El día que enterraron a Franco en TVE

Historia en la pantalla

El funeral del 23 de noviembre de 1975 fue retransmitido a 16 países y las imágenes se emitieron en 52 cadenas nacionales

La colocación de la lápida en el Valle de los Caídos en un plano de TVE
La colocación de la lápida en el Valle de los Caídos en un plano de TVE / RTVE

Cualquier espectador veterano guarda en su memoria las interrupciones en la Primera Cadena de TVE (prácticamente la única que llegaba a Andalucía en 1975) para dar a conocer el parte “del equipo médico” de La Paz en esa agonía de casi un mes que se hizo eterna.

El locutor Florencio Solchaga, que también daría paso a Arias Navarro en su alocución a las diez de la mañana del 20 de noviembre, quedaría marcado por aquella persistente labor informativa sobre el estado de salud del dictador.

Rótulo de aviso en TVE con el fallecimiento del jefe de Estado
Rótulo de aviso en TVE con el fallecimiento del jefe de Estado / RTVE

Tras los hipos llorosos del presidente del Gobierno TVE tenía preparadas las bucólicas imágenes de España en soledad, con aparatosa música sacra, para encajar el duelo. Atrás quedaban alertas informativas (como el documental Qué duro es ser pingüino en la noche de la operación en El Pardo, el 3 de noviembre) y cambios en la programación, como el filme Objetivo Birmania por La hora de Julio Iglesias, en la noche del 19. Era casi una broma que para el 20 de noviembre se tuviera programada la película Satán nunca duerme.

Aún restarían dos días completos de capilla ardiente desde el Palacio Real, emisiones de la hagiografía Franco, ese hombre y retransmisiones como la proclamación de don Juan Carlos (con tono casi festivo) antes del funeral que copó toda la mañana del 23 de noviembre.

El jefe de realizadores del Mundial 82, uno de los referentes en la producción audiovisual deportiva, Ramón Díez, aquel fin de semana en lugar de encargarse de la unidad móvil del partido de las ocho de la tarde (un Oviedo-Atleti rompió el luto) se destacó en el control de realización para la cobertura del funeral de Franco.

Una retransmisión de más de cuatro horas que abarcaba desde el oficio religioso en la Plaza de Oriente hasta el desfile militar y el traslado del féretro, sobre un camión, por las calles de Madrid para desembocar en la carretera de La Coruña y de ahí hasta Cuelgamuros y la recepción en el Valle de los Caídos.

Fue una producción de TVE en color (en la televisión franquista el color, con el sistema alemán PAL, se incorporó tarde) que se retransmitió en directo a 16 países (como la ZDF alemana o la RAIitaliana, aunque no lo ofrecieron íntegro). Lo cubrieron informativamente 52 naciones, a través de la red de Eurovisión.

Funeral de Franco, Canal Historia, (1)

Aunque tuvieron más espectadores algunos encuentros europeos del Real Madrid o Barcelona; el festival eurovisivo de 1969 o el naciente festival de la OTI del 72 (presentado por la actual administradora única, Rosa María Mateo, y en 1975 conductora de Informe Semanal), el entierro de Franco fue la retransmisión más exigente que tuvo hasta entonces TVE y la que más se demandó desde el extranjero.

Díez optó por un sobrio relato narrativo, con concisos comentarios por parte de la voz en off de Pedro Macía. Entre fundidos de metáfora (como ataúd-bandera y pañuelos de despedida), hubo planos rimbombantes como las tomas desde el arco de la Moncloa y una toma cenital en la cúpula de la basílica, en el momento del cierre de la tumba (a las 14.11), que forma parte indispensable de los documentales históricos.

Funeral de Franco. Canal Historia (2)

Hasta entonces nunca un acontecimiento tuvo tantas horas en directo en TVE, lo que conllevó la movilización de un millar de trabajadores de la casa, la cuarta parte de la plantilla, de los que 215 eran técnicos y 50 redactores. En cuestión técnica estaban 9 unidades móviles en la calle, con 49 cámaras, más 23 equipos de filmación de informativos, repartidos por todo el mapa.

La cobertura fúnebre tuvo bastantes ingredientes de reality, aunque nadie por entonces hubiera definido el género, por las reacciones espontáneas que causaba en los asistentes a la capilla ardiente el cadáver momificado de Franco (planos fijos intercambiados entre tres cámaras, durante horas). Las exclamaciones, los llantos, las proclamas, llegaban a emocionar a una audiencia impresionada en sus hogares. El de Franco fue un velatorio más de aquellos que se convocaban en las casas.

Y sin alcanzar el grado de Al rojo vivo, las continuas conexiones informativas seguían en directo las reacciones a la muerte, los preparativos previstos en la Operación Lucero, las portadas de los periódicos o las impresiones en otros países.

Todo, por supuesto, con cara muy seria, con los locutores cariacontecidos, la pantalla enlutada y sin apenas presencia femenina en antena. El día que enterrarron a Franco TVE parecía (sólo lo parecía) poner fin a su pasado.

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