Sevilla FC

La respuesta de la unión

  • La plantilla utiliza el impulso de la gran victoria en el Wanda para acallar rumores sobre supuestas divisiones en el vestuario

  • El concepto de juego de Montella termina por definirse

La formación del Sevilla, con la tercera equipación, espera unida el comienzo del partido ante el Atlético en el Wanda Metropolitano. La formación del Sevilla, con la tercera equipación, espera unida el comienzo del partido ante el Atlético en el Wanda Metropolitano.

La formación del Sevilla, con la tercera equipación, espera unida el comienzo del partido ante el Atlético en el Wanda Metropolitano. / kiko huesca / efe

Ocurre en todos los equipos en crisis. Basta con que en un mes las derrotas superen en número a las victorias para que rápidamente comiencen a correr por las redes sociales bulos sobre malas relaciones dentro del vestuario. Pasó aun estando Emery en el banquillo, con Iborra e Immobile como señalados protagonistas directos, y seguirá ocurriendo en el fútbol.

La locura que alcanzan estos malintencionados rumores -ya sea con alguna base para magnificar los hechos o como simples invenciones- en el ventilador en que se convierten las redes sociales acaban calando, posiblemente, en los nervios ya de por sí ansiosos de los profesionales. En este sentido, el momento complicado que vivía hasta el mismo miércoles la plantilla del Sevilla estaba siendo un caldo de cultivo propicio para este tipo de inmundicias que pueden acabar desquiciando a cualquier colectivo.

Estando juntos, unidos y sabiendo lo que tenemos que hacer, es difícil que nos ganen"

"Estando juntos, unidos y sabiendo las cosas que tenemos que hacer es muy difícil que nos puedan ganar". La frase la pronunciaba Sergio Escudero aún en las entrañas del estadio Wanda Metropolitano, donde el equipo de Vincenzo Montella labró ante el siempre rocoso Atlético de Madrid de Diego Simeone el primer triunfo destacable al mando del entrenador italiano, muy tocado desde que el derbi devoró todo el trabajo con el que pretendía cambiar la idea para llegar con más facilidad a esa metamorfosis que el club había buscado con la decisión de dar carpetazo a la etapa Berizzo.

Las declaraciones de los profesionales desde entonces siempre habían ido dirigidas hacia la unión del grupo como la única vía para salir del bache. "Unión y trabajo, unión y trabajo, unión y trabajo...", repetían todos tras la derrota en Mendizorroza ante el Alavés, una cita que volvió a dejar tocada a la plantilla, aún sin poder levantarse tras el duro golpe que significó el histórico 3-5 recibido en el derbi y la cantidad de críticas y comentarios derivados del mismo.

Será la ley no escrita que dice que siempre con las victorias se ven las cosas de distinta manera, pero lo cierto es que la intención del equipo es unirse más que nunca y eliminar cualquier atisbo de mal ambiente que dé pie a este tipo de rumores. Solucionado el asunto N'Zonzi, uno de los mayores errores de Berizzo al no saber gestionar de forma correcta y positiva para el equipo un conflicto, el vestuario del Sevilla lucha por parecer más cohesionado que nunca, también después de que se difundiera a través de las redes el chisme de un nuevo desencuentro, esta vez con supuestos feos incidentes dentro de una comida precisamente convocada para conjurarse todos y reforzar los lazos de unión.

Pero los resultados todo lo curan. Parece magia. Las redes sociales se vuelven más amables, los que buscan cizaña pliegan velas y se impone el deseo de trabajar todos en la misma dirección.

Ello se reflejó sobre el césped del estadio colchonero y permitió que se dejara ver algo más la idea que quiere Montella para el relanzamiento. También es cierto que quedan cosas por mejorar y que tanto las condiciones en las que se puso el partido como la naturaleza del rival fueron más proclives a ese fútbol al que el sevillista debe ir acostumbrándose, un modelo mucho más cercano al de Emery que al de Sampaoli o Berizzo, por citar a los tres últimos inquilinos del banquillo nervionense y las sensaciones que levantaban en distintos sectores de la afición.

El Sevilla de Montella será un equipo que buscará el espacio, que quiere pocos toques para llegar arriba y que utilizará el robo para salir rápido y pillar descolocado al rival. En el 1-2, el cabezazo fuerte de Banega en el robo en vez de parar el balón hubiera sido un sacrilegio para Sampaoli, Lillo o Berizzo, adoradores del pase de seguridad. La prolongación de Ben Yedder también a la primera es el siguente eslabón de la cadena. El resto lo hizo Correa en el desmarque y la definición. Pero eso es Montella: primer toque y estar preparados para cambiar de fase defensiva a ofensiva en milésimas de segundo. Suficiente para no dejar reordenarse al rival.

Aún queda camino porque todas las cosas no se hicieron perfectas ante el Atlético, pero la receta está identificada. Unión en el grupo, hacer oídos sordos a los rumores y creencia en un trabajo que habla de verticalidad y juego al primer toque.

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