Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
José Varo cuenta con orgullo que trabaja por y para el caballo "más noble, el pura raza española". Lo hace "desde siempre", ya que desde niño este animal es más que su sustento, su pasión. Estos días vive a medio camino entre el Palacio de Exposiciones y Congresos, donde se celebra el Salón Internacional del Caballo, y el Cortijo Olivera, donde se ubica su yeguada y la historia de su vida, y la de sus hijos Vanesa y Jacobo, encargados de las clases de equitación y de los cursos de verano para niños, entre otros menesteres, como visitas guiadas, que en esta explotación ganadera se desarrollan y que abren las puertas de la finca a visitantes.
Perteneciente a la junta directiva de Ancce, entidad organizadora de Sicab, desde hace unos años, Varo es fiel a la cita con el salón. Algunos años, ha participado con su yeguada en el concurso morfológico, pero este año lo hace sólo en el espectáculo. "No hemos faltado en 25 años en el espectáculo de Sicab. En esta ocasión, colaboramos en el número llamado Fiestas Populares con una media potencia de cinco yeguas".
Especialista en enganches -también pertenece al Real Club de Enganches de Andalucía-, sus carruajes tirados por puras raza son conocidos y reconocidos en multitud de concursos de tradición nacionales e internacionales. Así, ha sido subcampeón de España y Andalucía de concursos de enganches completo, subcampeón de España en dos ocasiones de concursos de enganches de tradición, Premio Ibérico en distintas modalidades de enganches y juez nacional de enganche deportivo e internacional de tradición.
El Cortijo Olivera se encuentra en la zona de Oromana, en Alcalá de Guadaíra. "Yo soy el director técnico y también quien lo trabaja con sus propias manos; hecho de comer a los animales, los engancho a los carruajes, limpio las cuadras...", detalla José Varo, quien insiste en la fascinación que siente por este animal. Un interés heredado de su tío y fundador de la yeguada, Francisco Olivera Bermúdez.
Producto de la crisis y, en consecuencia, ante la escasez de ejemplares que se vendían, el ganadero y sus hijos decidieron ampliar la oferta de servicios del negocio. Para ello, contaban con lo más importante, un centenar de cabezas, todos pura raza española, de los que 50 son yeguas reproductoras.
La finca, dotada para el manejo de los ejemplares, contando con 50 boxes aproximadamente, lavadero, picaderos, pistas de enganche, etcétera, está abierta a las visitas de escolares y grupos que quieran conocer la ganadería así como los cuidados del animal y el entorno en el que se ubica. "Cada cual puede decidir el tipo de visita que realizar. Se puede empezar colaborando con los cuidados del animal, dándole agua, piensos... para continuar con un paseo en coche de caballos y terminar, tras tomar un tentempié, en el guadarnés". En este último enclave se pueden apreciar guarniciones de distintos tipos, sillas de montar y una pequeña colección de carruajes antiguos en perfecto estado de uso. Al mismo tiempo, en este guadarnés, se pueden observar fotografías y numerosos trofeos conseguidos a lo largo de la trayectoria de esta ganadería.
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