Benito Leiro

"Fariña' es un buen libro, pero como serie se desvirtúa"

  • El periodista de El Correo Gallego es uno de los expertos de la figura de Laureano Oubiña. DMax concluye hoy la serie 'Yo fui un narco'

Benito Leiro en 'Yo fui narco' Benito Leiro en 'Yo fui narco'

Benito Leiro en 'Yo fui narco'

Su libro más conocido es Un lugar tranquilo, en el que relata la transformación de las bandas de contrabandistas gallegos en redes de narcotraficantes. Benito Leiro es uno de los expertos en la figura de Laureano Oubiña, cuya biografía centra Yo fui un narco, miniserie documental que cierra esta noche (22.30) en Dmax.

Leiro siguió la pista de Oubiña y de sus competidores en los periódicos El Correo Gallego, El Faro de Vigo o el Diario de Pontevedra. En 1990 fue galardonado junto a su compañera Elisa Lois con el premio Ortega y Gasset.

–¿Cómo se podía contar la actividad de los narcos gallegos en aquellos años de su ‘esplendor’?

–Descubríamos cómo agrandaban su patrimonio, sus negocios. Lo recomendable era no andar por las zonas donde estaban ellos. Siempre llegaba al periódico una llamada amenzante. A una compañera le dejaron una corona de flores en la puerta. Pero no pasaron de ahí.

–¿No eran unos tipos violentos?

–Sí, pero nunca fueron violentos contra la sociedad de su entorno. No actuaron directamente contra los políticos o los jueces. Resolvieron sus acuerdos internamente. Ajustaron sus cuentas entre ellos. Si hubieran atacado a la gente habría sido un aldabonazo para que las fuerzas de seguridad actuaran de manera más contundente.

–Es inevitable preguntarle por Fariña...

Fariña es una aportación interesante, bien documentada y bien escrita por Nacho Carretero. Es un buen libro que cuenta la historia y tiene la inteligencia de actualizar y nos habla de cómo funcionan las bandas en el siglo XXI. Pero en la serie todo se desvitúa en ficción pura y dura y lo convierten en violencia de mafias de Medellín o Italia. No fue así. Un 90% de la Fariña televisiva es ficción.

–El narcotráfico es el gran problemal del Estrecho ¿lo sigue siendo en Galicia?

–En narcotráfico siempre va a encontrar vías de entradas por muchos capos y bandas que desarticulen . Es un negocio tentador. Los estados han decidido dejar de la distribución de la droga en manos de los delincuentes. O los estados echan mano del negocio o no se resolverá.

–¿A qué se refiere con lo de echar mano?

–De distribuir la droga en condiciones sanitarias decentes.La droga de las bandas es de pésima calidad. Yo soy partidario de despenalizar el tráfico de drogas. Cada uno es responsable de sus actos. Las drogas se ha consumido siempre.

–¿Hubo muchos muertos entre los narcos de Galicia?

–Por ajustes de cuentas ha habido 27 muertes en 30 años de narcotraficantes. En cuanto al cosumo no se saben las víctimas indirectas. No hay estadísticas, pero creemos que hay centenares, aunque no haya datos oficiales. Por lo que me voy enterando lo del Estrecho es más preocupante y violento. Ahí no se respeta a la policía, se reacciona violentamente contra los periodistas, hay tiroteos...

–¿No sonaban las armas cuando los narcos se veían acorralados?

–Nunca hubo una detención a tiros. Laureano Oubiña, Sito Miñanco o los Charlines no respondieron con armas a la policía.

–¿Desde dónde parten estas figuras para ser lo que fueron?

–Con el contrabando crearon unas infraestructuras con las que dieron el salto al narcotráfico. Las penas por hachís eran iguales que las del tabaco: eran infracciones fiscales. En 1983 el PSOE decidió convertirlo en delito penal. Decidieron entonces que era más rentable trabajar con cocaína. Suponía más beneficios y apenas unos años más de cárcel. Se convirtieron en empresarios muy potentes que consiguieron blanquear fortunas con negocios instrumentales y testaferros..

–¿Cómo es Laureno Oubiña?

–Es poco conocido. Se conoce al personaje: visceral, violento, faltón ante los jueces. En el documental se intenta escarbar en la persona, buscar el lado humano.Nadie nace delicuente ni narcotraficante. Se crio en un ambiente de delincuencia, pero eso no quiere decir que le quitemos responsabilidades.

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