Prostitución: el 69% de los españoles la considera violencia contra las mujeres

Una encuesta realizada por el Ministerio de Igualdad y el CIS revela que tres cuartas partes de la población apoya medidas abolicionistas

El movimiento feminista exige la abolición de la prostitución: "España no puede ser un país proxeneta"

La ministra de Igualdad, Ana Redondo.
La ministra de Igualdad, Ana Redondo. / Carlos Luján (EP)

El Ministerio de Igualdad y el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) han presentado los resultados de una macroencuesta sobre las percepciones sociales acerca de la prostitución y la pornografía en España. El estudio, basado en 10.019 entrevistas a personas mayores de 16 años residentes en el país, revela que casi el 69% de los españoles considera la prostitución una forma de violencia contra las mujeres, porcentaje que alcanza el 75,1% entre la población femenina. Los datos evidencian un rechazo generalizado hacia las posturas que normalizan esta actividad y reflejan una orientación social afín a los planteamientos abolicionistas.

La investigación, impulsada por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género (DGVG), busca generar evidencia empírica sólida que permita orientar políticas públicas basadas en datos, con especial atención a la prevención de la violencia contra las mujeres. El sondeo analiza actitudes, creencias y valoraciones de la ciudadanía en torno a la prostitución, la pornografía, la exposición digital a contenidos sexuales, la victimización por difusión no consentida de imágenes íntimas —incluidas las generadas con inteligencia artificial— y las medidas consideradas adecuadas para prevenir y erradicar estos fenómenos.

Los resultados muestran que el 79,1% de los encuestados considera que la prostitución pone en riesgo la dignidad de quienes la ejercen, mientras que más del 75% afirma que la mayoría de las mujeres prostituidas son víctimas de explotación sexual. Además, más de tres cuartas partes de la población rechaza que la prostitución sea un trabajo "como otro cualquiera" y el 79,8% descarta la idea de que constituya "una forma de ejercer la libertad sexual".

Rechazo social a quienes pagan por sexo

El estudio revela un claro rechazo social hacia quienes pagan por mantener relaciones sexuales. Al 63% de la población le parecería mal que un hombre de su familia pagase por prostitución, porcentaje que se eleva hasta el 71,1% entre las mujeres. De forma más contundente, el 91,2% de las mujeres encuestadas afirman que no mantendrían una relación de pareja con alguien que pague por mantener relaciones sexuales.

La encuesta también refleja que el 82% de la población cree que pagar para mantener relaciones sexuales es un comportamiento más propio de los hombres, al igual que el visionado de pornografía. Por el contrario, el ejercicio de la prostitución es concebido como un comportamiento asociado mayoritariamente a las mujeres. Esta percepción diferenciada por género pone de manifiesto los estereotipos y roles sexuales que persisten en la sociedad española.

Vulnerabilidad económica como factor principal

La ciudadanía percibe la prostitución como un fenómeno estrechamente vinculado a la vulnerabilidad socioeconómica y a la violencia. Siete de cada diez personas encuestadas piensan que las mujeres que están en situación de prostitución lo están por necesidad económica, mientras que un 41,5% considera que son forzadas a ello. Estos datos desmontan la narrativa de la libre elección y refuerzan la visión de la prostitución como una actividad marcada por la desigualdad y la falta de alternativas.

En cuanto a las plataformas digitales de contenido sexual como OnlyFans o JustForFans, seis de cada diez personas afirman conocer su existencia, siendo mayor el conocimiento entre hombres y entre los jóvenes de 16 a 34 años. La necesidad económica sería, según los entrevistados, el principal motivo que llevaría a algunas personas a crear contenido íntimo en estas plataformas. Además, el 70% de los encuestados considera que pagar por visualizar actos sexuales en plataformas on line es también una forma de prostitución.

Pornografía: vínculo con la violencia contra las mujeres

En relación con la pornografía, el 71,6% de los españoles asegura que fomenta la violencia contra las mujeres. Este porcentaje refleja una percepción mayoritariamente crítica sobre el consumo de contenidos pornográficos y su influencia en las actitudes y comportamientos hacia las mujeres. La preocupación es especialmente elevada cuando se trata del acceso de menores: un 93,3% de los participantes señala la necesidad de limitar el acceso de las personas menores a ese contenido.

La responsabilidad de establecer estas limitaciones debería residir, según los encuestados, principalmente en la familia, los padres y las madres, pero también en el Gobierno. Esta percepción evidencia la demanda social de una actuación coordinada entre el ámbito privado y las instituciones públicas para proteger a los menores de la exposición temprana a contenidos sexuales explícitos que pueden distorsionar su percepción de la sexualidad y las relaciones.

Riesgos de las plataformas digitales de contenido íntimo

Ante la pregunta acerca de los riesgos que pueden correr las mujeres que ofrecen contenidos íntimos o sexuales en plataformas digitales, la ciudadanía apunta al chantaje o la extorsión, la difusión no autorizada y el acoso como las principales amenazas. El grueso de la población, un 95%, opina que las plataformas digitales deberían tener la obligación de eliminar el contenido sexual no consentido que se publique en ellas.

Esta demanda refleja la creciente preocupación por la violencia digital y la necesidad de que las empresas tecnológicas asuman responsabilidades en la prevención y eliminación de contenidos que vulneran los derechos y la dignidad de las personas, especialmente de las mujeres. La difusión no consentida de imágenes íntimas, incluidas las generadas mediante inteligencia artificial, representa una forma emergente de violencia sexual que requiere respuestas legislativas y tecnológicas efectivas.

Medidas para erradicar la prostitución

Sobre las medidas para erradicar la prostitución, casi la mitad de la población estima que la más necesaria es el refuerzo de la educación en igualdad, la sexualidad y los derechos humanos desde la infancia. Igualmente, se ve necesario el ofrecimiento de programas sociales y económicos para que las mujeres puedan dejar la prostitución y disponer de alternativas reales de subsistencia.

Tres de cada diez encuestados creen que castigar a quienes pagan por la prostitución y a quienes se lucran por la prostitución ajena, pero no a las mujeres prostituidas, podría ser otra medida eficaz. Este enfoque, conocido como modelo abolicionista o nórdico, penaliza la demanda y el proxenetismo mientras despenaliza a las personas en situación de prostitución, considerándolas víctimas y no responsables del sistema prostitucional.

En cuanto a quienes pagan por prostitución, casi la mitad de quienes consideran que hay que imponer castigos entiende que esa conducta debería acarrear sanciones educativas y económicas. Por lo que respecta a aquellos que se lucran con la actividad sexual ajena, la pena de cárcel es la medida más mencionada, con un 82,4%. El grueso de la población, un 85,6%, estima que castigar a quienes se lucran con la prostitución ajena contribuiría a reducir la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual.

¿Qué es el modelo abolicionista de la prostitución?

El modelo abolicionista de la prostitución es un enfoque político y legal que considera la prostitución como una forma de violencia contra las mujeres y una manifestación de la desigualdad de género. Este modelo, también conocido como modelo nórdico o sueco -por haberse implementado primero en Suecia en 1999-, se basa en tres pilares fundamentales: la penalización de quienes pagan por servicios sexuales y de quienes se lucran de la prostitución ajena (proxenetas y tratantes), la despenalización de las personas en situación de prostitución y la provisión de recursos y programas de apoyo para que las mujeres prostituidas puedan abandonar esa actividad.

A diferencia del modelo regulacionista, que trata la prostitución como un trabajo legítimo sujeto a normativas laborales y fiscales, el abolicionismo rechaza la normalización de esta actividad y pone el foco en la eliminación de la demanda como estrategia clave. El objetivo último es erradicar la prostitución como institución patriarcal que perpetúa la subordinación y cosificación de las mujeres. Este modelo ha sido adoptado, con variaciones, por países como Noruega, Islandia, Canadá, Francia e Irlanda del Norte.

¿Por qué se vincula la prostitución con la trata de personas?

La prostitución y la trata de personas con fines de explotación sexual están estrechamente interconectadas según organismos internacionales como Naciones Unidas. La demanda de prostitución alimenta las redes de trata, ya que los tratantes captan, transportan y explotan a mujeres y niñas para satisfacer esa demanda en los mercados de prostitución. Según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la explotación sexual es la forma más detectada de trata de personas a nivel mundial, afectando principalmente a mujeres y niñas.

En España, las fuerzas de seguridad del Estado estiman que un porcentaje muy elevado de las mujeres en situación de prostitución son víctimas de trata o se encuentran en situaciones de extrema vulnerabilidad que limitan gravemente su capacidad de decisión. La presencia de redes criminales organizadas, la violencia, las amenazas, las deudas fraudulentas y la retención de documentación son mecanismos habituales de control sobre las víctimas. Por ello, las políticas abolicionistas sostienen que reducir la demanda de prostitución es fundamental para combatir eficazmente la trata de seres humanos.

¿Cómo afecta la pornografía a la percepción de la sexualidad?

Diversos estudios internacionales han evidenciado que la exposición temprana y habitual a contenidos pornográficos puede influir negativamente en la percepción de la sexualidad, especialmente entre adolescentes y jóvenes. La pornografía comercial actual, de fácil acceso a través de Internet, suele representar relaciones sexuales basadas en la dominación, la cosificación de las mujeres y prácticas violentas normalizadas, lo que puede generar expectativas irreales y actitudes problemáticas hacia el sexo y las relaciones.

Investigaciones en el ámbito de la psicología y la sexología señalan que el consumo frecuente de pornografía puede asociarse con una menor satisfacción sexual en las relaciones de pareja, con actitudes más permisivas hacia la violencia sexual y con una mayor aceptación de mitos sobre la violación. En el caso de los menores, la pornografía puede convertirse en la principal fuente de educación sexual, desplazando a la familia y a la escuela, lo que genera una comprensión distorsionada de la sexualidad, el consentimiento y la igualdad.

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