Clásica

Un Bartók andaluz

  • En su primera colaboración discográfica, el director granadino Pablo Heras-Casado y el pianista onubense Javier Perianes dejan un álbum Bartók en el sello Harmonia Mundi

Javier Perianes, Pablo Heras-Casado y la Filarmónica de Múnich en el Palau de la Música de Barcelona durante su reciente gira española. Javier Perianes, Pablo Heras-Casado y la Filarmónica de Múnich en el Palau de la Música de Barcelona durante su reciente gira española.

Javier Perianes, Pablo Heras-Casado y la Filarmónica de Múnich en el Palau de la Música de Barcelona durante su reciente gira española. / A. Bofill

Son dos de los grandes músicos andaluces de nuestros días. Llevan más de una década en primera línea internacional, requeridos en los mejores escenarios de todo el mundo. Pero hasta 2016 no habían colaborado profesionalmente. En marzo de aquel año, el director Pablo Heras-Casado (Granada, 1977) y el pianista Javier Perianes (Nerva, 1978) afrontaron al fin su primer proyecto juntos: fue en un concierto en el Carnegie Hall neoyorquino con la Orquesta de St. Luke's, de la que el granadino era entonces director principal: "Nos conocíamos desde hacía mucho, pero nuestra primera colaboración fue en un escenario grande, en el que además Javier debutaba. Fue un programa entero de música española, con Toldrá, Falla y Turina".

Unos meses después, Heras-Casado y Perianes volvieron a reunirse para su primera grabación conjunta, un programa dedicado a Béla Bartók en Harmonia Mundi, el sello francés con el que trabajan los dos. "Eva Coutaz, la antigua director general del sello, nos ha tratado con mucho cariño, y siempre nos estaba animando a hacer algo juntos. Pablo lo propuso a la Orquesta Filarmónica de Múnich, la orquesta aceptó y lo hicimos en un concierto de temporada en septiembre de 2016". Para Heras-Casado, el proyecto suponía "una importante declaración de intenciones: hacer Bartók significaba para mí salir un poco de ese repertorio puramente romántico de Mendelssohn, Schubert y Schumann que estaba haciendo con el sello".

Las obras seleccionadas fueron el Concierto para orquesta y el Concierto para piano nº3, obras escritas por el compositor húngaro en los últimos años de su vida, que pasó en Estados Unidos. "Son dos obras cumbres del siglo XX, impecables a todos los niveles, técnico, estructural, expresivo…", comenta Heras, que piensa que esa idea de un Bartók final algo domesticado "tiene que ver con el estereotipo que hay sobre la mayor ligereza de la vida cultural norteamericana. Si hubiera pasado esos años finales en otra parte, creo que sus obras habrían sido muy parecidas. Al final de su vida muchos compositores tienen una visión más serena de su arte, no hay que tener complejos con eso. Fíjese en Boulez: no sólo su música se hizo más amable y sensual, sino que incluso concebía la interpretación de sus obras anteriores de otra forma. Y yo tengo anécdotas al respecto, de estar trabajando piezas de su época más abstracta y dura, y consultarle sobre algunos detalles de dinámicas o de texturas, y él me decía, pero si da igual, yo quiero oír la voz principal y el resto que acompañe".

El Tercer concierto de Bartók es una obra que al pianista de Nerva le "apetecía desde hace muchos años. Los dos primeros son más agrestes. Este tiene las típicas aristas bartokianas en los movimientos extremos, pero el central es de un lirismo y una poesía absolutamente trascendente. Además no es el caso del Concierto para viola, que Bartók dejó incompleto. A este concierto le faltaban sólo diecisiete compases por orquestar. Su alumno Tibor Serly lo hizo, añadiendo esos acordes finales que el compositor habría puesto casi con seguridad exactamente igual. Podían faltar algunos detalles de dinámicas, en los que Bartók era tan preciso. Pero pianistas húngaros y artistas muy conectados con la estética bartókiana han hecho revisiones que le han ido dando al concierto su color y su forma. Nos pareció que este concierto era el que mejor iba con el Concierto para orquesta, por estar en torno a ese Bartók último, crepuscular".

En febrero pasado, los dos artistas andaluces se presentaron con la Filarmónica de Múnich en una gira de cinco conciertos por España que sirvió para la presentación del disco en nuestro país. Para Heras-Casado la orquesta alemana es una "con las que tengo una relación más intensa desde hace tiempo", pero Perianes debutaba con ella y quedó impresionado: "Es un acorazado, una orquesta de sonido grande, amplio, redondo, terso, denso. Pese a que han pasado muchos años de su muerte, sigue entendiendo y respirando la tradición que implantó Celibidache. En los camerinos la presencia del maestro es constante en fotos de giras, conciertos, grabaciones… Estoy muy contento de haber iniciado esta relación, porque ahora ya tenemos planes de futuro".

Unos planes de futuro que de momento no incluyen otro disco de los dos juntos. Javier Perianes acaba de grabar la Sonata para violonchelo de Debussy con Jean-Guihen Queyras, dentro de un proyecto que HM presenta en otoño y ha concebido para conmemorar el centenario de la muerte del gran maestro francés. "En el lote me ha caído también un disco de piano solo maravilloso que incluye el primer cuaderno de Preludios y Estampas. El año que viene saldrá también un disco Chopin y un álbum con la Orquesta de París y Josep Pons dedicado a Ravel, que incluye el Concierto en sol y un par de obras pianísticas que Ravel orquestó, el Tombeau de Couperin y la Alborada del gracioso. Se publicarán las dos versiones, la de piano y la de orquesta".

Pablo Heras-Casado participará también en el año Debussy con un disco con la londinense Orquesta Philharmonia y seguirá con sus proyectos con música de Mendelssohn ("me falta la 1ª Sinfonía") y Schumann ("haré las cuatro sinfonías") con la Freiburger Barockorchester, en cuya compañía y la del pianista sudafricano Kristian Bezuidenhout acaba de grabar también los Conciertos para piano de Beethoven. Su nueva responsabilidad como director del Festival de Granada la afronta "como un reto y un honor. En Granada me siento muy querido, allí sigo teniendo a mi familia, y también están mi casa y mi biblioteca musical. El carácter multidimensional de un festival no me es ajeno. La programación es una extensión de lo que vengo haciendo toda mi vida, necesito ser continuamente creativo en la elección y proyección de mi repertorio y de mis colaboraciones. Y la gestión me resulta también cercana: para crear un proyecto discográfico hay que estar en contacto con la parte técnica, de promoción, logística, etc. Además en Granada tengo un equipo que conoce bien el festival y está preparado para el reto continuo que supone".

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