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Salir de compas: Un enamorado del pan artesano

  • Miguel Chalé dejó su carrera de veterinario para abrir este local en Los Remedios.

Puede que fueran los recuerdos que atesora de la panadería familiar -la primera que abría en un pequeño pueblo costero de su Perú natal- o, simplemente, su pasión innata por todo lo que se hace de manera artesanal, "como lo han hecho siempre nuestros abuelos". Sea como sea, lo cierto es que Miguel Chale, que llegó a Sevilla hace ocho años para estudiar un máster, no lo dudó mucho cuando decidió dejar su profesión como veterinario para abrir en pleno barrio de Los Remedios Picnic Panes Artesanos. Eso fue en el mes de mayo aunque más de un año llevaba este joven emprendedor -aún no ha cumplido los 40- dándole vueltas a un proyecto que, para nada, es fruto de la improvisación.

A la misma pregunta -¿por qué el pan?- , siempre la misma respuesta: "Me encanta, desde siempre". Así de contundente es Miguel, que en pocos meses ha cambiado las costumbres de muchos vecinos del barrio. "Elegí Los Remedios para abrir Picnic porque no había sitios, como en casi toda Sevilla y a excepción de algunos locales nuevos, donde se hiciera pan artesano y de calidad". Y, visto lo visto, no se equivocó en su elección porque el local ha tenido una gran acogida.

La culpa la tienen los más de 40 tipos de pan que elabora. Para hacerlo, se ha dedicado en cuerpo y alma a investigar, aprender y a rescatar recetas "de toda la vida" y otras más actuales que comparten, en esencia, el sabor de lo tradicional. Así, junto a piezas clásicas de la panadería sevillana -vienas, pan de picos...- se suman otras más exóticas como pan de higos, de tomate y albahaca, de papaya y piña, de gorgonzola y nueces o integral con chocolate. Cada día de la semana lo dedica a un pan especial y con los clientes más indecisos, Miguel no duda en guiarlos y aconsejarlos hasta que puedan encontrar su pan ideal. Gente de todo tipo pasa a diario por Picnic y, dice Miguel, "incluso los más tradicionales o las personas más mayores, cuando prueban un pan que les gusta no dudan en cambiar".

Miguel es un apasionado de la cultura del pan como también es un firme defensor de recuperar tradiciones que sirvan como nexo de unión en las familias. "Hacer pan juntos es más que cocinar, es compartir tiempo con los tuyos", dice. Por eso, en Picnic organiza de forma habitual talleres dirigidos a aquellos que quieran aprender a hacer pan en casa y vende también -además de patés, aceites o mermeladas- los productos necesarios para elaborarlo, como harinas ecológicas o levaduras.

Una zona de biblioteca, en la que los clientes pueden consultar multitud de recetas de pan, completa la oferta de un local que, según su propietario, ha nacido con el empeño de "democratizar el pan" y dar continuidad a una tradición con siglos de historia.

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