El Mesón El Cachorro de Triana anuncia su cierre después de 40 años con una emotiva carta: "Bajamos la persiana, y sí, nos tiembla el pulso"
"Aquí se quedó media vida nuestra y un pedacito de la vuestra", dicen sus propietarios, Mateo y Fran, en un manuscrito colgado en la puerta del establecimiento
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El vecindario de Triana pierde a uno de sus negocios emblemáticos. Después de cuatro décadas en la calle Manuel Arellano, el Mesón El Cachorro baja la persiana por última vez, concluyendo un recorrido que tuvo como señas de identidad la comida casera, la convivencia barrial y el trato próximo a quienes lo visitaban.
Los propietarios, Mateo y Fran, han querido anunciar la despedida con una carta manuscrita colocada en la puerta del establecimiento, un texto que rápidamente ha despertado la emoción entre vecinos y clientes habituales. En ella, los dueños del mesón explican los motivos del cierre y el sentir con el que afrontan esta etapa final.
"Querida familia, porque clientes fuisteis el primer día, pero familia os hicisteis al segundo: en unos días bajamos la persiana del mesón después de 40 años, y sí, me tiembla el pulso", comienza el comunicado. Los propietarios rememoran en su escrito las estampas vividas durante estas cuatro décadas: "Cuarenta años removiendo guisos a fuego lento y viendo chisporrotear las gambas al ajillo mientras en la barra, de memoria infinita, escuchabas risas, discusiones y abrazos de celebración".
La carta, que se ha difundido con rapidez entre los clientes del barrio, destaca el vínculo especial forjado con quienes han pasado por el local. "Aquí hemos visto crecer a vuestros hijos. Hemos celebrado lo bueno y acompañado en lo difícil", señalan Mateo y Fran, que también tienen palabras de recuerdo para aquellos clientes que ya no están: "Y también hemos despedido a algunos de los nuestros. A esos clientes-amigos que no podrán leer estas líneas, pero que siguen teniendo un sitio reservado en nuestra memoria. Cuántas veces miramos la puerta esperando verlos entrar... y qué silencio más hondo dejaron, este mesón también es suyo".
"Aquí se quedó media vida nuestra, y un pedacito de la vuestra"
El comunicado repasa el papel de cada uno de los propietarios en esta trayectoria: "Mateo ha vivido media vida apoyado en esta barra, arreglando lo que se rompía con más paciencia que herramientas. Y Fran, entre fogones, ha puesto en cada plato algo que no aparece en la carta: cariño del barrio".
La jubilación es el motivo principal que lleva al cierre del establecimiento. "Ahora llega el jubileo. Dormir sin despertador. Seguir trasteando con cables. Cambiar el fuego por la pesca. Y aprender a vivir sin horarios, aunque el cuerpo nos despierte temprano por costumbre", explican los dueños, que afrontan esta nueva etapa con gratitud.
"Nos vamos agradecidos. Mucho. Porque lo que aquí se ha vivido no se firma en ningún traspaso. Se queda en las paredes, en el olor a guiso, en cada codo apoyado en la barra... en cada recuerdo compartido", concluye la misiva. "Gracias por estos cuarenta años. Gracias por elegirnos. Aquí se quedó media vida nuestra, y un pedacito de la vuestra. Y a los que no están, que sepan, donde estén, que esta casa fue y será suya. Con todo nuestro corazón, Fran y Mateo".
El Mesón El Cachorro echará el cierre en los próximos días, dejando un vacío en la calle Manuel Arellano y en el corazón de un barrio que despide a dos de sus hosteleros más queridos.
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