Regalos y pastelitos
La Familia Telerín, en 1966, fue el primer fenómeno televisivo que se convirtió en 'merchandising' y la explosión se produjo con la animación de los 70
La abeja Maya nació en un país multicolor. Y por eso, con el atractivo del televisor en color en proyección, fue metida con calzador en la programación dominical de la Primera Cadena, La 1 y casi Única, en la primavera del 78. Porque había un jugoso contrato de por medio para explotar comercialmente a estos bichitos del campo que tuvieron una primera versión, frustrada, en el cine de la Alemania nazi.
La abeja y sus amigos llegaban a la pantalla y traían ya un pan con caviar debajo del brazo: el merchandising en cromos, pastelitos, abalorios de toda índole, discos y juguetes. Cuando en estos tiempos nacen personajes como Phineas y Ferb, las estrellas de Disney; Ben 10, el emblema de Boing; o Pocoyó, en Clan TVE, junto a los guiones se vislumbra su repercusión en las tiendas. Sin juguete, o sin toallas, no hay paraíso para los dibus. Los Simpson (23 temporadas), con Bob Esponja detrás (9 temporadas) baten récords de longevidad y repercusión comercial. La BBC con los Teletubbies y todos sus primos hermanos y los norteamericanos de la CTW, con Barrio Sésamo, aunque no entiendan mucho de publicidad ajena, saben rentabilizar en el mercado sus propios productos.
El primer fenómeno televisivo en España que saltó a los tebeos, a las jugueterías y a las confiterías fue la Familia Telerín. Siempre nos ha hecho mucha ilusión que nos digan eso de "vamos a la cama" y los Estudios Moro y TVE se vieron desbordados en 1966 con la demanda de la familia de la pijamera Cleo. Con ellos llegaron los dibujos de Hanna Barbera, que se antojaban la revisión todo a cien de Walt Disney. Los Picapiedra o El oso Yogui sazonaban la parrilla de TVE pero también las estanterías.
La eclosión del merchandising llegó con la rentable animación japonesa de los 70 y sus extensiones en España (con la BRB de Dartacán, Wily Fog o David el gnomo) o Alemania (Wicky o La abeja Maya). La norteamericana La pantera rosa se instaló en 1973, aunque su serie fue concebida en Estados Unidos como un show nocturno (como Don Gato, el pionero, o Los Picapiedra) y tras sus andares y su pastelito rosa llegó el primer exitazo de las sobremesas de los sábados, la nipona-suiza Heidi, en 1975. La niña alpina asentó la parcela animada antes de Sesión de tarde por la que desfilaron otros animes como Marco, Mazinger Z o El bosque de Tallac. Los 80 fueron para mosqueperros, gnomos o ewoks. Ya por entonces se abrió una ventana similar los domingos, por donde estuvieron Lucky Luke, Sport Billy, Dragones y Mazmorras y Ulyses 31. Dibujos de los recuerdos que testimonian sus juguetes y, en honor a los Phoskitos, nuestro índice de colesterol.
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