Sevilla FC-Krasnodar | contracrónica

El Sevilla sí se vende, ¿o no?

  • La afición se posiciona claramente en contra de la venta del club y su animadversión se presenta como un escollo ‘inesperado’ a salvar por los inversores

"Esta amor es inmortal" y "Sevilla no cobija traidores", lemas exhibidos en Gol Norte. "Esta amor es inmortal" y "Sevilla no cobija traidores", lemas exhibidos en Gol Norte.

"Esta amor es inmortal" y "Sevilla no cobija traidores", lemas exhibidos en Gol Norte. / Antonio Pizarro

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En todos lados cuecen habas y en todas las familias hay broncas domésticas. Más de una Nochebuena se ha torcido por una tirantez latente desinhibida con la euforia etílica. En el Sevilla, un club que creció de lo familiar a lo universal, también ha pasado. Pero ahora hay algo más que una bronca familiar. En la casa de todos los sevillistas hay compartimentos estancos: los sevillistas de base y los accionistas que han decidido que el destino del club esté en manos ajenas a la familia. Y ese cisma, que se venía cociendo meses atrás con la inflada compraventa de acciones, y que se puso de manifiesto en la Junta del 10 de diciembre, se escenificó como gran fractura en ese hogar que muchos temen perder.

Están muy lejos aún tanto la llegada de ese nuevo dueño de la casa como, sobre todo, la posibilidad de que éste decida transformar en bienes muebles el inmueble más querido por todo el sevillismo. Pero el sevillismo que andaba con la mosca tras la oreja ya tiene una cosa clara: la voluntad de los grandes accionistas de vender sus paquetes. Cada uno le dará a esto la lectura que quiera. Que si el fútbol moderno, que si la presión de los grandes inversores sobre un club tan apetecible como el Sevilla, en su cénit económico y deportivo. 100 millones de fondos propios y nueve títulos de plata están atesorados en la remozada casa de los sevillistas, que jamás pudieron imaginar, cuando se creó la sociedad Sevillistas de Nervión para salvar al club del intrusismo de Antena 3, que conocería esas cotas de gloria o de parné. ¡Ay, el parné!

Muchos de esos sevillistas que proclamaron bien alto que "el Sevilla no se vende" han participado en la compraventa por distintos motivos: la necesidad, la avaricia, el realismo de ver que nadie da duros a pesetas y que sus acciones iban a quedar en papel mojado, la rendición ante el avance del fútbol financiero o la decepción de la traición. Cada uno con su razón. Y lo único cierto es que la fractura se hizo presente en estas vísperas de entrañable calor navideño, con la sonoridad y la rotundidad con la que se expresa el sevillismo.

"¡El Sevilla no se vende!", tronó el Ramón Sánchez-Pizjuán antes y después del triunfo sobre el Krasnodar. Llovieron bufandas y sobraron insultos. Pero mientras el sevillismo se expresaba así, la realidad que se cierne amenazadora es que el Sevilla será vendido. ¿O no? Porque en el paquete de venta va el calor de una afición fiel y apasionada. Y a nadie le gusta una bronca familiar. ¿A que no?

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