sevilla - atlético | el otro partido

Otra goleada a la planificación

  • Montella pretendió combatir al segundo coloso físico con el mismo equipo en cuatro días y lo pagó con la sexta humillación del curso, la tercera propia

Nolito protesta el claro penalti a Sarabia al valenciano Martínez Munuera. Nolito protesta el claro penalti a Sarabia al valenciano Martínez Munuera.

Nolito protesta el claro penalti a Sarabia al valenciano Martínez Munuera.

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No, no estamos ante una Liga de los años 40 ó 50. En aquellos tiempos había suculentas goleadas, pero siempre las solía disfrutar el equipo local. El Sevilla de la temporada actual lleva ya dos humillaciones ante su gente, más hiriente la del Betis, que marcó el quinto gol en una última contra final mientras el local buscaba el empate, pero más significativa la del Atlético: les leyó la cartilla a los gestores de la planificación y a Vincenzo Montella. El italiano confía en 11 jugadores... y muy poquito más.

En cuatro días, un mismo once se midió a dos de los mayores colosos físicos de Europa: el United de Mourinho y el no menos rocoso Atleti de Simeone. Los colchoneros, además, llegaron con el colmillo retorcido del veneno inoculado con la eliminación de la Copa del Rey, el trance que puso a Montella en el candelero del sevillismo al obrar la revolución que volvió a ilusionar a todos: a los hinchas que aplaudían y cantaban ya con 0-4 en el marcador, casi todo el estadio, a José Castro... y a Óscar Arias, que sacó pecho quizá antes de tiempo. Medir los tiempos es clave para analizar los rendimientos y la prueba es lo lejos que está ya el Sevilla de su verdadero objetivo, el único fijado con números: el cuarto puesto.

Repetir el once ante este Atlético enrabietado era jugar con fuego... y se quemó el Sevilla. Fue la sexta goleada, la sexta, que se dice pronto, encajada por el equipo nervionense en lo que va de temporada. Y todavía tienen que pasar por el Ramón Sánchez-Pizjuán los otros colosos del fútbol español, pensarán los agoreros pesimistas... Moscú, Mestalla y Bernabéu con Berizzo y el derbi, Ipurua y el Atlético con Montella.

Tres-tres, para que no haya dudas de que hay un clarísimo mal de fondo que evidencia que la responsabilidad no es únicamente del entrenador de turno. Seis goleadas en poco más de media temporada... Lo nunca visto en el Sevilla de los prodigios, en ese equipo que jugará otra final y que se asoma con ilusión a los cuartos de final de la Liga de Campeones... En el Sevilla del siglo XXI. Hay que frotarse los ojos para creerlo.

El mal de fondo está ya muy claro. Montella intentó meter en el saco a muchos y se quedó con los elegidos desde Ipurúa. Separó el grano de la paja y la revolución del Wanda Metropolitano fue con el mismo equipo que empezó este domingo, salvo Ben Yedder por Muriel y el lesionado Corchia por Jesús Navas. La fórmula mejoró con el palaciego y con el colombiano. Y ahí se quedó Montella. Como el alquimista ante el oro, el napolitano se bloqueó. En Éibar forzó muchos cambios y desde entonces los redujo a la mínima expresión.

Ante el Atlético no convocó a Sandro, Roque Mesa hizo lo habitual, calentar y poco más, y Layún demostró que está a años luz del actual Jesús Navas, cuya lesión fue el naipe que derrumbó el castillo. Pero todo empezó antes. Muriel volvió a hacer el muñecazo con 0-0, excelente control y disparo el portero, y Correa siguió con su exhibición de la rosquita frívola. Y eso también es un fallo de la planificación. El delantero de los 21,5 millones no marca goles decisivos, siendo decisivo para el equipo. Y Montella no se atreve a quitar a Banega ni por asomo. 11 jugadores para tantos frentes...

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