Aroma de Sanlúcar para el Belmonte de Santi Ortiz

El nuevo libro del escritor sanluqueño rinde homenaje al Pasmo de Triana y sus valores toreros

Juan Barahona, Ana Morillo, Manuel Reyes y Santi Ortiz.
Juan Barahona, Ana Morillo, Manuel Reyes y Santi Ortiz.
F.o. Sanlúcar

26 de octubre 2013 - 01:00

Como el escritor y matador de toros onubense afincado en Sanlúcar Santi Ortiz ha presentado su nuevo libro -"Juan Belmonte. A un siglo de su alternativa"- en una bodega de Sanlúcar como la de Pedro Romero, podemos decir si se nos permite que ha sido un bautizo literario entre aromas de Sanlúcar.

Lo suyo es maridar a Belmonte con vino hecho, como el libro de Santi, un palo cortao, una raya olorosa... sabor vinoso y prolongado para un torero de leyenda cuya senda, confesó el autor, le fue marcada entre otras pistas por los artículos del entrañable escritor gaditano José María Gaona Chao, cuya España de Joselito y Belmonte no se quedó sin escribir, pero sin publicar.

Santi Ortiz ha tenido más suerte que aquel salado escritor que firmaba "El Tío Caniyitas", y ha dado a la estampa este Belmonte; aunque la verdad es que la suerte es nuestra porque el trabajo de Santi Ortiz es una faena rematada, un nuevo regalo para la bibliografía taurina.

Y un bautizo literario de rumbo, organizado por el Ateneo de Sanlúcar. Precisamente el presidente de la docta casa Manuel Reyes Vara compartió estrado con el autor, la delegada de Cultura del Ayuntamiento Ana Morillo y quien ofició como presentador del libro, el profesor Juan Barahona. Muchos aficionados y también el aroma de la mejor torería sanluqueña en el salón.

Ortiz describió las claves de su trabajo tras las acertadas palabras del presentador: un homenaje a Belmonte, desde el rigor y la conciencia de todo lo que supuso el trianero para cimentar nuevas formas taurinas del Siglo XX. Un torero corto de efectos largo: corto de repertorio y corto porque hasta la histórica faena del Montepío no se alumbró ese Belmonte al que le servían todos los toros. Un efecto eterno porque hoy, a los cien años de su alternativa y seguro que dentro de otro siglo, se seguirá hablando de Juan Belmonte.

Ortiz une una amenísima biografía al código para descifrar esa revolución belmontina, ese cambio espiritual del toreo que fluyó del temple y de las sensaciones de un torero al conseguir torear despacio, en conmoción, y sentirse. Y despacio hay que saborear este libro. Enhorabuena.

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