Una tradición que renace al calor de Triana

Un centenar de sevillanos festejaron la Nochebuena en la Plazuela de Santa Ana entre villancicos, viandas y candelas

Candela y cante en la fiesta de la Nochebuena en Santa Ana.
Candela y cante en la fiesta de la Nochebuena en Santa Ana.
Dulce Rivero

29 de diciembre 2015 - 01:00

Minutos antes de que el reloj marcase la una de la madrugada, terminaba la última Misa del Gallo que se ofició en la Parroquia de Santa Ana, la de la pasada Nochebuena. Muchas familias del barrio pusieron el broche de oro a la jornada de convivencia anual por excelencia en el templo trianero tras escuchar la homilía y los villancicos del coro. Y otras muchas no volvieron a casa, sino que decidieron unirse a la reunión que poco a poco iba tomando forma en la Plazuela de Santa Ana al calor de dos pequeñas hogueras. La Iglesia en la calle. Una comunidad de personas que se unieron para celebrar la Navidad tal y como se hacía antes: en las arterias de los barrios, bajo las estrellas, junto a un fuego y bebiendo, comiendo y cantando.

Una de las noches más especiales del año, con permiso de la de Reyes, en la que se sea más o menos creyente es difícil resistirse a la magia navideña, fue en Triana especial. Jesús Pozuelo Díaz realizó una convocatoria abierta a través de Facebook y bajo el título La Nochebuena en Santa Ana, animó a la reunión y a recuperar esa antigua costumbre. La iniciativa consiguió congregar a un centenar de personas de todas las edades y condiciones en la plaza trianera: hubo desde familias que se alegraban de que uno de sus miembros más jóvenes había vuelto de Alemania por Navidad, a animados grupos de adolescentes y parejas de ancianos. Que esta forma de disfrutar de la Nochebuena era habitual en otros tiempos en cada barrio de la ciudad fue uno de los comentarios que más se escuchó entre los asistentes más longevos.

La Iglesia más original, la que proclamó el Mesías, cuyo nacimiento esa noche se celebraba, se materializó en Triana. Y la plazuela de su catedral fue testigo hasta altas horas de la madrugada de la hermandad que se creó entre los asistentes, llegados desde distintos puntos de Sevilla e incluso del Aljarafe. Conocidos poetas del arrabal, familias y jóvenes se turnaban para ponerle voz al festejo. Entre los villancicos tradicionales, ésos que cantan a los peces que no paran de beber o a la marimorena, resonaba también la Nana de la señá Santa Ana. El aguardiente y las demás bebidas junto con los mantecados, polvorones y pestiños se servían y compartían para que el ánimo no flaquease mientras se tocaba la guitarra, las panderetas y la caja.

El flamenco no faltó a la cita. Las bulerías, soleares, alegrías y rumbas se alternaron con las canciones navideñas dejando patente que Triana sigue siendo cuna de ese Patrimonio Inmaterial de la Humanidad y lugar de encuentro para sus seguidores y futuras figuras. Y hasta la luna lució sus mejores galas. Vigiló al festejo hasta las cinco de la mañana y estuvo llena como no lo estaba desde la Nochebuena de 1977 y no lo estará hasta la de 2034. El que se despedía lo hacía pensando que ojalá la próxima candelá navideña no se demore tanto.

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