El Juli, Sebastián Castella y Manzanares salen a hombros

J. M. Arruego (Mundotoro)

31 de mayo 2012 - 01:00

GANADERÍA: Toros de Domingo Hernández y Garcigrande, con calidad. TOREROS: Julián López 'El Juli', oreja y dos orejas y rabo y . Sebastián Castella, ovación tras aviso y dos orejas tras aviso. José María Manzanares, oreja tras aviso y dos orejas y rabo. INCIDENCIAS: Plaza de toros de Aranjuez. Lleno.

Julián López El Juli, Sebastián Castella y José María Manzanares salieron ayer a hombros en la tradicional Corrida de San Fernando de Aranjuez. El drama se apoderó del bicentenario coso ribereño durante angustiosos segundos. El cuarto tropezó a El Juli cuando lo mecía con el capote y lo volteó de manera espeluznante, lanzándolo al aire en dos ocasiones. Los subalternos levantaron al madrileño desmadejado, que se desvaneció por dos veces cuando trataba de reincorporarse. Pero finalmente se repuso y, primero con el capote en un quite hondo por chicuelinas y después con la muleta -hubo una serie de mano baja con la zurda antológica-, cuajó al animal con la raza y la autoridad que le distingue. Antes sorteó un animal bajo y bien hecho que resultó noble pero blandeó en varas y le faltó empuje en la muleta del madrileño, quien se sirvió de su técnica y sentido del temple para empujar su tenue acometida.

El quinto fue el toro de la corrida y Castella lo cuajó a la perfección desde el explosivo inicio de faena con pases cambiados en los medios. Fue faena compacta por el modo de enganchar las embestidas y traerse toreado a su enemigo en series de muletazos largos y profundos, instrumentados además con sentimiento y cadencia. Le faltó raza al segundo, un castaño que apenas se desplazó de salida y llegó muy parado a la muleta de Castella, que lo tomó en corto y se metió pronto entre los pitones para tratar de aprovechar al máximo sus contadas embestidas.

Manzanares aprovechó la encastada calidad del sexto para diseñar una faena que sobresalió esencialmente por su expresión y puesta en escena. Como además se llevó a los medios al toro para entrarlo a matar recibiendo, se desató la apoteosis. Al tercero que tuvo calidad de sobra pero le faltó empuje, nunca lo apretó, le dio aire entre muletazo y muletaza y aprovechó su condición para acompañar con gusto las embestidas por los dos pitones.

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