Cuando la corrida la malogra un Partido pastoso
El mal juego del encierro de Partido de Resina propicia una función sin apenas brillo artístico · El local Alberto Álvarez, premiado con un trofeo benévolo
GANADERÍA: Corrida de Partido de Resina, de desiguales hechuras y de mal juego. TOREROS: Juan José Padilla, de rioja y azabache. Bajonazo (saludos). En el cuarto, estocada, un descabello y estocada (silencio tras aviso). Alberto Álvarez, de azul marino y oro. Media y dos descabellos (oreja tras aviso). En el quinto, media, bajonazo y dos descabellos (saludos). Iván Fandiño, de lila y oro. Metisaca y estocada (saludos). En el sexto, estocada que hace guardia (saludos tras aviso). INCIDENCIAS: Plaza de toros de La Misericordia. Sábado 16 de octubre de 2010. Media entrada. Arruga y Venturita destacaron con las banderillas.
El décimo festejo de la Feria del Pilar se abrió con fuerza emotiva arrolladora. En los tendidos de la Misericordia, un grupo de aficionados llegados de Cataluña desplegó varias pancartas en las que se leía, entre otras cosas, "Políticos, aún estáis a tiempo de rectificar" o "¡Nadie debe prohibir ni el toreo ni la libertad". La ovación de los maños tras el paseíllo fue clamorosa.
Lamentablemente, esa emotividad no se prolongó apenas durante el espectáculo, debido a una decepcionante corrida de Partido de Resina (antes Pablo Romero). El encierro, de desiguales hechuras, manifestó muchas carencias en su comportamiento, lo que propició una función con escaso brillo artístico.
El triunfador numérico del festejo resultó el diestro local Alberto Álvarez, quien cortó la única oreja, al segundo astado, un premio benévolo y cargado de paisanaje; si bien los pasajes más sólidos llegaron de la mano de Iván Fandiño; entre tanto Juan José Padilla cosechó ovaciones en banderillas.
Abrió plaza un cárdeno en el tipo de la casa, con trapío, con los cuernos arremangados, que fue ovacionado al pisar el albero. Perdió las manos en el capote y lo cuidaron en varas. Padilla, que lo había recibido con una larga cambiada de rodillas junto a tablas, pasó apuros en el primer y tercer par de banderillas, en el que apretó el animal. Pero luego, Nerviosillo perdió vigor y, aunque pronto, embistió con escaso recorrido y la cara arriba tras la muleta del jerezano, cuyo trasteo no pasó de discreto.
El cuarto, hondo, bien presentado, fue también recibido con una ovación de la parroquia. De nuevo, todo quedó en la fachada. El animal, muy flojo, se quedó cortísimo. Y Padilla tampoco logró nada positivo.
Alberto Álvarez, muy arropado por sus paisanos, dio una buena medida, pese a no ser un torero suficientemente placeado. El segundo, justo de trapío, perdió las manos tras el primer puyazo. En el capote, el torero zaragozano se marcó unas inusuales crinolinas, a las que respondió Iván Fandiño con un quite espléndido por ajustadas chicuelinas, rematadas con una preciosa media. En la muleta, el toro resultó tardo y midió en ocasiones. Tuvo como mejor pitón el derecho y se metió por el izquierdo, lanzando hachazos. Álvarez, al que se le notó su escaso oficio, estuvo digno en su actuación; sin llegar a explotar su faena por el potable pitón derecho. Se tiró perfectamente en un volapié auténtico para enterrar media espada. Aunque precisó de dos descabellos, sus paisanos solicitaron mayoritariamente la oreja, que fue concedida.
El quinto, un cárdeno muy en el tipo de Pablo Romero, también recibido con una fuerte ovación por su trapío, dio espectáculo en el caballo, arrancándose desde lejos. Pero no se empleó bajo el peto. En la muleta se tiró al cuerpo de Alberto Álvarez, quien no tuvo opción al lucimiento artístico.
Iván Fandiño, quien contó con el peor lote, fue el diestro que mejor impresión causó. El tercero, alto, gordo, de escasas fuerzas, sin celo en el caballo, se quedó muy corto por ambos pitones, defendiéndose al poco de comenzar su trasteo el espada vasco, quien se mostró porfión.
Con el peligroso sexto, Iván Fandiño dio un paso al frente y se la jugó con un valor frío. Robó muletazos, muy meritorios, a un astado que buscaba constantemente y con peligro al torero. Su meritoria faena, la emborronó con el fallo con los aceros.
Lo cierto es que la terna -cada torero con sus armas-, intentó alcanzar el triunfo. Pero la corrida quedó emborronada por un Partido de Resina pastoso.
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