asunto es una medular que reconstruyó Machín en el Ciudad de Valencia, llevado por la necesidad. Pero Banega, Sarabia y Franco Vázquez han gripado y la falta de mediocampistas técnicos y físicos ha dado la cara con el cúmulo de partidos y lesiones.

Joaquín Caparrós, que llegó a calificar esta plantilla como "la mejor de la Liga", no le dio a Machín los mimbres adecuados. Y Machín ha ido haciendo de su capa un sayo hasta que el desgaste ha descosido la vestidura. Ahora queda desnudo ante la evidencia de una identidad perdida. Pero también es responsabilidad del sastre.

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