Más cantidad que calidad con un Fortes de infarto y oreja a Padilla

A la corrida de El Puerto de San Lorenzo, correcta de lámina, le faltó un punto de casta

El momento en que el diestro Jiménez Fortes es alcanzado por el tercer toro de la suelta, en la plaza de Cuatro Caminos.
El momento en que el diestro Jiménez Fortes es alcanzado por el tercer toro de la suelta, en la plaza de Cuatro Caminos.
Juan A. Sandoval Santander

23 de julio 2014 - 01:00

Poco que contar en un espectáculo en el que prevaleció la cantidad sobre la calidad, y en el que se vio a un Jiménez Fortes de infarto, a pesar de que Padilla cortara una oreja y Ferrera diera una vuelta al ruedo.

La corrida duró dos horas y cuarenta y cinco minutos. Teniendo en cuenta que no se devolvió ningún toro y que únicamente recorrieron el anillo Padilla, con la oreja del primero, y Ferrera, que dio una vuelta al ruedo en el quinto, el metraje del espectáculo fue excesivo.

Se debió al empeño de los matadores en prolongar faenas que nunca remontaron el vuelo.

Jiménez Fortes cobró en dos ocasiones. Anunció que venía dispuesto a todo en un quite por chicuelinas de infarto al tercero, que ya se le había vencido en el saludo a la verónica. El toro acudía al engaño como por compromiso, sin terminar de entregarse.

Fortes le enjaretó no menos de cuarenta muletazos, ninguno de los cuales quedará para el recuerdo. Labor deslavazada, sin mando sobre el animal que, en el arrimón final, le prendió por el muslo derecho, infiriéndole un puntazo. Fue atendido en la enfermería y retornó al ruedo con un pantalón vaquero.

El sexto fue el más deslucido del encierro, y quien resultara triunfador de la Feria de Santiago de 2013 hizo un esfuerzo por reeditar laureles, destacando sólo dos verónicas y media muy atalonado y un buen quite con el capote a la espalda.

Los muletazos más despaciosos de la tarde los enjaretó Ferrera. Dos derechazos al ralentí en la segunda mitad de la extensa faena a su primero, que perdía las manos cuando se le obligaba por abajo. El burel quería coger los vuelos de la muleta, pero su escasez de fuerzas le impedía hacerlo con continuidad. Así que la cantidad de pases anodinos se comió los escasos detalles enclasados que ofreció Ferrera. El extremeño molió a muletazos al quinto, que dejó estar sin más.

La única oreja de la tarde fue a manos de Padilla, que en primer lugar se topó con un toro de viaje muy noble que sólo duró dos series, en las que fue conducido por las afueras. Fue muy mal lidiado, sangró hasta las dos pezuñas y recibió muchos capotazos, lo que condicionó su juego.

Al cuarto, el diestro jerezano tardó en verlo. Cuando se le dejaba la muleta en la cara y tiraba de él -fue las menos veces-, el animal se entregaba.

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