Sevilla FC - Levante UD | Marcaje al hombre

Wöber, aquí el epígono de Escudé

  • En su debut como central en el perfil izquierdo, el austríaco sugiere un rápido acoplamiento al dibujo de Machín 

  • Tuvo aplomo, salida de balón y hasta llegada

Wöber se incorpora en ataque y conecta un zurdazo cruzado. Wöber se incorpora en ataque y conecta un zurdazo cruzado.

Wöber se incorpora en ataque y conecta un zurdazo cruzado. / Joaquín Corchero

Maximilian es nombre de resonancias monárquicas. Quizás por ahí le venga a Wöber el mando que mostró en el reseco prado de Nervión, asombroso si se repara en que estrenaba equipo y hogar. El vienés tiene 20 años y parecía que tenía 30 por su aplomo. Había jugado hasta ayer los mismos minutos que Pelé con la camiseta del Sevilla y destilaba el cuajo de Pablo Blanco en su última época, ya entrado en la treintena y a las órdenes de Manolo Cardo.

“Ante todo, mucha calma”. Era el título de un LP –los millennials que no sepan lo que es un LP, que tiren de Google– que grabó en directo Siniestro Total, aquella banda de rock canalla de los setenta y ochenta. Y eso, muchísima calma, fue lo que inspiró Wöber ante el siniestro total que se ha declarado ya abiertamente en la plantilla del Sevilla con la plaga de lesiones. Sobre todo en la defensa, donde Sergi Gómez y Aleix Vidal engrosaron ayer la desoladora lista.

El austríaco, paladín de ese manual exquisito del Ajax, quiso cambiar, no obstante, Amsterdam por Sevilla. Dar el salto a un club “aún más importante”, como dijo elchico en su presentación en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Pudo sonar demasiado lisonjero, hiperbólico, pero desde la óptica de un imberbe como él, no tanto: por historia, los holandeses están varios estratos por encima de los sevillistas. Pero remitidos al siglo XXI, vencen los nervionenses. Y para un millennial como Wöber, el siglo XX es como el XIX para quienes hicieron, hicimos, el BUP...

Varado Gnagnon, necesitado de un respiro Kjaer para acudir con el mentón apretado al apasionante reto que se anuncia en Barcelona el próximo miércoles, Pablo Machín no esperó más para tirar de Wöber. Ya calentó en la banda un rato de la segunda parte ante el Barça en la ida de los cuartos coperos. Y la alternativa le llegó en un primaveral mediodía del invierno sevillano. Machín se lo piensa mucho menos para hacer debutar a alguien que para mover el banquillo en el fragor de los partidos. Lo demostró con Andre Silva en Tánger, con Munir en Bilbao y ahora con Wöber.

En el primer balón que recibió, abierto a la banda en esa zaga de tres, con Promes ya arriba en el carril siniestro, el centroeuropeo hizo una declaración de intenciones y arriesgó con un pase al espacio, algo largo. Desde ahí, recordó a Lenglet por su facilidad para filtrar el pase raso que salva líneas enemigas. También por su falta de cochura en algunos lances, lo propio de su tierna edad. La reciedumbre llega con los palos.Y a palos se anduvo sobre todo con Boateng, que fue a buscarle las vueltas sin éxito porque el vienés se anticipó y supo cuerpear al límite de la falta. Así hizo en el minuto 13, en la primera llegada peligrosa de los granotas. Rochina abrió a la izquierda a Morales, éste prolongó al segundo palo y Wöber desequilibró lo justo a Boateng para impedir su remate limpio. Lo mismo hizo ante Roger en el 83.

Con la pelota, apenas cometió errores en la entrega y destapó sus recursos técnicos con una galopada en la que dejó atrás hasta a tres rivales, encontró a Promes y, tras la devolución del holandés, soltó un latigazo cruzado que no se coló junto al palo izquierdo de Oier por muy poco. Fue jugada de defensa fino, limpio, talentoso. Y zurdo. Se presentó en sociedad el epígono de Escudé, SQD.

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