El Papa atribuye a los niños y los ancianos "el futuro de los pueblos"

"Los niños llevarán adelante la historia; los ancianos transmiten la experiencia y sabiduría de su vida", proclama el Pontífice

Un fiel caracterizado como el Sagrado Corazón de Jesús escucha al Papa.
Juan Lara (Efe) Río De Janeiro

27 de julio 2013 - 05:01

Como un sacerdote más, el papa Francisco confesó ayer a cinco jóvenes participantes en la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), en una jornada en la que resaltó la importancia que tienen los abuelos en las vidas de las familias y dijo que niños y ancianos "construyen el futuro de los pueblos". "Los niños porque llevarán adelante la historia; los ancianos porque transmiten la experiencia y la sabiduría de su vida. Esta relación, este diálogo entre las generaciones, es un tesoro que tenemos que preservar y alimentar", dijo el Papa durante el rezo del ángelus.

En un día soleado, tras las intensas lluvias de los pasados días, y siempre seguido por miles de personas que no dejaron de vitorearle y expresarle cariño, el Papa se trasladó al parque Quinta da Boa Vista, donde ocupó uno de los cincuenta confesionarios instalados para esta Jornada Mundial de la Juventud y como un cura más confesó a cinco jóvenes, tres muchachos y dos muchachas, en el acto más íntimo y reservado de los programados durante la JMJ.

Para respetar la privacidad del encuentro con los cinco jóvenes, el confesionario elegido estaba en un lugar reservado del parque.

Los jóvenes, tres brasileños, un venezolano y una italiana, dijeron haber sentido "una gran emoción" por ese privilegio y subrayaron que la sencillez y la franqueza del Papa facilitaron la confesión.

Con este gesto, Francisco se unió así a la tradición comenzada por Benedicto XVI, que en la JMJ de Madrid de 2011 también confesó a cuatro chicos, dos hombres y dos mujeres, en el Parque del Retiro de la capital española.

Tras las confesiones, Francisco se trasladó en el papamóvil descubierto al palacio arzobispal de Río de Janeiro, donde mantuvo un encuentro privado con otros cinco jóvenes que cumplen penas de prisión.

El encuentro se celebró en una sala de la planta baja, ante la presencia de educadores de los detenidos. Debido a que se trató de un acto muy reservado, no se ofrecieron más detalles.

Después, acogido con vivas, aplausos y eslóganes como Esta es la juventud del Papa por decenas de miles de personas, Francisco se asomó al balcón central del palacio arzobispal para el rezo del ángelus.

El papa Bergoglio recordó que ayer la Iglesia festejaba a San Joaquín y Santa Ana, los padres de María y abuelos de Jesús y subrayó que los dos santos forman parte de "esa larga cadena que ha transmitido el amor de Dios, en el calor de la familia".

Francisco recordó que en muchos países del mundo se celebra la fiesta de los abuelos, tras lo que afirmó: "Qué importantes son los abuelos en la vida de la familia para comunicar ese patrimonio de humanidad y de fe que es esencial para toda sociedad".

El Obispo de Roma añadió también que es muy importante el encuentro y el diálogo intergeneracional, sobre todo dentro de la familia.

En esa línea dijo que el Documento final de la V Conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (Celam) señala que "niños y ancianos construyen el futuro de los pueblos, los niños porque llevarán adelante la historia, los ancianos porque transmiten la experiencia y la sabiduría de su vida".

Francisco agregó que esa relación, ese diálogo entre las generaciones, "es un tesoro que tenemos que preservar y alimentar".

Francisco aseguró que en estas Jornadas de la Juventud, los jóvenes saludan a los abuelos "con todo cariño y les agradecen el testimonio de sabiduría que nos ofrecen continuamente".

El Papa argentino invocó a María que proteja a las familias, las haga "hogares de fe y de amor, en los que se sienta la presencia de su hijo, Jesús".

Tras el ángelus, Francisco se reunió con los miembros del comité local de la JMJ y almorzó en el palacio arzobispal con doce jóvenes, dos por cada continente, más otros dos brasileños.

En la misa privada que celebró a primeras horas de la mañana, el Papa expresó el deseo de "envejecer con sabiduría y dignidad".

"¡Que sea como el buen vino, que cuando envejece mejora! ¡Que Dios nos done la gracia de envejecer con sabiduría, de envejecer con dignidad!", exclamó Francisco ante numerosos jesuitas -la congregación a la que pertenece- que asistieron al rito.

Por la noche, Francisco presidió en la playa de Copacabana el tradicional Vía Crucis de la Jornada Mundial de la Juventud, uno de los momentos más sugestivos de la JMJ.

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