Gala de este lunes

'MasterChef' se crispa con Andy e Iván, pero la eliminada es Teresa

  • Hierve el puchero de la cocina,  con una parejita bien avenida, Luna y Alberto, y dos gallitos que se hieren con las espuelas

Teresa, la eliminada en la última gala de 'MasterChef' Teresa, la eliminada en la última gala de 'MasterChef'

Teresa, la eliminada en la última gala de 'MasterChef' / RTVE

El mal ambiente que se ha ido aliñando con las semanas en MasterChef 8 salió a relucir por la pesa de la olla a presión con el duelo de gallitos entre Andy e Iván en la prueba eliminatoria. Para llegar hasta allí, mientras ponían y quitaban ingredientes y bandejas de frutos rojos para una receta de pescado, la crispación entre ambos, que es la más evidente de la cuadrilla, procedía desde semanas antes pero terminó de asentarse en la prueba de exteriores.

Andy se convirtió este lunes en capitán por partida doble de ambos equipos, rojos y azules, como si pusiéramos a un pirómano en un gobierno de concentración en estos momentitos políticos. El abogado iba y venía en una paradisíaca prueba en un barranco canario y entendió que entre todos estaban tramando su desprestigio, aunque también había parte de autodestrucción por soberbia. Los compañeros de Andy se hacían los remolones entre los conejos, los mangos y las cigalas del menú, cuestionando la más mínima duda, mientras el capitán no se hallaba ni a sí mismo. Se quejó de actitud de boicot de los compañeros. 

La Chus Lampreave-Juana reprendió: "no es buena persona". Una frase escueta digna de réplica en Amanece que no es poco.

Andy fue degradado por Jordi Cruz y destinado directamente a la prueba eliminatoria. El frustrado capitán, aunque pudiera tener algo de razón (el jurado pedía pruebas de ese boicot), va para dirigente de algún partido: la culpa siempre la tienen los demás. No se le vio mucho atisbo de autocrítica.

Fueron los chefs del jurado los que sacaron adelante el condumio y por milagros de la estrategia fue entonces cuando los participantes volvieron en sí, sacaron sus conocimientos y diligencias, con Andy partiendo piñas, y aunque con retraso los platos llegaron a los ilustres comensales insulares. Hay que tener paciencia si se va a un almuerzo de MasterChef, como vemos todas las semanas.

Con el 75% de los supervivientes metidos en la eliminatoria, hasta Jose Mari, con el pin de la inmunidad, se atrevió a bajar y jugarse la permanencia, salvando con soltura junto a los enfurruñados Andy e Iván que al aparecer juntos en la pantalla parecían bien avenidos por puro interés de resistir. Sin Andy no existiría el  morbo actual de la audiencia y ha prometido más venganza de cara a nuestro programas, como si esto se hubiera convertido en un culebrón turco. El jurado le reconoció su remontada al filo de la navaja.

Y tuvimos eliminada.

La que quedó expulsada fue la melindrosa Teresa, la barcelonesa a la que Saray calificó de "pija de mercadillo". Ya sabemos que Saray siempre ha tenido la mui desatada. Pero Teresa y sus langostinos resecos se merece esta fuera. A su plato lo calificaron como un "collage pretencioso" y soso. Casi la estaban definiendo a la veterana.

Al filo se quedó otra despendolada de sentimientos, Luna, muchas veces en la ídem, y que está llegando demasiado lejos para que la pericia que muestra. Tal vez interesa siempre tener alguien que haga el papel flower-power y aporte pimienta.

También en estos momentos los ojos están puestos en ella como el romance que se ha formado en la casa, con Alberto, el ídolo de los espectadores juveniles de MasterChef por obvias cuestiones estéticas.  Alberto es eficaz y efectivo. Y además es mono tal como proclaman las redes y sus compañeras.

También al límite de la eliminación se quedó Ana, un remedo de Tamara Falcó pasado por el filtro de MasterChef Junior. Y el estadounidense Michael, señalado por Teresa como futuro ganador, sigue ligeramente tapado. Es hacendoso, pelotea como nadie, y se fija en aprender. Ahora mismo es el que apunta maneras en llegar al menos a la final.

El próximo lunes, por cierto, se emite la primera entrega grabada tras el confinamiento. Los supervivientes vuelven al cabo de las semanas, con los nervios templados, o debería de ser así. Pero no, seguro que esta crispación que tan bien le viene al programa de La 1 sigue puesta al rojo en la vitro. La gala de anoche fue seguida por 2.926.000 espectadores, 23,/%, lo más visto del lunes. Chup, chup.

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