Veintiséis años de torero se van hoy en Talavera
El banderillero onubense Manolo Roca decide que su actuación de esta tarde en la mítica plaza toledana, será la última de su carrera profesional en los ruedos
La primera tarde que aparecí por el ruedo de La Merced con el micrófono de Radio Moguer en la mano, Manolo Roca formaba parte de un paisaje que a uno se le antojó apasionante y alentador. Más de una decena de aspirantes vestían ya borla de novilleros. Los Carvajal, Contreras, Buendía, Manolo Batalla se entremezclaban con los más veteranos del oficio, ahora con los palos, como eran Peti, Muriel padre o el mismo Miguel Conde. No había escuela taurina, pero mas de quince aspirantes vivían de una provincia que masticaba cada temporada más de veinte novilladas en ruedos onubenses. De entre ellos Manolo Roca, como digo formaba parte de ese universo que terminó convirtiéndolo en banderillero con el paso de los años hasta el día de hoy, donde el onubense se corta la coleta lejos de Huelva, en Talavera de la Reina
-¿Por qué te vas?
-Porque me apetece. Es el momento. Yo me hice banderillero por seguir en el toro después de dejarlo como novillero, pero yo nunca quise ser banderillero. No me salía serlo, pero es verdad que yo no estoy resentido contra nada porque serlo ha supuesto que he estado ligado al toro que era lo que mas me gustaba.
¿Por que me voy?...pues en gran parte por mi familia que me requiere ya mucho tiempo, por mi trabajo, porque del toro solo comen dos o tres, unos cuantos mas sobreviven y el resto, muchos otros malviven.
-¿Sin embargo hay quien piensa que te vas por otros motivos?
-Pues cada uno sabrá lo que piensa. Yo lo que sí te digo es que no me voy desanimado. Antes al contrario, me voy con un buen sabor de boca, he tapado otras muchas y desde luego esta decisión no tiene nada que ver con el par de banderillas que puse en Huelva . Esta decisión llevo un año madurándola, temiéndola y si alguien se lo cree, también asumiéndola, porque es difícil irse del toro.
- Y lo que más pesan deben ser los recuerdos del inicio de una ilusión, imagino.
-Indudablemente. Yo empecé como alumno de la escuela de Madrid con José de la Cal como profesor.
En mi primer tentadero de tapia yo salí a las seis de la mañana de mi casa, hice autostop hasta la finca de Pablo Romero, pegué dos muletazos, me llevé una voltereta de la vaca y llegué a mi casa a las seis de la madrugada siguiente. ¡Como para andar en esto sin afición!
-¿Lo más duro de estos años?
-El regusto amargo durante muchos años, por no haber seguido adelante de novillero. Me arrepentí todos los días de mi vida, pero tampoco iba a permitir que mi padre se arruinara por yo hacerme torero. No me cogió tan adulto como para haber seguido luchando. Con los años te das cuenta que el dinero no es lo que tiene toda la importancia en esta vida, pero como dijo aquel, el dinero y la sabiduría generalmente llegan tarde.
-Veintiséis años en el toro dan para mucho y además de casi todo.
-Por supuesto. Ha habido días bonitos, días amargos, duros muchos, pero yo pienso que todos son necesarios para saber que has vivido todo este tiempo en un mundo al que mucha gente no tiene acceso y eso para mi lo hace importante.
Tengo la sabiduría que he aprendido porque te la da el tiempo, la dureza de las cogidas, el desaire del algún matador que mira a los banderilleros como simples piezas de ajedrez. Un día muy duro como el de la cornada de Benalmádena cuando me doy cuenta de que me cabe el puño en aquel agujero del muslo o un día bonito para mi, el de ese ultimo par que puse en Huelva al quiebro. En fin, que susto y miedos he pasado en esto como cualquiera.
-Nombraste el par de Huelva. No parece más que sea tu condena de cara a los demás... ¿Lo llevabas en mente o fue espontáneo?
-Lo llevaba en mente siempre y cuando las condiciones del toro lo permitieran. Yo lo había hablado antes de la corrida con Emilio y le dije que como saliera un toro le pondría un par al quiebro y el me dijo, pues ponseló. A lo mejor el torero pensó que era solo una forma de hablar por mi parte, pero lo dijo. Y yo se lo puse porque el toro se me vino franco y vi la ocasión. Mi intención nunca fue molestar al torero ni estar por encima de ninguna cosa porque además se lo brindé al cielo a su padre. Yo solo deseaba poner la tarde a favor de mi torero, que el triunfara, pero al final terminé sintiéndome tremendamente mal.
-¿Por qué la plaza de Talavera?
-Pues porque cuando el apoderado del torero me dijo que el 24 toreábamos en esta plaza, decidí que éste era el día por una razón que te cuento. El día de la cogida de Navalucillos yo llegué al hospital de Talavera con taquicardias, con una arritmia bastante fuerte y necesitando dos litros de sangre porque la cornada había sido fuerte. Ese día yo volví a nacer en Talavera y por eso hoy me despido aquí. En esta plaza me van a cortar esta tarde la coleta mi mujer y mis hijos y después punto final. Aunque los toreros nos retiramos pero no nos vamos.
-¿De quién te vas a acordar más?
-Seguramente de toda ese gente que quiero, que me han querido, a los que me han aplaudido aciertos y perdonado errores. También a todos esos capataces y compañeros costaleros de Redención, del Descendimiento, Prendimiento y la Virgen del Cinta porque junto a ellos, ser costalero me ha hecho sentirme aun más torero.
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